30 de julio de 2022 2:27 pm

Arzobispo advierte: El grave riesgo de la Iglesia es la separación entre fe y vida

Por Eduardo Berdejo

Mons. Luis Argüello durante la Misa como nuevo Arzobispo de Valladolid. Crédito: Facebook Archidiócesis de Valladolid

Este sábado Mons. Luis Argüello García tomó posesión como nuevo Arzobispo de Valladolid (España), con una Misa en la que advirtió que “el grave riesgo de la Iglesia en nuestro tiempo es la escisión entre fe y vida”.

La Eucaristía fue celebrada en la Catedral de Valladolid, a la que asistieron el Nuncio Apostólico en España, Mons. Bernardito Auza; el Cardenal Ricardo Blázquez –a quien sucede en el cargo–, así como los purpurados Carlos Osoro y Antonio María Rouco Varela, y demás obispos españoles.

Durante su homilía, el nuevo Arzobispo de Valladolid dijo que “la Iglesia es familia de familias” y que está llamada “a ser una permanente escuela de acogida, reconciliación y colaboración”.

Sin embargo, alertó que en este tiempo el grave riesgo de la Iglesia “es la escisión entre fe y vida”, es decir, entre “libertad y gracia, realidad y Dios, vida privada y vida eclesial o pública, sociedad civil e Iglesia, historia y vida eterna”.

Ante ello, Mons. Argüello recordó que el católico está llamado a la santidad, y que esta es una apremiante exhortación “a salir de la doble vida. No es un halo de elegidos y desborda los requerimientos de una vida honrada o éticamente exigente”.

El Prelado indicó que los miembros de la Iglesia no son impecables, sino “pecadores permanentemente necesitados del perdón”.

Sin embargo, recordó que “la santidad es el resultado de la unidad de vida guiada por el Espíritu”.

“La santidad sale al paso del dualismo de finalidades de nuestra vida: la vida temporal tiene fines temporales modelados por la cultura dominante, la vida cristiana tiene fines sobrenaturales situados fuera de la realidad y de la historia y encerrados en los templos y en los días marcados en rojo”, indicó.

En ese sentido, reiteró que “el dualismo, más aún que ‘la doble vida moral’, es el gran riesgo de nuestra forma de ser cristianos en este cambio de época”.

“Somos llamados a un combate espiritual para crecer en una genuina espiritualidad de encarnación, de comunión y misionera, que llene nuestra existencia y se derrame en los ambientes e instituciones sociales, económicas y políticas de las que participamos”, señaló.

Mons. Argüello dijo que de esta manera los católicos ofrecen “una escuela que integre lo privado y lo público, el clamor de la tierra y el grito de los pobres, el Mercado, el Estado y el Don, en una propuesta de amistad cívica, de fraternidad y de bien común. Queremos así contribuir al nuevo estilo de vida que la actual situación reclama”.

En homilía, el Prelado recordó que el palio arzobispal lo une a los apóstoles y le recuerda “su misión prioritaria” de pastor “en favor de quienes están mal alimentados en su cuerpo o en su alma, heridos o desorientados”.

“Quiero acompañaros en la Mesa y en el Camino para edificar ‘tiendas de encuentro y hospitales de campaña’. En las casas y en las plazas proclamemos la sagrada dignidad de la vida humana, en el grito de los vulnerables y empobrecidos, como fundamento del bien común”, alentó.

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