El Obispo de Córdoba (España), Mons. Jesús Fernández, presidió en Adamuz una Misa funeral por los fallecidos en el accidente de tren y afirmó que “Dios estaba allí” a través de todos quienes acudieron a atender a los afectados.
Durante la homilía, el prelado instó a todos a abrir “nuestros oídos y nuestros corazones a la palabra de Dios que nos acerca al que, siendo el Sol que nace de lo alto, siendo luz, sostiene nuestra esperanza”.
Aunque subrayó que “la misericordia de Dios no termina y no se acaba su compasión”, el obispo no fue ajeno a las preguntas que suscita una tragedia como el accidente de tren sucedido el domingo 18 de enero en el que fallecieron 45 personas: ¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Qué hacer para recuperar la esperanza?
Mons. Fernández animó en un primer momento a “hacer un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico” y dirigirlos a Dios.
“Él no nos ha ahorrado a nadie pasar este trago amargo de muerte y dolor, ni siquiera a su propio Hijo Jesucristo. También él tenía una madre que lloró la muerte más injusta y dolorosa”, constató el prelado, antes de apuntar que Cristo “sabía que la vida es más fuerte que la muerte”.
Respecto de la pregunta acerca de la presencia de Dios en mitad de la tragedia, Mons. Fernández consideró que la cuestión “parte de un presupuesto erróneo” que consiste en “creer que el Dios que estableció un mundo regido por sus propias leyes ha de contradecirlas continuamente para asumir la limitación de la naturaleza y del propio ser humano”.