parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); el párroco, en el caso de una escuela parroquial), puede ayudar mucho a aquellos padres que lo necesiten, proporcionándoles una adecuada formación religiosa y moral (el nuevo catecismo sería de mucha importancia en esto) e información en materia sexual (sobre las enfermedades de transmisión sexual, los daños de los anticonceptivos, etc.), para que los padres a su vez, según su discreción, estén mejor preparados a la hora de educar a sus hijos en esta materia tan delicada.

En tercer lugar, la escuela católica o la parroquia pueden organizar, en cooperación con los padres y bajo su control, seminarios o jornadas educativas extracurriculares sobre el respeto a la vida y la castidad para jóvenes de secundaria en adelante. Por medio de charlas, videos, etc., en este tipo de actividades se pueden enseñar los valores del auténtico amor humano, sobre todo la amistad, la familia, el matrimonio y la vocación religiosa. Al mismo tiempo y de forma prudente, es decir, utilizando un lenguage respetuoso y sin entrar en detalles ni exposiciones explícitas (y mucho menos eróticas) de ningún tipo (ni visual, ni verbal, etc.) sobre órganos o funciones sexuales, se puede incluir una denuncia del mito de las "relaciones sexuales sin riesgo", alertando de forma general sobre los peligros de las enfermedades de transmisión sexual y los daños e ineficacia de los anticonceptivos y el preservativo. De la misma forma se les puede mostrar a los estudiantes la belleza de la transmisión de la vida. Sin embargo, el objetivo más importante en todo esto, es que los jóvenes conozcan la doctrina moral de la Iglesia sobre la sexualidad humana, sobre por qué las relaciones sexuales fuera del matrimonio constituyen materia de pecado grave y por qué el matrimonio es el único contexto adecuado para la expresión física del amor conyugal.

Dejando a los padres la información respetuosa sobre cuestiones más íntimas para ser tratadas en casa con sus hijos a partir de la adolescencia, de forma individual, adaptada a las condiciones de cada hijo y con el padre del mismo sexo; la escuela puede, a través las estas actividades antes mencionadas, prestar una gran ayuda a los padres y a sus hijos en la difícil pero importante tarea de la educación sexual, o mejor aún, de la educación en el auténtico amor humano y en la castidad.12

Notas: 1. Concilio Vaticano II, Declaración "Gravissimun educationis", sobre la educación cristiana de la juventud, número 1, 28 de octubre de 1965. De ahora en adelante citada como GE, seguida del número correspondiente. 2. Juan Pablo II, Exhortación apostólica "Familiaris consortio", sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual, número 37, 22 de noviembre de 1981. De ahora en adelante citada como FC, seguida del número correspondiente. 3. Ibíd. 4. Ibíd. 5. Ibíd. 6. Ibíd. 7. GE 3. 8. Pío XI, Encíclica "Divini illius magistri", sobre la educación cristiana de la juventud, número 20, 31 de diciembre de 1929. 9. Ibíd. 10. FC 37. 11. Código de Derecho Canónico, canon número 796, artículo 2, 25 de enero de 1983. 12. Cuando utilizamos los términos "educación para el amor" o "educación para la castidad" no nos estamos refiriendo a ciertos programas que se están utilizando hoy en día en no pocas escuelas católicas en los EE.UU. y que utilizan estos mismos términos. Lamentablemente dichos programas adolecen de por lo menos algunos de los problemas mencionados en este artículo. (Si desea saber sobre estos programas, coonsulte el artículo titulado "La influencia de Kinsey en las escuelas católicas de los EE.UU.", publicado en nuestro boletín bimensual Escoge la Vida, en el número de enero-febrero de 1995, p. 5 o, diríjase a Vida Humana Internacional y con muchísimo gusto le daremos más información al respecto.) Los términos "educación para el amor" o "educación para la castidad" deben entenderse según la enseñanza de la Iglesia, la cual hemos explicado en este artículo.

Nota: El autor fue profesor de teología moral en el Seminario Regional San Vicente de Paúl en Boynton Beach, Florida, EE.UU. Actualmente es coordinador auxiliar para Latinoamérica de Vida Humana Internacional. Este artículo fue publicado por primera vez en el boletín bimensual Escoge la Vida de la misma institución, en el número de enero-febrero de 1996, pp. 5-6, 8.

 

Fuente: vidahumana.org
Por Adolfo J. Castañeda, S.T.L.

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