El zapatero italiano Adriano Stefanelli lleva más de dos décadas poniendo su talento al servicio del Vaticano. El primer Papa a quien le confeccionó un par de zapatos fue a Juan Pablo II, luego vendrían los siguientes pontífices hasta llegar a León XIV.
Todo comenzó una noche cuando trabajaba concentrado sobre la mesa de su pequeño taller de la ciudad italiana de Novara, desde donde vio por televisión que el pontífice polaco, ya muy debilitado, había sufrido un desfallecimiento durante el Vía Crucis.
“Aquello me impactó profundamente”, recuerda el artesano en conversación con ACI Prensa. “Me pregunté: ¿qué puedo hacer yo por él? Y pensé: si sé hacer zapatos, le haré unos zapatos”, afirmó.
Sin contactos ni intermediarios, calculó su número de cabeza, observando la complexión física del Pontífice, y optó por un 44. Diseñó un modelo especialmente blando, forrado en esponja para garantizar la máxima comodidad y los mandó al Vaticano. “Le quedaban perfectos. Fue algo extraordinario”, explica.
Era el año 2004. Aquel primer par de zapatos se conserva hoy en el Museo de Castel Sant’Angelo, en la Ciudad del Vaticano, como testimonio de la confianza que han depositado en este artesano, de una pequeña localidad del norte de Italia, los pontífices desde entonces.