TÍTULO I. VOCACIONES Y FORMACIÓN DEL CLERO SECULAR

Capítulo I

Vocaciones para el clero secular

La Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, habiendo tomado en especialísima consideración la exigencia fundamental de una activa campaña en favor de las vocaciones sacerdotales, a fin de satisfacer con un número adecuado de sacerdotes virtuosos y apostólicos las crecientes necesidades espirituales y morales de los pueblos de América Latina:

(Río, Conclusiones)

Recuerda la necesidad de emplear, en primer término, los medios sobrenaturales, y por tanto hace una apremiante llamada a todos los sacerdotes y fieles, para que sigan poniendo en práctica, de manera habitual y con una siempre mayor intensidad, el medio supremo señalado por Nuestro Señor Jesucristo: «Rogate ergo Dominum messis ut mittat operarios in messe suam», insistiendo en la oración, tanto individual como colectiva, para alcanzar numerosas y selectas vocaciones al estado sacerdotal.

(Río, Conclusiones 1)

Llama la atención sobre la importancia de emplear todos los medios aptos para intensificar la vida cristiana en los hogares, mediante misiones periódicas, ejercicios espirituales internos o externos, catequesis de adultos, predicación constante, etc., para crear así el ambiente más propicio al florecimiento de las vocaciones.

(Río, Conclusiones 2)

Urge la fundación en todas las parroquias -siempre que sea posible- de la Obra de las Vocaciones Sacerdotales, afiliada a la Obra Pontificia a través del competente organismo diocesano.

(Río, Conclusiones 3)

Con el objeto de que se formen las conciencias en la gravedad y trascendencia del problema, y se acentúe la responsabilidad que tienen en su solución el Clero, los educadores, los fieles todos y, de manera especial, los padres de familia, que deben ser los instrumentos más eficaces en la obra de las vocaciones, recomienda encarecidamente:

a) la celebración anual del «Día del Seminario», con adecuados actos de piedad y con una intensa propaganda, que dé a conocer a las almas la grandeza del Sacerdocio y la importancia capital de la labor formativa que se realiza en los seminarios;

b) la celebración en los seminarios y dondequiera parezca oportuno, de actos adecuados a los que se invite a los padres de familia, bienhechores, etc., para dar a conocer la importancia y las necesidades de la obra de formación de los futuros sacerdotes para lograr una adecuada comprensión y colaboración, sobre todo por parte de las familias.

(Río, Conclusiones 4)

Ruega de un modo especial a los sacerdotes, y en particular a los párrocos:

a) que además de cumplir fielmente lo prescrito en el canon 1353 del Código de Derecho Canónico, procuren impulsar la creación del llamado «pequeño clero», o grupo de niños y jóvenes esmeradamente seleccionados y cuidadosamente atendidos por medio de la dirección espiritual, la instrucción religiosa, etc., que colaboren como acólitos en el servicio de la Iglesia, formando así un clima propicio en el que fácilmente pueda arraigar la semilla de la vocación;

b) que creen, donde aún no existan, escuelas parroquiales, las cuales pueden constituir un ambiente particularmente favorable al nacimiento de las vocaciones sacerdotales, y procuren también fomentar éstas entre los alumnos de los demás centros de enseñanza, desplegando un afán apostólico, que ganará en eficacia si se logra siempre una estrecha colaboración entre los sacerdotes y los maestros;

c) que se cultive de modo especial a los jóvenes de las diversas asociaciones católicas- de carácter universitario, obrero, deportivo, etc.- dándoles una más intensa formación cristiana; así, además de prepararles para el apostolado seglar, se podrá despertar en sus almas el deseo de servir a Dios en el Sacerdocio.

(Río, Conclusiones 5)

Subraya la importancia que tienen para favorecer también el aumento de las vocaciones:

a) el nivel, no sólo espiritual y moral, sino también social y material de los seminarios, conforme a las exigencias de la higiene y de la sana pedagogía;

b) la preparación literaria y científica de los aspirantes al sacerdocio, la cual debe ser por lo menos no inferior a la de los seglares que frecuentan análogos cursos de estudios, cuidando de que, donde sea posible y parezca conveniente, se obtenga el reconocimiento civil de los títulos de estudio concedidos en los seminarios.

(Río, Conclusiones 6)

Aconseja que, aun dando toda la importancia debida a la esmerada selección de los candidatos al Sacerdocio, no se condescienda con inoportunas y exageradas consideraciones de raza, clase social o edad.

(Río, Conclusiones 7)

Capítulo II

Formación en el Seminario

Art. I: Principios Generales

La Conferencia

Recuerda que, según las directrices y normas de la Santa Sede, el interés práctico y constante en la formación de los sacerdotes, elegidos por el Señor para ser guía, luz, y maestros de los demás, debe ser considerado por los Excmos. Ordinarios como su deber apostólico de más trascendencia.

(Río, Conclusiones 8)

Encarece:

a) que todos los Superiores se esfuercen por mantener en los seminarios el ambiente espiritual, intelectual y humano necesario para formar santos, doctos e idóneos sacerdotes;

b) que se unifique el sentir de los superiores, profesores y confesores, de manera que en la formación de los seminaristas procedan siempre sin diferencia de criterio, bajo la dirección del Rector.

(Río, Conclusiones 9)

Considera de gran utilidad la creación de una confederación Latinoamericana de Seminarios que promoviendo reuniones periódicas, principalmente de los Rectores y Directores Espirituales, logre la mayor uniformidad en la formación sacerdotal y sea medio eficaz para facilitar el intercambio de impresiones y experiencias sobre planes de estudio, métodos de enseñanza, textos, problemas espirituales y pedagógicos, etc.

(Río, Conclusiones 10)

Conforme a las reiteradas instancias de los Sumos Pontífices, expresa fervientemente a los Excmos. Ordinarios el deseo de que todas las Diócesis procuren enviar a Roma algunos de entre los mejores alumnos, para perfeccionar su formación sacerdotal en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano o en el Pontificio Colegio Pío Brasileño.

(Río, Conclusiones 11)

Art. II: Formación Espiritual

Dado que la eficacia de la formación recibida por los seminaristas y los frutos de su futuro ministerio sacerdotal dependen de que adquieran, ya en el Seminario, la necesaria vida interior, que les llevará a considerar y valorar todas las cosas a la luz de una profunda y constante visión sobrenatural, la Conferencia:

(Río, Conclusiones 12)

Insiste en la necesidad de:

a) que se escojan para los cargos de Superiores y profesores de los Seminarios, tanto Mayores como Menores, sacerdotes virtuosos y doctos, que con la palabra y el ejemplo sean de continua edificación para los seminaristas, y que se evite, en lo posible, elegir prefectos de entre los mismos alumnos;

b) que se haga con particular prudencia la designación del Director Espiritual, llamado a desempeñar, bajo este aspecto, una misión tan decisiva;

c) que el Director Espiritual pueda entregarse a su labor con una dedicación plena, sin que otras actividades le distraigan de la que es su principal obligación;

d) que, cuando los alumnos sean muy numerosos, se designen algunos sacerdotes que ayuden en su tarea al Director Espiritual, y se pueda así, dedicar a cada seminarista el tiempo que necesite;

e) que, conforme a lo prescrito en el canon 1361 -1 del Código de Derecho Canónico, se designe un número suficiente de confesores, cuidadosamente elegidos, a quienes los seminaristas puedan acudir con libertad.

(Río, Conclusiones 12)

Aconseja con especial interés que:

a) los Rectores y demás Superiores, y de modo particular, los Directores Espirituales, tengan un trato constante e individual con los seminaristas, para que la confianza filial de los alumnos en los Superiores, que nacerá de ese trato, facilite su mejor formación;

b) el Director Espiritual, en las instrucciones colectivas a los alumnos, siga un programa previamente estudiado con el Rector;

c) los Directores Espirituales se dediquen con el máximo empeño a crear en los aspirantes al Sacerdocio el hábito de una profunda vida interior, les instruyan con prudencia acerca de la vida que en realidad van a llevar fuera del Seminario, y les expongan las dificultades que habrán de encontrar, al mismo tiempo que los medios poderosos de que disponen para ser fieles a su altísima vocación.

(Río, Conclusiones 13)

Recomienda asimismo que:

a) se eduque a los seminaristas en la imitación de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y en la dependencia del Obispo, de cuyo apostolado es cooperador el sacerdote, inculcando, especialmente en los estudiantes de teología, la convicción práctica de la grandeza del apostolado sacerdotal y de la necesidad y posibilidad de santificarse en él, enseñándoles que el propio ministerio pastoral es fuente de santificación y de perfección;

b) se fomente el conocimiento y la imitación de los sacerdotes del Clero secular que han alcanzado la santidad, cuyos ejemplos, vida y culto deben ser cada día más estudiados y divulgados;

c) se forme a los seminaristas, muy solícitamente, en una piedad sólida, exenta de toda sensiblería, ajena a cualquier especie de falso y peligroso misticismo;

d) se inculque fuertemente en los futuros sacerdotes el espíritu de humildad, obediencia, abnegación y sacrificio;

e) respecto a la castidad, el Director Espiritual y los confesores observen fielmente las normas dadas por la Santa Sede y las peculiares directrices que el Obispo creyera oportuno impartir.

(Río, Conclusiones 14)

Ruega a los Superiores de los Seminarios:

a) que procuren fomentar entre los alumnos un sano espíritu de fraternidad y de familia;

b) que tengan un especial cuidado en las vacaciones de los seminaristas, acortándose en lo posible su duración fuera del Seminario, y procurando que sirvan también, tanto para que el seminarista adquiera un conocimiento más perfecto y real del modo de pensar y sentir del pueblo, como para que tenga ocasión de acrisolar su virtud.

(Río, Conclusiones 15)

Art. III: Formación Cultural

La Conferencia:

Recuerda que los aspirantes al Sacerdocio deben recibir una formación doctrinal profunda y adecuada a las exigencias actuales, para que así puedan, con la predicación, la catequesis y otras formas de instrucción, disipar las tinieblas de la ignorancia religiosa de los pueblos.

(Río, Conclusiones 16)

«Ruega encarecidamente que el estudio de las sagradas disciplinas comprenda también el examen de los problemas específicos, procedentes de errores doctrinales corrientes en las regiones donde los futuros sacerdotes ejercerán su ministerio.

(Río, Conclusiones 17)

Insiste en la necesidad de que se procure completar la formación cultural de los seminaristas con un adecuado conocimiento de las soluciones dadas por la Iglesia a las diferentes cuestiones sociales de actualidad.

(Río, Conclusiones 18)

Art. IV: Formación Humana

Considerando la conveniencia de procurar también el desarrollo de las virtudes y de las buenas cualidades naturales de los seminaristas, para que la «perfectio naturae» facilite y favorezca la acción sobrenatural de la gracia en las almas, la Conferencia recomienda, en particular, a los Superiores de los Seminarios:

a) que den gran importancia al estudio y formación del carácter de los alumnos, así como al conocimiento y posible desarrollo de sus cualidades personales, con el fin de informar también al Obispo para que los nuevos sacerdotes puedan ser destinados a los ministerios que les sean más apropiados;

b) que fomenten el espíritu de responsabilidad en cada uno de los seminaristas, de modo que se habitúen a proceder en conciencia y por convencimiento del propio deber.

(Río, Conclusiones 19)

Art. V: Preparación para el ejercicio del ministerio pastoral

La Conferencia, estimando como parte fundamental en la formación de los candidatos al Sacerdocio la adecuada preparación inmediata, necesaria para el prudente y celoso desarrollo de su futura labor apostólica, sugiere;

a) que los profesores de teología pastoral, además de ocuparse de la técnica de la asignatura, instruyan prudentemente a sus alumnos sobre las dificultades de orden moral que podrán encontrar en el ejercicio de su ministerio, y sobre los medios más aptos para vencerlas;

b) que los Superiores aprovechen la catequesis y las organizaciones de Acción Católica, para ir introduciendo progresivamente a los seminaristas en el ministerio pastoral y en el contacto con los fieles;

c) que se enseñe a los futuros sacerdotes a orientar y a ilustrar a los fieles, de modo práctico y eficaz, sobre la verdad de la Santa Religión, disipando los errores que siembran los acatólicos y los enemigos de la Iglesia, y asimismo a combatir de manera asequible, la propaganda de las teorías materialistas del comunismo, exponiendo con claridad y sencillez las soluciones cristianas a los problemas sociales.

(Río, Conclusiones 20)

Capítulo III

Conservación y mejora de la formación del sacerdote La Conferencia:

Quiere expresar su vivo deseo de que crezca aún más en el ánimo de todos los sacerdotes la preocupación constante por conservar y mejorar la formación ascética, doctrinal y humana que recibieron en el Seminario, con el afán de asegurar también la fecundidad y la eficacia de su ministerio pastoral; por lo tanto:

(Río, Conclusiones 21)

Ruega, de modo especial, a todos los sacerdotes, que mediten y lleven a la práctica las normas dadas por los Sumos Pontífices, y concretamente por el Santo Padre Pío XII en la Exhortación Apostólica Menti Nostrae sobre la santidad sacerdotal.

(Río, Conclusiones 22)

Encarece a los sacerdotes, con particular interés:

a) que cumplan todo lo dispuesto en el canon 125 2° del Código de Derecho Canónico, es decir, la práctica diaria de la oración mental, la visita al Santísimo Sacramento, el rezo del Santo Rosario y el examen de conciencia;

b) que acudan a la confesión semanal o al menos quincenal, al retiro mensual y cada año, si es posible, a los ejercicios espirituales;

c) que vivan el espíritu de la liturgia y sean asiduos en la meditación de libros espirituales y, sobre todo, de la Sagrada Escritura, verdadera fuente de vida sobrenatural;

d) que cultiven una sobrenatural amistad con sus hermanos sacerdotes, capaz de llevarles a ayudarse mutuamente, y de un modo especial en el terreno espiritual.

(Río, Conclusiones 23)

Aconseja a los Excmos. Ordinarios que:

a) fomenten, en la medida que sea posible, la vida común del clero, como aconseja y alaba el Código de Derecho Canónico;

b) establezcan asociaciones sacerdotales, que contribuyan al bien espiritual del sacerdote;

c) utilicen los medios más experimentados para aliviar a los sacerdotes las preocupaciones económicas, que pueden restarles atención y sensibilidad para los problemas espirituales y apostólicos: las soluciones concretas se acomodarán, lógicamente, a las circunstancias de cada región, pero servirá de gran ayuda conocer y estudiar los sistemas empleados con éxito en otras Diócesis;

d) estimulen la difusión entre el Clero de los documentos Pontificios, libros y revistas católicas de actualidad, para que quede debidamente informado sobre las soluciones a los distintos problemas del momento; buen medio podría ser la creación dentro de cada Diócesis de bibliotecas circulantes para los sacerdotes;

e) cuiden de que las periódicas conferencias sacerdotales se tengan de forma fraternal y atrayente, como medio para perfeccionar los estudios eclesiásticos y para intensificar la vida sobrenatural;

f) recomienden a todos los sacerdotes, y especialmente a los más jóvenes, gran cuidado en las lecturas, prefiriendo las que pueden hacerles mayor bien espiritual, y evitando las que no sean idóneas para un ministro del Señor.

(Río, Conclusiones 24)

Respecto a los sacerdotes jóvenes, se permite sugerir a los Excmos. Ordinarios, que tengan con ellos un contacto singularmente frecuente y paternal, a fin de conocerles, sostenerles y guiarles mejor en el comienzo de su vida sacerdotal.

(Río, Conclusiones 25)

Aconseja asimismo que se procure:

a) colocar a los recién ordenados junto a sacerdotes ejemplares y de experiencia, que con las enseñanzas de su vida y sus consejos les inculquen los hábitos de una santa vida sacerdotal y les ayuden a ser fieles en los ejercicios de piedad;

b) organizar equipos sacerdotales- por ejemplo para misiones, obras sociales, trabajos catequísticos y otras formas de apostolado- en los que, entre otras ventajas, los sacerdotes jóvenes puedan encontrar en sus cohermanos de más edad y experiencia, ayuda desde el punto de vista espiritual y pastoral.

(Río, Conclusiones 26)

Finalmente, cree oportuno recomendar vivísimamente a los sacerdotes que, intensificando el espíritu sobrenatural y la conciencia de la unidad substancial del sacerdocio católico, alimenten los vínculos de hermandad, de respeto y de caridad con todos sus cohermanos, seculares o religiosos, nativos o provenientes de otros Países, y sepan colaborar fraternalmente en el común ideal de la gloria de Dios y salvación de las almas.

(Río, Conclusiones 27)