23 de diciembre de 2021 6:53 am

El Papa pide a Curia Romana humildad para trabajar con estilo evangélico y no corporativo

Por Mercedes De La Torre

Papa Francisco en el encuentro con la Curia Romana. Foto: Captura Vatican Media

En el tradicional encuentro previo a la Navidad, el Papa Francisco alentó a los cardenales y superiores de la Curia Romana a dejarse “evangelizar por la humildad del Niño Jesús” para poder implementar una organización de tipo evangélica y no corporativa.

“La Curia, no olvidemos, no es solo un instrumento logístico y burocrático para las necesidades de la Iglesia universal, no, sino que es el primer órgano llamado a dar testimonio, y por eso mismo adquiere más autoridad y eficacia cuando asume personalmente los retos de la conversión sinodal a la que también está llamada. La organización que debemos implementar no es de tipo corporativa, sino evangélica”, indicó el Santo Padre este 23 de diciembre.

En esta línea, el Pontífice destacó que las tres características “de una Iglesia humilde, que se pone a la escucha del Espíritu y coloca su centro fuera de sí misma” son: la participación, la misión y la comunión.

Se trata de “los tres requisitos que me gustaría indicar como un estilo de humildad al que hay que aspirar aquí en la Curia. Tres maneras para hacer de la humildad un itinerario concreto que podamos poner en práctica”, afirmó el Papa.

De este modo, el Santo Padre pidió huir de la lógica de la mundanidad para dejarse “evangelizar por la humildad del Niño Jesús” ya que “solo sirviendo y pensando en nuestro trabajo como servicio podemos ser verdaderamente útiles a todos”.

“Estamos aquí -yo el primero- para aprender a ponernos de rodillas y adorar al Señor en su humildad, y no a otros señores en su vacía opulencia. Seamos como los pastores, seamos como los magos, seamos como Jesús. He aquí la lección de la Navidad: la humildad es la gran condición de la fe, de la vida espiritual, de la santidad”.

Asimismo, el Papa recordó que “el misterio de la Navidad es el misterio de Dios que viene al mundo por el camino de la humildad” e invitó a reflexionar “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?”.

En este sentido, el Santo Padre describió que “la humildad es la capacidad de saber habitar sin desesperación, con realismo, alegría y esperanza, nuestra humanidad; esta humanidad amada y bendecida por el Señor. La humildad es comprender que no tenemos que avergonzarnos de nuestra fragilidad. Jesús nos enseña a mirar nuestra miseria con el mismo amor y ternura con el que se mira a un niño pequeño, frágil, necesitado de todo”.

“Queridos hermanos y hermanas, si es cierto que sin humildad no podemos encontrar a Dios ni experimentar la salvación, también es cierto que sin humildad no podemos encontrar al prójimo, al hermano y a la hermana que viven a nuestro lado” dijo el Papa.

Luego, el Santo Padre recordó el camino sinodal, iniciado en octubre y que durará los próximos dos, y alentó a ser humildes para ponerse “en condiciones de encontrarnos y escuchar, de dialogar y discernir. Para rezar juntos, como lo indicaba el cardenal decano”.

Finalmente, el Papa subrayó que “si la Palabra de Dios le recuerda al mundo entero el valor de la pobreza, nosotros, miembros de la Curia, debemos ser los primeros en comprometernos a una conversión a la sobriedad”.

“Si el Evangelio proclama la justicia, nosotros debemos ser los primeros en intentar vivir con transparencia, sin favoritismos ni grupos de influencia. Si la Iglesia sigue el camino de la sinodalidad, nosotros debemos ser los primeros en convertirnos a un estilo diferente de trabajo, de colaboración, de comunión; y esto solo es posible a través de la senda de la humildad, sin humildad no podremos hacer esto”, indicó el Papa.

Al concluir, el Santo Padre deseó “que nos dejemos evangelizar por la humildad, de la humildad de la Navidad, de la humildad del pesebre, de la pobreza y la esencialidad con la que el Hijo de Dios entró en el mundo. Incluso los magos, que evidentemente podemos pensar que provenían de una condición más acomodada que María y José o que los pastores de Belén, se postran cuando se encuentran en presencia del niño. No es solo un gesto de adoración, es un gesto de humildad”.

Para ello, el Papa advirtió que “nunca tendremos un estilo evangélico en nuestros ambientes si no ponemos a Cristo en el centro. No este partido, o el otro, Cristo al centro”.

“Muchos de nosotros trabajamos juntos, pero lo que fortalece la comunión es también poder rezar juntos, escuchar la Palabra juntos, construir relaciones que vayan más allá del mero trabajo y fortalezcan los vínculos de bien, vínculos de bien ayudándonos mutuamente. Sin esto, corremos el riesgo de ser solo extraños que trabajan juntos, rivales que intentan posicionarse mejor o, peor aún, allí donde se crean relaciones, éstas parecerían tomar el aspecto de la complicidad por intereses personales, olvidando la causa común que nos mantiene unidos”, subrayó.

Después de su discurso, el Santo Padre saludó personalmente a cada uno de los presentes y les regaló tres libros en italiano que aconsejó leer y no colocarlos solamente en sus librerías. Los libros fueron: “Convertir Peter Pan, el destino de la fe en la sociedad de la eterna juventud” de Armando Matteo; “La piedra descartada, cuando los olvidados se salvan” de Luigi Maria Epicoco y la “Palabra abusada. Las habladurías en la enseñanza del Papa Francisco” de Fortunatos Nwachukwu.

“Gracias por su trabajo, por su colaboración, gracias. Pidamos a la Madre de la humildad, que nos enseñe a ser humildes”, dijo el Papa quien rezó un Ave María e impartió la bendición.

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