Durante el Ángelus de este domingo, el Papa León XIV ofreció a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro una profunda reflexión sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas, que definió como las “luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza a través del Hijo, con la potencia del Espíritu Santo”.
El Pontífice recordó que “en el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, escrita en los corazones, no más sobre la piedra”, y destacó que esta ley divina “renueva nuestra vida y la hace buena, incluso cuando al mundo parece fracasada y miserable”.
León XIV subrayó que “solo Dios puede llamar verdaderamente bienaventurados a los pobres y a los afligidos, porque Él es el bien supremo que se da a todos con amor infinito”.
De este modo, aseguró que únicamente en Dios “los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón encuentran alegría”. Sobre los perseguidos y los que sufren injusticias, el Papa afirmó: “En la persecución, Dios es fuente de redención; en la mentira, es ancla de verdad”.
El Santo Padre también reflexionó sobre el carácter paradójico de las Bienaventuranzas, sobre todo, a los ojos de “quienes creen que Dios es diferente de como Cristo lo revela”.
“Quien espera que los poderosos siempre dominen la tierra se sorprende con las palabras del Señor. Quien piense que la felicidad pertenece a los ricos podría creer que Jesús es un iluso”, aseveró.