*new Date();a=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); ad. También sabemos que los niños nacen con muchas proclividades e impulsos que tienen que ser suprimidos o redirigidos y educados.

Personalmente estoy bastante inclinado a pensar (y hay varios estudios sobre este enfoque) que la homosexualidad y los impulsos homosexuales aparecen, además de los reconocidos factores físicos, genéticos, afectivos o psicológicos, por fuerzas y factores espirituales (influencias espirituales). Por eso la conocida expresión: "me siento como una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre" y viceversa.

Pero ese sería un tema a tratar por separado.

Tampoco quiero apelar a la autoridad de las escrituras de la Biblia como una fuente de juicio o condena de las prácticas homosexuales, aunque de hecho la Biblia "si" condena esas prácticas con términos muy duros calificándolas de "abominación". La Biblia reconoce que esas "prácticas" son malas, y como ya hemos dicho, no es sólo porque esté escrito en la Biblia la razón y la causa del por qué "esas practicas" están equivocadas.

Normalmente los homosexuales reaccionan muy fuerte en contra del planteamiento "odiar el pecado pero amar al pecador" cuando se les aplica a ellos.

No quieren aceptar que sus "practicas" son algo desviado.

Trabajan arduamente en conseguir que la homosexualidad no se perciba como una "patología sexual", y hacen muy bien en exigir no ser discriminados por su condición y la sociedad debería dar un paso más ofreciéndoles los medios y las herramientas de ayuda para superar su patología sexual.

Pero de ahí a tratar de convertir en "normal" lo que es una patología, hay un abismo. Algo así como si pusiéramos a un atleta de las paraolimpiadas a competir en las olimpiadas.

Es necesario exponer el mal, los vicios y el pecado, pero siempre y sin excepción necesitamos respetar y amar incondicionalmente a la persona que comete esos actos, es decir, aborrecer los vicios, no las personas.

Pero "no pueden" esperar, de personas que desean mantener una posición ética y un discernimiento claro, que amemos sus "prácticas" homosexuales, de la misma forma que un asesino o un violador o un ladrón no puede esperar que le amemos por ser asesino, violador o ladrón; necesariamente tenemos que discernir, separar y rechazar el aspecto de asesino, violador o ladrón del aspecto original y verdadero de la persona para poder amar ese aspecto original y verdadero.

La única forma en que ética y genuinamente podemos amar a los homosexuales es si pasamos por alto sus "practicas" homosexuales, o los tratamos de la misma forma como Jesucristo trató y amó a la mujer sorprendida en adulterio.

Pero por mucho que nos esforcemos en desarrollar una actitud de tolerancia, de no querer juzgar y mucho menos de condenar, eso no significa que tenemos que tener que aceptar unas "practicas" que consideramos desviadas y que se nos imponga o exija (incluso con leyes) su aceptación como pretenden ahora muchas organizaciones de homosexuales.

 

Miguel Calvis
Fuente: http://www.arbil.org/

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