Al celebrar esta tarde en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, en la Fiesta de la Presentación del Señor, el Papa León XIV alentó a los consagrados a “consumirse en la caridad” y subrayó que Dios es “la fuente y la meta de toda su acción”.
Recordando al inicio de su homilía que la Presentación del Señor en el Templo, que la Iglesia Católica celebra cada 2 de febrero, nos muestra a Jesús que “es reconocido y anunciado por Simeón y Ana como el Mesías”, el Santo Padre señaló que este pasaje evangélico “nos presenta el encuentro entre dos movimientos de amor: el de Dios que viene a salvar al hombre y el del hombre que espera con fe vigilante su venida”.
En esa misma línea, el Papa dijo a los consagrados: “La Iglesia les pide que sean profetas; mensajeros y mensajeras que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino”.
“Usando las expresiones de Malaquías”, subrayó, “se les invita a hacerse, en su generoso ‘vaciarse’ por el Señor, braseros para el fuego del Fundidor y vasijas para la lejía del Lavandero, para que Cristo, único y eterno Ángel de la Alianza, presente también hoy entre los hombres, pueda fundir y purificar los corazones con su amor, con su gracia y con su misericordia”.
León destacó que “esto están llamados a hacerlo, ante todo, mediante el sacrificio de su existencia, arraigados en la oración y dispuestos a consumirse en la caridad”.
El Papa a continuación destacó que los fundadores de sus instituciones religiosas, “dóciles a la acción del Espíritu Santo, les han dejado modelos maravillosos de cómo vivir de manera concreta este mandato”, algunos orientados “al silencio de los claustros, otros a los desafíos del apostolado, otros a la enseñanza en las escuelas, otros a la miseria de las calles, otros a las fatigas de la misión”.