=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); ute;s que solicito, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Cuarto día
Su humildad

Oh bellísimo espíritu que en medio de las singulares excelencias y relevantes dotes de que te ha colmado y enriquecido el Todopoderoso, vives tan penetrado de tu conocimiento, y en tan profunda humildad que no sólo atribuyes a Dios Nuestro Señor toda la grandeza y gloria de tu ser y excelencias, sino que procuras, y te gozas, de que todos lo conozcan, para que contigo lo alaben por ello. Gózome de tu gozo, en tu nombre y en el mío hago infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, suplicándote que con el perdón de mis pecados me alcances de su divina Majestad que, a ejemplo tuyo, viva yo siempre en humildad de corazón, que me conozca y a él lo atribuya, y de la gloria de todo, y también lo demás que te pido, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén

Quinto día
Su obediencia

Dulcísimo compañero inseparable mío, que dotado de la más ciega y pronta obediencia , haces tus diligencias en ejercitarlas continuamente con tal excelencia y primor, que mereciste de mi Redentor y Dios nuestro nos dejase a tu alteza por modelo de esta virtud, diciéndonos que pidiésemos a su Eterno Padre, que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo. Gózome de tu gozo, y de tu parte y de la mía, hago infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, suplicándote que con el perdón de mis pecados, me alcances de la Majestad Divina que, a tu ejemplo, le obedezca yo en todo cuanto me ordenase, con prontitud y placer hasta la muerte, y así mismo lo demás que te suplico, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Sexto día
Su religión

Oh valeroso campeón de la ilustre milicia del Dios de la rebelión de Licifer y sus ángeles apóstatas, y Zelo, confesaste intrépido y esforzado la magnificencia y gloria del Señor, rindiéndole todos los respetos y adoraciones que son debidos a su soberanía, hasta confundir en los abismos la soberbia  del infernal Dragón y sus aliados: mostrando así la virtud de la religión de que en grado sublime estás adornado. Gózome del gozo que tienes de esta ilustre prerrogativa y excelncia, y de tu parte y de la mía hago infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, suplicándote que con el perdón de mis pecados me alcances de la Divina Majestad esta virtud para que a ejemplo tuyo, lo confiese yo intrépidamente siempre que se me presente la ocasión de darle honor y gloria, y antes quiera morir que ofenderle y perderle, y también lo demás que te pido, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Séptimo día
Su fidelidad

Dios te salve Ángel de Luz y de paz, fiel dispensador de la providencia y misericordia del Señor, quien adornándote de poder, sabiduría y bondad, te ha dado el encargo de que me protejas, me aconsejes y dirijas: yo me entrego a ti con entera confianza, y plena satisfacción como que vienes en nombre de la misma eterna verdad, que es el fiador de tus santos consejos e inspiraciones. Gózome del gozo que tienes de tan alta dignidad, y de tu parte y de la mía, hago infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, porque te adornó de esta virtud de la fidelidad para con su Majestad y los hombres, suplicándote que con el perdón de mis pecados me alcances que, a tu ejemplo, sea yo fiel con mis prójimos y lo demás que te pido, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu  Santo. Amén

Octavo día
Su desinterés

Oh inteligencia soberana, oh amado y amante del Altísimo. Cuando yo no tuviera otra prueba de tu desinterés, que verte emplear en una criatura tan ingrata, desvalida y miserable como yo tus consejos, tus cuidados, amor y suma vigilancia, con todos los demás buenos oficios que te dicta la entrañable compasión con que me miras, me bastaría para asegurarme de ello: que más diré si creo y confieso que eso y mucho más haces conmigo, no por tu honor y gloria, sino por honor y gloria de Dios nuestro Señor y bien de mi alma, para que le alabe eternamente con sus escogidos y ocupe los asientos que perdieron los malos ángeles. Gózome de tu gozo viéndote adornado de esta virtud, y de tu parte y de la mía hago infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, suplicándote que con el perdón de mis pecados, me alcances de la Majestad Divina, que a ejemplo tuyo, en todo procure solamente su mayor honra y gloria como es justo y digno. Además de esto te pido lo que sabes, si conviene, por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Noveno día
Su paciencia

Dios te salve ilustrísimo confidente del Padre de las Misericordias, que para cumplir con la mayor exactitud tu apetecida comisión en la Custodia y dirección de esta alma indócil e ingrata criatura que tienes ahora a tus pies, me has tolerado con indecible caridad, tanta necedad, tanta indocilidad, tanto olvido y desatención, y, lo que es más, tantas culpas en tu venerable presencia: sin que por tan justos motivos me hayas abandonado un momento, ni dádose por vencida tu inalterable paciencia. Dios te salve y bendiga mil y mil veces, amabilísimo pastor y custodio mío, por la caridad y tolerancia que has usado conmigo, y gozándome del gozo que tienes de verte dotado de esta virtud, hago de tu parte y de la mía infinitas gracias a la Beatísima Trinidad, suplicándote que con el perdón de mis pecados me alcances de la Divina Majestad esta virtud de la paciencia, para que a ejemplo tuyo vea yo con caridad a mis prójimos, tolere sus flaquezas, y lleve con resignación cuantas adversidades me vengan de mano de su paternal providencia, y asimismo te pido lo que sabes, si conviene: por el amor que tienes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Ejemplo para excitar a la devoción
del Santo Ángel de la Guarda

Es singular el caso que cuenta Juan Mayor. Llevaron unos mancebos deshonestos a otro de buenas costumbres a la casa de una mujer perdida. Vióse el mancebo en gran peligro de caer, pero venciendo con la gracia del Señor aquel riesgo, salió de la casa y luego se le puso delante su Ángel de la Guarda, recreándole con mostrársele hermosísimo y lleno de resplandor, como si quisiera premiar con esta vista su victoria, y después le dio una gran bofetada diciendo: “aprenda ya a huir de la compañía de los malos”. Y quedóle en el rostro la señal del golpe, para castigo de su descuido, y despertador de su cuidado.

A Santa Francisca Romana, siempre que cometía algún defecto, por ligero que fuese, la corregía su Custodio hiriéndola en el rostro u otra parte, y sucedían algunas veces, cuando estaba con otras personas, oír los circunstantes el golpe y no la mano que le daba.

No prueba poco cuán perfectos nos desean los Ángeles lo que le sucedió al venerable hermano Juan Carrera. Era ángel en la castidad, amado por singularmente de su ángel con quien trataba y conversaba con la misma familiaridad, que con un amigo con otro. Despertábale todas las mañanas para la oración hasta que una vencida del sueño, no se levantó con la puntualidad de otras veces. Esta ligera culpa castigó el ángel ocultándose por muchos días, hasta que con oración, ayunos y penitencia recuperó lo perdido, volviendo a mostrársele su ángel, avisándole: que su descuido había sido la causa de aquel retiro, para que en adelante fuese más puntual en las cosas del servicio de Dios.

Endulza cuanto puede, o cuanto conviene, el trago amargo de la muerte, con el desprecio de lo temporal y aprecio de lo eterno, al modo que se manifiesta en este caso. Estando un mancebo a la muerte, en lo demás bien dispuesto, pero con gran desconsuelo de dejar esta vida, en que poseía muchas riquezas. No habiendo podido consolarle el confesor, se le apareció un ángel y le mostró un lugar amenísimo lleno de riquezas, hermosura y suavidad, declarándole que aquel era el Paraíso, del cual enamorado el mancebo, deseaba que se arrancase el alma del cuerpo, para trocar las riquezas temporales por las eternas.

A Constancia Monja, que estaba en su celda moribunda, trajo el ángel a un varón santo, como a otro Habacuc, con mejor sustento, con el Viático, para que la dispusiese a la muerte con los Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía. A Enolpho trajo la Extremaunción otro ángel, estando para morir.

El excelentísimo e Ilustrísmo Señor D. D. Juan Domingo González de la Reguera, Arzobispo de Lima, concede ochenta días de indulgencia a todas las personas que en público o privadamente hicieren esta Novena.

Compilado por: José Gálvez Krüger
Director de la Revista de Humanidades
“Studia Limensia”

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