9 de octubre de 2021 4:05 am

Prefecto de la Curia comparte su conmovedor testimonio de conversión al catolicismo

Por Miguel Pérez Pichel

Mons. Lazarus You Heung-sik narra su testimonio. Foto: Vatican Media / Captura de Youtube

Mons. Lazarus You Heung-sik, Prefecto de la Congregación para el Clero, compartió su conmovedor testimonio de conversión durante la jornada de reflexión previa a la apertura del proceso sinodal.

La jornada se está celebrando este sábado 9 de octubre en el Aula Nueva del Sínodo del Vaticano. El proceso sinodal, que concluirá en octubre de 2023 en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad, se inaugurará oficialmente mañana domingo 10 de octubre con una Misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano presidida por el Papa Francisco.

En su testimonio, Mons. Lazarus You Heung-sik, Obispo coreano nombrado por el Papa Francisco Prefecto el pasado 19 de agosto tras la renuncia por edad del Cardenal Stella, explicó que se creció en una familia no creyente, se bautizó con 16 años y se ordenó sacerdote con la oposición de su familia.

Explicó que realizó la educación secundaria y preparatoria en una escuela católica “que llevaba el nombre de nuestro mártir Andrew Kim Taegon. Fue el primer sacerdote coreano y dio su vida por los demás. Su testimonio me atrajo mucho”.

“Me bautizaron en la Nochebuena de 1966. Tenía 16 años. Fui el primer cristiano de mi familia. Al conocer a Jesús, sentí el impulso de abrir mi corazón a los demás. Así, por ejemplo, en la escuela, junto con mis amigos cristianos, realizamos varios servicios. Cada vez más, un inmenso horizonte se abría ante mí”.

Al terminar la escuela, Mons. Lazarus You Heung-sik entró al seminario mayor de Seúl, una decisión que “no fue fácil, porque nadie en mi familia entendió mi decisión”.

“Después de tres años en el seminario, teníamos que hacer el servicio militar. En este duro entorno, descubrí que el amor lo vence todo. Experimenté el poder del testimonio: poco a poco cientos de mis compañeros se bautizaron”.

Durante sus 41 años como sacerdote y obispo, “siempre me ha interpelado el ejemplo de Jesús en el lavatorio de los pies. Y más aún su ofrenda en la Cruz. Allí fue sobre todo sacerdote”.

“Esto me hizo comprender que vivir plenamente el sacerdocio significa dar la vida por los demás, ponerse al servicio de los otros, ser un hombre de diálogo y de comunión. Por eso, para mí, ser sacerdote y obispo significa caminar junto a los demás, amarlos, de una manera especial: escuchar bien a la gente”.

De esa manera, “el sacerdote es ‘un padre’ de la comunidad, ‘un hombre’ al lado de los hermanos que caminan hacia el Reino de Dios, ‘un compañero’ que se hace uno con las personas en dificultad”.

“Estoy convencido de que la Iglesia es y debe ser ante todo una familia, donde cada uno es un don para los demás: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, sacerdotes y laicos, consagrados y consagradas”.

“Una familia en la que todos se sienten corresponsables de la vida y el anuncio del Evangelio, enviados juntos a realizar el sueño de Jesús: ‘que todos sean uno’. Para mí, ser una Iglesia sinodal significa esto: vivir y caminar como una familia, escuchar el grito de la humanidad, servir a los excluidos”.

Impulsado por esa convicción celebró un sínodo diocesano: “Fue una gran gracia, porque nos hizo experimentar la belleza de caminar juntos. Y también era un antídoto contra el clericalismo”.

Por último, expresó su confianza en que del proceso sinodal que ahora comienza “aprendamos cada vez más a vivir como hermanos y hermanas, escuchándonos unos a otros y al Espíritu, sabiendo captar y hacer crecer todo el bien que se encuentra en la humanidad. Vivir como iglesia sinodal no será un camino sin esfuerzo, pero significa abrir las puertas al Espíritu para un nuevo Pentecostés”.

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