23 de junio de 2020 9:23 pm

Religiosas celebran centenario en América en medio del confinamiento por coronavirus

Por Cynthia Pérez

Crédito: Congregación de las Hermanas de la Madre del Divino Pastor

Una congregación religiosa femenina celebró sus cien años de presencia en América con gozo desde la “interioridad” en medio del confinamiento por COVID-19, y descubrieron que el Señor les pedía “despertar” para renovar su misión y apostolado en la educación de los jóvenes.

La Congregación de las Hermanas de la Madre del Divino Pastor nació el 27 de mayo de 1850, fundada por el español beato capuchino P. José Tous y Soler y un grupo de jóvenes que se unieron a él y cuyo carisma se centró en la educación de jóvenes y niños.

“Desde un inicio él [P. Tous] se dedicó mucho a que las hermanas se encargaran de salvar almas a través de la educación, no tanto en conocimiento científicos, sino espiritual”, dijo a ACI Prensa la hermana Victoria Hernández, religiosa de 58 años de edad y 37 años de vida religiosa.

La hermana Victoria relató que gracias a que el Papa Pío X nombró como primer obispo en Nicaragua a un sacerdote capuchino, en 1915 se inició la gestión para la llegada de las primeras religiosas de la congregación a América. Así, el 23 de mayo de 1920, luego de un año y medio de viaje, llegaron 11 hermanas que “con temor y temblor dijeron: ´Sí, vamos a América… vamos allí donde Dios nos quiere´”, relató la hermana Victoria.  

Las religiosas llegaron a Nicaragua en un contexto de conflictos políticos, revoluciones, vicios y, en general, una pobreza espiritual, moral y material “muy fuerte”. Se establecieron en el colegio parroquial de la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, ubicada en Bluefields, actualmente diócesis y sede central de la congregación.

Desde allí, se encargaron de dirigir la escuela, que si bien fue fundada para educar solo varones, lograron incidir en la mentalidad de la época y convencer a los padres de educar a sus hijas. Así, con esfuerzo, lograron abrir un colegio con 86 niñas que a los dos días, llegaron a ser 100 y cerraron la matrícula de ese año con 160 niñas.

Debido a los frutos de su trabajo, el presidente del país les pidió dirigir la primera escuela para docentes, y así, fundaron otra sede en la capital, Managua.

Posteriormente, gracias a que los frailes capuchinos difundieron su labor por el continente, fundaron sedes en Guatemala, Colombia, Costa Rica, donde tienen presencia sobretodo en colegios y escuelas técnicas, pero también en obras de misión como en Cuba.

Desde el 2019, las 130 religiosas de congregación, que un tiempo fueron 300, se organizaron para celebrar el centenario de su presencia en América. Así, crearon un concurso entre colegios para la elección del logotipo del aniversario e iniciaron una procesión de la imagen restaurada de la Madre del Divino Pastor de 100 años de antigüedad en los países donde tienen sede.

La pandemia del coronavirus definitivamente cambió el curso de la organización del centenario; sin embargo, “no ha sido un motivo para dejar de celebrar”, pues a través de las redes sociales “nos unimos, con alma, vida y corazón”, dijo la hermana Victoria. Asimismo, precisó que la gran celebración “solamente se pospuso de fecha”, pues “el centenario termina hasta el 2021 para empezar el segundo centenario”.

“Teníamos programado un montón de actividades, encuentros a nivel de América, ya teníamos toda la logística y de pronto nos viene todo esto…Yo creo que el Señor no quería esto, quería otra cosa, pero eso no fue motivo para no hacer nada, al contrario, empezamos a organizar otro tipo de evento desde las redes sociales y así celebramos nuestro centenario”, señaló.

“Nos ayudó mucho el serenarnos… con serenidad, con paz, hemos ido asumiendo esta situación, y viendo qué se podía hacer. Sí, no podíamos seguir el plan que habíamos trazado, pero podíamos hacer otras cosas y eso sí que nos ha llenado de alegría y de entusiasmo en este caminar”, afirmó.

La religiosa señaló que en Bluefields hicieron un triduo centrado en tres temas, entre ellos “la acogida que hay que tener de la misión y del plan de Dios en la vida personal, comunitaria y eclesial”. Luego, el 23 de mayo rezaron las laudes en un mismo formato en todas las sedes y por medio de las redes sociales transmitieron en vivo “la Misa de acción de gracias”. También rezaron el Rosario virtualmente y cada sede organizó pequeñas celebraciones conmemorativas.

Una hermana me dijo que “el Señor no quería tanto relajo, el Señor quería más bien serenidad, interioridad, ver desde la óptica personal, comunitaria, pero como más fraterno, más íntimo”, expresó. Asimismo, dijo que otra religiosa le recordó que esta inusual celebración les pide “estar disponibles siempre al proyecto de Dios, el carisma propio de la congregación” y “seguir leyendo los signos de los tiempos”.

Para ella, esta inusual celebración fue “un gozo compartido” y un lindo detalle de Dios, pues “a veces uno cree que entre mayor actividad hace, más se extiende el reino de Dios, y nos olvidamos de lo esencial que es llenarnos primero de la presencia de Dios, para ir a dar después a los demás”.

Además, dijo que fue un “pellizco” para “despertar” y enfrentar el reto de redirigir su apostolado desde los colegios. “Es una oportunidad de renovación, porque no nos podemos quedar estáticas solo con la alegría de la fiesta”, sino “ver qué estamos haciendo y cómo tenemos que continuar”, dijo.

“A las hermanas hace cien años les pidió una situación, un sacrificio diferente. Ahora nos está pidiendo a nosotras otro sacrificio, de acuerdo a nuestra realidad y capacidad que cada una tiene (...). Tenemos un compromiso mayor a nivel personal, comunitario y eclesial, donde tenemos que dar razón de nuestra fe”, afirmó.

Actualmente, en Nicaragua las religiosas están “en auto-cuarentena, porque no hay nada definido a nivel de las autoridades” y, a través de la Federación de Educadores Católicos, pidieron un permiso especial a las autoridades para suspender clases y trabajar a nivel virtual con guías de trabajo que adaptan según las posibilidades de accesibilidad tecnológica de sus estudiantes.

“No es fácil, pero tampoco es imposible, la ayuda de Dios y la acción del Espíritu Santo se siente y nos está llamando a más oración y a seguir confiando para no perder la esperanza. Porque, a veces uno puede caer en la depresión, en la desesperanza, pero es justo ahí donde nos tenemos que mantener y convertirnos en ese signo de esperanza para mucha gente que sufre”, concluyó.

Historia de la Orden en América

La advocación mariana de la Madre del Divino Pastor surgió por un capuchino, San Isidro de Sevilla, que tuvo una visión de la Virgen María vestida de pastora con un morral y un bastón, sentada bajo un árbol rodeada de ovejas. Además, vio a un lobo persiguiendo a una oveja, que corría con una flor hacia los brazos de María.

“El capuchino interpreta que la rosa es un Ave María. Cuando termina su oración y vuelve en sí, inmediatamente va a buscar un pintor para que plasme en un cuadro esta visión, que con el tiempo tuvo la aprobación eclesiástica”, dijo la hermana Victoria.

Como el santo es capuchino, la orden acogió esta advocación mariana como propia de ellos y la nombraron patrona de las misiones. “El Beato José Tous era amante de esta advocación, por ello la dejó como abadesa suprema del monasterio de la congregación. Por eso, cada fiesta las religiosas prestamos obediencia a la Madre del Divino Pastor para que siga acompañándonos en nuestro trabajo”, añadió.

En 1913, debido a que “la situación política empeoraba más”, el Papa Pío X dividió la provincia de Nicaragua en cuatro territorios: Granada, Managua, León y Bluefields, y nombró a un sacerdote capuchino español como primer obispo del entonces Vicariato de Bluefields. Como conocían a la congregación desde España, desde 1915 empezaron las gestiones para enviar a las primeras religiosas a América.

El 23 de mayo de 1920, luego de un año y medio de viaje, la congregación llegó a América de la mano de 11 hermanas que “con temor y temblor dijeron: ´Sí, vamos a América… vamos allí donde Dios nos quiere´”.

En ese entonces, la vida de los lugareños era muy precaria, lindaba entre conflictos políticos y una pobreza espiritual, moral y material “muy fuerte”. 

Según archivos de la prensa de la época, específicamente del diario “De la Información”, los frailes capuchinos anunciaron la llegada de las hermanas españolas; por ello, su presencia representaba “una esperanza” para el pueblo desde antes de su llegada.

En la actualidad, la orden tiene nuevos retos en su misión pastoral y educativa como consecuencia de la era digital, que ha cambiado la forma de pensar de los jóvenes y su relación con el entorno, situación que con la pandemia del coronavirus se ha agudizado.

“La era digital es el reto más grande, no solo como congregación, sino como Iglesia, porque los jóvenes de hoy no los encontramos como antes: en la vereda, el camino; sino en las ‘calles digitales’, entonces creo que tenemos que ir adecuando nuestra labor apostólica, y cuesta porque uno está formado de una manera diferente”. 

Actualmente, dependiendo del país, su presencia está mayormente en los colegios, desde preescolar hasta bachillerato, y escuelas técnicas. Todos los centros educativos dotan de conocimiento científico y tienen un área especial de “educación de la fe”, impartida por religiosas y laicos comprometidos.
 

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