Estela Uribe Montero, una catequista que formó a generaciones de acólitos en la ciudad de Pisco en Perú, falleció el 6 de enero, día de la Epifanía del Señor, a los 94 años de edad. Dos sacerdotes y dos empresarios formados por ella recuerdan a esta devota mujer que se entregó a esta labor desde muy joven.
Javier Blua es ahora empresario y en su juventud perteneció al grupo de acólitos en Pisco, una ciudad ubicada a 230 kilómetros al sur de Lima. El día del entierro de Estela fue algo especial: “Creo que fue la primera vez que veía gente en un cementerio y nadie se quería ir”.
Estela Uribe Montero nació el 14 de noviembre de 1931 en Pisco. Era profesora. Asumió la formación de los acólitos por encargo de los vicentinos en la parroquia San Clemente. Los instruía en la lectura de la Biblia, les inculcaba el amor por el deporte y les leía la vida de San Juan Bosco, el fundador de los salesianos de quien era muy devota.
Los jueves rezaba con ellos el Santo Rosario por las vocaciones y los animaba a amar a María Auxiliadora, pero había una devoción más profunda que les inculcaba con entrega y disciplina: la adoración al Santísimo los primeros viernes de cada mes.
El P. Edgardo Ocampo, sacerdote de la Diócesis de Chosica, aprendió a ser acólito de la mano de Estela, cuando él tenía unos 10 años. “A esa edad, conocí a la señorita Estela con mucho respeto, una mujer bien decente, piadosa”, comparte el presbítero en declaraciones a EWTN Noticias.
El sacerdote recuerda a doña Estela como una mujer consagrada a Dios, austera y modesta en el vestir. Aunque algunos se burlaban de su apariencia física, su única preocupación era que sus acólitos sirvieran bien a Dios.