El Juicio Final de Miguel Ángel, la obra maestra que preside el altar de la Capilla Sixtina, será sometida a una intervención extraordinaria de limpieza, casi treinta años después de su último gran restauro.
Está previsto que los trabajos concluyan dentro de tres meses, a principios de mayo, momento en el que los visitantes podrán volver a contemplar este fresco, pintado entre 1536 y 1541, en todo su esplendor, con una luminosidad renovada que devolverá a los colores su brillo original.
Durante todo el proceso, la Capilla Sixtina —donde fue elegido como sucesor de Pedro el pasado 8 de mayo el Papa León XIV— permanecerá abierta a fieles y turistas.
No obstante, el fresco original no será visible, ya que quedará cubierto por una lona que reproduce en alta definición la imagen del propio Juicio Final, que ocupa una superficie aproximada de 180 metros cuadrados. La restauración —que ha comenzado este lunes con la colocación de los primeros andamios— se desarrollará detrás de esta pantalla.
El jefe del laboratorio, Paolo Violini, explicó que, aunque el resto de la Capilla Sixtina ha sido objeto de limpiezas periódicas realizadas en horario nocturno, el Juicio Final requería una intervención específica debido a la presencia de una “pátina blanquecina”. Este fenómeno ha sido provocado por la acumulación de micropartículas transportadas por los movimientos de aire, que con el paso del tiempo han atenuado los contrastes de claroscuro y uniformado las cromías originales concebidas por Miguel Ángel.