30 de enero de 2026 Donar
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La fe de las víctimas del tren de Adamuz emociona en el funeral por sus familiares 

Liliana y Fidel Sáenz, hijos de Natividad de la Torre, fallecida en el accidente de tren de Adamuz (España)./ Crédito: Casa Real.

La Eucaristía en sufragio por las almas de los 45 fallecidos en el accidente de tren en la localidad cordobesa de Adamuz se celebró el jueves 29 de enero en el pabellón deportivo Carolina Marín para poder acoger al mayor número posible de personas, con presencia de los Reyes de España y presidida por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra.  

La Misa fue concelebrada por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello; el Obispo Emérito de Huelva, Mons. José Vilaplana; el Obispo de Córdoba, Mons. Jesús Fernández, y más de un centenar de sacerdotes, entre los que se encontraba el párroco de Adamuz, Rafael Prados.  

Entre los presentes se encontraba un gran número de familiares de las 45 víctimas del accidente, la mayoría de las cuales eran oriundas de Huelva y una exigua representación de los poderes públicos.  

El pabellón Carolina Marín de Huelva acogió el funeral por las víctimas del accidente de tren de Adamuz. Crédito: Diócesis de Huelva.

Durante la celebración de las exequias, los hijos de una de las víctimas, Natividad de la Torre, leyeron un texto de acción de gracias cargado de fe, en el que subrayaron que las exequias confesionales católicas constituyen "el único funeral que cabía en esta despedida”, en referencia al acto que el Gobierno quiso organizar pero que, ante el rechazo de las víctimas, fue suspendido.  

“La única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre”, expresó Liliana Sáenz, quien subrayó que “Huelva es una tierra mariana. Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo”.  

En el capítulo de agradecimientos se subrayó la ayuda ofrecida a los pasajeros del tren en el momento de la tragedia y a los heridos y familiares en los días sucesivos: “Acompañaron a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo. Y luego nos acompañaron en nuestro lamento. Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días. Pero, sobre todo, pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos”.  

Liliana Sáenz también tuvo palabras de reconocimiento a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Cruz Roja y personal sanitario y agradeció también “a nuestras instituciones que se pusieron de frente desde el minuto cero soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia”, aunque recriminó "la lentitud de la información, pues creedme, es mejor saber que imaginar”.  

Del dolor a los recuerdos 

"Han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos y nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente nuestra mente”, continuó Liliana, antes de esbozar una anécdota sucedida con su madre siendo ella pequeña.  

Liliana le preguntó que cuánto ganaba a lo que Natividad respondió: "Lo justo cariño porque lo que queda en mi cuenta a final de mes no es mío”. "¿Y de quién es, mamá?", preguntó. "De los demás", respondió la madre que encontró la muerte en el tren mientras pasaba las cuentas de un rosario. 

Además, recordó que "lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era sólo una cifra”, sino personas con virtudes y defectos, anhelos, silencios y esperanzas, padres, madres, hermanos, hijos o nietos, y que sus familias son las que "han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer. Y el beso que no damos es el que más recordamos”.  

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Liliana Sáenz añadió: "Somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad. Porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Sabremos la verdad. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen y el regazo de una madre que los quiere es quien los mece”.  

En una suerte de letanía, Liliana, con bellas palabras, pidió consuelo a la Virgen María, citando las advocaciones de los lugares de origen de todas las víctimas: Virgen de la Cinta, Virgen de la Bella, Virgen de la Peña, Madre de la Almudena, Virgen del Camino, Virgen de los Remedios, Virgen de la Victoria, Virgen del Sol, Virgen del Carmen y Virgen del Rocío.  

“Diles que tenemos paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece, que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo, y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos”, expresó casi al concluir, dirigiéndose a la Virgen para decir: “Con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos. Descansen en paz”. 

Saludo del Papa León XIV 

Al inicio de la Misa, Mons. Argüello trasladó a los presentes “el saludo del Papa León XIV, que pide expresamente que se haga llegar su cercanía y su palabra, que ahora es silencio, de consuelo y de esperanza”.  

“Con las palabras del Papa León quiero hablar también en nombre de toda la Iglesia española, que quiere entrar en esta celebración y mirar a Jesús, el nazareno, nuestro Cristo y Señor, y entrar con él en su misterio de muerte y resurrección”, añadió. 

Por su parte, Mons. Gómez, durante la homilía, centrada en el relato evangélico de la Pasión de Cristo que fue proclamado, predicó que “la exclamación de Jesús, ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ es también la voz de todo ser humano que experimenta la pérdida inesperada y el vacío que deja la muerte. Dios mismo en su Hijo ha pronunciado ese grito”. 

El relato, recordó, “no termina con la muerte de Jesús”, sino con el anuncio de la resurrección: “Por eso creemos que las personas por las que hoy oramos no se han perdido, atrapadas en el sinsentido de una muerte inesperada. Sus vidas, sus nombres y sus historias están ahora y para siempre en las manos del Dios de la vida”. 

Mons. Gómez también dedicó palabras de agradecimiento por la ayuda prestada a las víctimas y apuntó hacia un compromiso mayor con sus familias: “Acompañarlas en su duelo y reparar las consecuencias del daño que han recibido será una tarea larga y exigente para todos. Compromete a la sociedad entera y también a quien tienen responsabilidades públicas”. 

Por ello, añadió, “es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia para que su sacrificio no sea olvidado y para que en la medida de lo posible se eviten tragedias semejantes en el futuro”. 

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