13 de octubre de 2021 1:01 pm

El Papa reconoce martirio de dos sacerdotes que dieron su vida por el Evangelio en Argentina

Representación de Pedro Ortiz de Zárate y de Juan Antonio Solinas. Foto: Vatican Media

El sacerdote diocesano Pedro Ortiz de Zárate y el jesuita Juan Antonio Solinas murieron a manos de indígenas Tobas y Mocovíes el 27 de octubre de 1683 en Valle del Zenta, Argentina, por odio a la fe.

El decreto que reconoce el martirio ha sido firmado este miércoles 13 de octubre por el Papa Francisco tras reunirse en el Vaticano con el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Marcello Semeraro.

La muerte de los sacerdotes Pedro Ortiz de Zárate y de Juan Antonio Solinas se produjo cuando evangelizaban a las poblaciones indígenas y asistían a los pobres del Valle del Zenta, junto con 18 laicos, entre ellos algunos indígenas.

Según se lee en la reseña biográfica distribuida por la Congregación para las Causas de los Santos, el crimen se produjo después de la celebración de la Misa en el fuerte San Rafael. Los misioneros fueron rodeados por unos 150 indígenas que se habían acercado a ellos fingiendo intenciones pacíficas.

Cuando los misioneros se vieron indefensos y rodeados, los agresores los atacaron con una violencia inusual con lanzas y hachas. A continuación, los torturaron, mutilaron y, finalmente, los decapitaron antes de someter los cuerpos a prácticas antropofágicas.

El sacerdote Pedro Ortiz de Zárate nació el 29 de junio de 1626 en San Salvador de Jujuy, Argentina, en el seno de una familia vasca. Con 18 años contrajo matrimonio con Petronila Ibarra Argañarás y Murguía, una mujer adinerada con la que tuvo dos hijos.

Integrado en la vida civil, desempeñó varios cargos públicos, entre ellos la de alcalde. Sin embargo, tras el fallecimiento de su esposa, decidió seguir su vocación sacerdotal. Tras confiar la educación de sus hijos a la abuela materna, Pedro Ortiz fue ordenado sacerdote alrededor del año 1657.

Como sacerdote, desarrolló una intensa actividad apostólica. En 1659 fue nombrado párroco de Jujuy, donde permaneció cerca de 24 años. Se distinguió por su compromiso con la oración, la atención al culto divino y a la música sacra, y por la administración de los sacramentos.

Con gran espíritu apostólico, emprendió viajes de larga distancia para llegar a las poblaciones indígenas más aisladas y abandonadas y asistir a los pobres y enfermos. Promovió la construcción de iglesias y capillas, incluso dedicando para ello su propio patrimonio personal.

En mayo de 1683 se puso en camino junto con otros dos sacerdotes, entre ellos el P. Juan Antonio Solinasm y otras setenta personas, en un viaje largo y peligroso hasta el Valle del Zenta, donde se produjo el asalto de miembros de las etnias tobas y mocovíes y donde encontró el martirio.

Juan Antonio Solinas nació en Oliena, Nuoro, actual Italia. En 1663 entró en la Compañía de Jesús y, después de realizar el noviciado en Cagliari, Cerdeña, realizó la profesión religiosa el 16 de junio de 1665.

En los primeros meses de 1672 manifestó a sus superiores su vocación misionera orientada hacia los pueblos aborígenes del Nuevo Mundo. Junto con algunos compañeros se trasladó primero a Barcelona, desde allí a Madrid y, por último, a Sevilla.

En la ciudad andaluza completó sus estudios de teología y, el 27 de mayo de 1673, fue ordenado sacerdote. Se trasladó a Córdoba, Argentina, a Buenos Aires en 1675 y Santa Fe, donde realizó el tercer y último año de noviciado.

Llegó a su primer destino de apostolado en 1678, en la Reducción de Itapúa, actual Paraguay, donde se distinguió por su celo apostólico y su caridad hacia los nativos. A continuación, lo mandaron a la Reducción de Santa Ana.

Después de pasar un tiempo con los nativos de la etnia hohomas, en 1680 lo nombraron capellán militar. En los dos años siguientes realizó la misión en otras reducciones hasta que en 1683 lo destinan a la misión de Chaco junto con Pedro Ortiz de Zárate.

Ambos se encontraban en el fuerte San Rafael cuando fueron mortalmente asesinados por odio a la fe, y a su actividad misionera, el 27 de octubre de 1683 en el fuerte San Rafael.

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