Lea aquí la homilía del Papa León XIV en su primera celebración litúrgica del año, en la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios, enmarcada también en la Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia Católica celebra desde hace 59 años.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, solemnidad de María Santísima Madre de Dios, inicio del nuevo año civil, la Liturgia nos ofrece el texto de una bellísima bendición: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).
Esta sigue, en el libro de los Números, a las indicaciones acerca de la consagración de los Nazireos, para subrayar, en la relación entre Dios y el pueblo de Israel, la dimensión sagrada y fecunda del don.
El hombre ofrece al Creador todo lo que ha recibido y Él responde volviendo hacia él su mirada benévola, como en los orígenes del mundo (cf. Gn 1,31).
Por lo demás, el pueblo de Israel, al que se dirigía esta bendición, era un pueblo de liberados, de hombres y mujeres renacidos después de una larga esclavitud gracias a la intervención de Dios y a la respuesta generosa de su siervo Moisés.