=s.createElement(o), m=s.getElementsByTagName(o)[0];a.async=1;a.src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); uacute;n sodomiza 108 varones al año, traga el semen de 48, permite que le penetren 68 e ingiere heces de 19 como media. El 85% de homosexuales contrae hepatitis, un 49% han sido infectados con parásitos intestinales (lombrices, gusanos, amebas....). A pesar de que esas infecciones intestinales y el SIDA no se solían dar más que en naciones subdesarrolladas, el 83 % de los casos de SIDA en 1992 en EEUU se dio en homosexuales y bisexuales. Los bisexuales transmiten a otras mujeres esas enfermedades y ellas a sus hijos o a otros hombres, extendiéndose así por toda la sociedad. Con el daño infligido al propio cuerpo por la antinatural actividad homosexual, proliferan todo tipo de agentes patógenos, constituyendo un serio y grave peligro para la salud pública.

Según los estudios del doctor P. Cameron: El promedio para la muerte de un hombre blanco casado es de 75 años, en cambio para un gay, la media está en 42 años, y sólo el 9% llega a sobrepasar los 65 años.

El promedio de vida de una mujer blanca casada es de 79 años, mientras que en lesbianas el promedio es de 45 años, de las cuales sobrepasan los 65 años tan sólo el 24%.

Los gays tienen 102 veces más posibilidades de ser asesinados, generalmente por otros gays; cometen suicidio 25 veces más a menudo y tienen un promedio de accidentes de tráfico de 19 veces más. Todo esto es un reflejo de sus serios problemas emocionales.

El 21% de las lesbianas mueren por asesinato, suicidio o accidente, es decir, un promedio 534 veces mayor que el de las mujeres heterosexuales.

La gran mayoría de asesinos en serie son gays: Wayne Williams (asesino de niños), John Wayne Gacy, etc.

En España, el caso Arny fue muy defendido por la prensa; ese famoso caso de prostitución infantil se localizó en todos los bares gays de Sevilla. En fin, ya se sabe, donde aparecen homosexuales, raro es que no haya chaperos....

Una lesbiana de San Francisco, Roberta Achtenberg, miembro del gabinete Clinton, hostigó legalmente durante dos años a los Boy-scouts por negarse a admitir homosexuales en sus filas, ya que los grupos que promocionan esos delitos aconsejan a los homosexuales introducirse en escuelas, iglesias y grupos familiares para ganarse la confianza de los niños. ¿La causa?, está claro, como los homosexuales no se reproducen, necesitan este medio para reclutar jóvenes. Quienes proclamen que los homosexuales son normales, hacen un gravísimo y grandísimo daño a jóvenes inocentes que van a ser objetos de su acoso.

Dejando a un lado otros países, en España había al menos dos clínicas destinadas al tratamiento de homosexuales: Una de ellas se dedicaba también a otros campos de la medicina y psicología, pero fue cerrada hace unos años y su dueño encarcelado por una denuncia del colectivo de gays y lesbianas, que argumentó que llevar a cabo ese trabajo era anticonstitucional, por afirmar equivocadamente que era una atentado contra la libertad sexual. La otra clínica aún funciona y está en Navarra. Ambas han curado a una gran cantidad de homosexuales, de los cuales muchos actualmente están casados y llevan una vida normal con su familia. Los testimonios de agradecimiento son muy abundantes.

En algunos países como Canadá, no había consenso entre los especialistas, hasta el año 1999, año en que, gracias a las investigaciones de los expertos, se descubrió otro nuevo método de curación más rápido, pero su eficacia es menor, porque debe ser repetido cada cinco años para evitar que el afectado se vuelva a desviar. Esas investigaciones también pusieron de relieve que, en una gran parte de los casos, basta con el apoyo moral para salir del agujero. Creo que no es necesario hablar de que cualquier psicólogo o médico de buena categoría y sin implicaciones políticas bastaría para ayudar a superar la anomalía a una buena parte de los invertidos.

Ya que es curable, es un deber social y moral intentar ayudar a estas personas, que además suelen ser personas carentes de autoestima y que han padecido un desarrollo lleno de frustraciones. Sería una falta de amor al prójimo quedar impasible viendo cómo los oportunistas, sin ninguna ética ni moral, fomentan esa conducta y el llamado "orgullo gay" para ascender y estar bien vistos en una sociedad en que lo feo, lo mediocre y lo burdo están cada vez más de moda frente a lo decente, lo sublime y lo bello. Muchas veces, un egoísmo e individualismo hedonista son el combustible de estas tendencias desviadas, pues quien tiene un defecto y es un arrogante y un soberbio, no quiere ayuda y con frecuencia persevera en su desgracia, degradando su propia persona y corrompiendo al resto; sin embargo, no falta quien es humilde y abierto, y no cuesta ningún trabajo ayudarle con un pequeño esfuerzo de comprensión y amor, aunque también hay que reconocer que es necesario algo de perseverancia. Por otro lado, en muchas ocasiones, el llamado "orgullo gay" tiende a desviar a otras personas que no son homosexuales, sino que sólo son sensibles, y por ser personas demasiado inseguras, les hacen creer que son homosexuales y los arrastran también al agujero.

Los sectores más conservadores pretenden que la homosexualidad es un vicio; creer que la homosexualidad no es más que eso, no sólo es arriesgado, sino que además es una falta de caridad para con el desgraciado que ha tenido que sufrirlo. En cambio, los sectores progresistas pretenden que no es más que una opción de vida de cada persona , y lo conciben como algo totalmente normal. Ni lo uno ni lo otro. Como con buena voluntad decía nuestro catequista, hay un sano equilibrio, y, en base a las pruebas aportadas, podemos afirmar que es una enfermedad y que además es curable. Alguno dirá: ¡Pero Dios les ha hecho así!; también Dios permite que nazcan ciegos, autistas, retrasados mentales, y un largo etcétera. No obstante, aunque nazcan así, no dejan de ser personas y de tener un alma y unos buenos sentimientos humanos, y además ¿acaso me va a negar alguien que si pudiese no curaría a las personas que nacen con algún tipo de esas anomalías? Asimismo he demostrado que la homosexualidad es adquirida en un 99,9% de los casos, por lo que Dios no tiene que ver; más aún, Dios da libertad al género humano para que nos destruyamos entre nosotros llevando una vida fuera de toda armonía, o para que llevemos una vida feliz controlando las bajas pasiones y amándonos unos a otros. Dejaré a un lado los intereses que puedan tener los sistemas políticos plutocráticos en que haya una masa débil, homogénea y materialista para darle forma. También dejaré de lado que la impureza de cuerpo es lo que mina la fe, porque es un pecado que queda dentro, que mancha el cuerpo, templo del Espíritu Santo. Ya lo dijo san Agustín:"Nemo incredulus nisi impurus"(Nadie es incrédulo sino el que es un impuro); y es que el que se deja llevar y nadie le ayuda o no tiene suficiente fortaleza, perderá la fe y de paso intentará corromper a los demás. Esto le sucede a la gente de poca cultura o personalidad, que ante la influencia de lo poco que ha leído y lo parcial que era lo que ha leído, los paralogismos de sus amigos y la nefasta influencia de la televisión y las modas, le acaban llevando a la corrupción moral y espiritual que en ocasiones es causa de las depravaciones ya expuestas.

Resistid valientemente como rocas o acabaremos desechos como polvorones. Si con todo lo que he dicho, alguien tuviese aún la irracional y estúpida idea de considerar la homosexualidad una actividad normal, que venga Dios y lo vea. A ése yo le preguntaría ¿dónde está tu sensibilidad humana y tu amor a tus semejantes? ¿dónde vuestro sentido crítico?

En conclusión, podemos decir, sin duda alguna, que Dios ha hecho la sexualidad para una completa y total culminación del amor entre esposa y esposo que se materializa en el acto sexual matrimonial y llega a su máxima plenitud en el nacimiento de una criatura, que nace con el fin de convertise en hijo de Dios; en verdad esto da cohesión al amor del hombre y la mujer, llegando así a convertirse en una unión de cuerpo y alma en el amor, una plasmación de esa unión en una sola carne. El que es un ignorante con frecuencia suele ser también un soberbio, y el que es ambas cosas y no trata de remediarlo, tarde o temprano acaba hundiéndose en la charca de inmundicias del desenfreno sexual, olvidando que está demostrada la existencia de un solo y único Dios llamado Santísima Trinidad. Con la llegada de Cristo, por primera vez Dios mismo funda una religión, la única que pone de pie al hombre y lo eleva por encima de todas las depravaciones y degradaciones. Ya sabemos que la homosexualidad es una anomalía, y en algunos casos una perversión, pero es curable; en nuestras manos está ayudarles a integrarse socialmente como personas normales, o, por el contrario, dejar que esta lacra continúe extendiéndose, dañando, con sus consecuencias, a cientos y cientos de personas inocentes, hasta demoler completamente, con todas las enfermedades y abominaciones que acarrea, todas aquellas cosas a las que el ser humano debe su condición de persona. Sí, en nuestras manos está despreciar a esos pobres desdichados no teniendo en cuenta su condición humana, o en cambio respetarles, como personas que son, y ayudarles, y con eso hacer un inmenso favor a toda la humanidad. Si obramos bien, Dios también nos lo agradecerá.

Una vez hubo un pueblo en el que había un balneario que contenía la mayor parte de los ingresos de ese pueblo; un muchacho de ese pueblo descubrió que las aguas estaban contaminadas sus aguas y que cientos de personas se exponían a morir o enfermar a causa de las aguas; el joven advirtió a los poderosos lo que sucedía con las aguas, pero no le escucharon, sino que le ridiculizaban ante la gente y decían que sólo deseaba acabar con la fuente de ingresos del pueblo. Y decían muchas más mentiras de él para que nadie le creyese, porque si la gente se enteraba, se les acabaría el negocio., Con el tiempo, acabó muriendo el pueblo entero por ese balneario, el joven no, porque estaba encarcelado, pero miles de personas, en otros pueblos, acabaron sufriendo también las consecuencias de aquel balneario, cuyas inmundicias ya se habían extendido a pueblos que nada tenían que ver. Quien tenga oídos, para oír, que oiga


Guillermo C. Pérez
Fuente: http://www.arbil.org/

Comentarios

Síguenos:

Libros del padre José Antonio Fortea

Tendencias:

El blog de Mons. José Gómez
Cara a cara con Alejandro Bermúdez