ment(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); es dio a los estudiantes algunas tareas psicológicas para medir los pensamientos y sensaciones agresivas. Los resultados de los experimentos demostraron que las canciones violentas llevaron a más interpretaciones agresivas de palabras ambiguamente agresivas y aumentaron la velocidad relativa con que la gente lee palabras agresivas frente a las no agresivas.

La inquietud sobre el nivel de violencia, junto con las preocupaciones sobre el mal lenguaje y el contenido sexual, ha llevado a la creación de una nueva organización en Estados Unidos llamada Common Sense Media, informaba el 21 de mayo el New York Times. La organización está planeando un sistema de porcentajes para aplicar a los medios, con base en una página web, que clasificaría los productos de entretenimiento según lenguaje, violencia, contenido sexual y temas de adultos.

Common Sense afirma que tiene un apoyo inicial de 500.000 dólares, y que quienes la respaldan le han prometido más. Entre sus partidarios están Charles Schwab, un ejecutivo de una compañía de brokers, y Philip Anschutz, el fundador de Qwest Communications International e importante propietario de estudios de cine. En la directiva están dos antiguos responsables de la Comisión Federal de Comunicaciones, William Kennard y Newton Minow.

«Queremos crear un fuerte grupo electoral para padres e hijos de la misma manera que Mothers Against Drunk Driving o la AARP han hecho», afirmaba James Steyer, fundador de Common Sense y autor de «The Other Parent» (El otro Padre), un libro sobre los efectos de los medios en los niños.

El mensaje del Papa para el Día Mundial de las Comunicaciones hacía notar que los medios deberían ser responsables en su uso de la libertad. «Su estatus privilegiado obliga a los medios a levantarse por encima de las preocupaciones meramente comerciales y servir a las verdaderas necesidades e intereses de la sociedad», advertía Juan Pablo II. Evitar la violencia excesiva podría ser un buen paso en esta dirección.

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