Via Crucis 2015: Meditaciones de S.E. Mons. Renato Corti, Obispo emérito de Novara
Martes 31 de marzo de 2015

LA CRUZ, CIMA LUMINOSA DEL AMOR DE DIOS QUE NOS PROTEGE
Llamados, también nosotros, a proteger por amor

INTRODUCCIÓN

Era el 19 de marzo de 2013. El Papa Francisco había sido elegido pocos días antes. Pronunció la homilía sobre san José, que fue el «custodio» de María y de Jesús, y cuyo estilo estaba urdido de discreción, humildad y silencio, de presencia constante y total fidelidad.

En el vía crucis que vamos a comenzar, habrá una referencia constante al don de estar protegidos por el amor de Dios, sobre todo por Jesús crucificado, y a la tarea de cuidar, también nosotros, por amor, de toda la creación, de todos los hombres, especialmente de los más pobres, de nosotros mismos y nuestras familias, para hacer brillar la estrella de la esperanza.

Participemos en este vía crucis íntimamente unidos a Jesús. Atentos a lo que está escrito en los Evangelios, se irán observando con discreción algunos sentimientos y pensamientos que pudieron embargar la mente y el corazón de Jesús en aquellas horas de prueba.

Al mismo tiempo, nos dejaremos interpelar por algunas situaciones de la vida que caracterizan –para bien o para mal– nuestros días. Expresaremos así una resonancia que manifieste nuestro deseo de dar algún paso en la imitación de nuestro Señor Jesucristo en su pasión.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro,
que has querido realizar la salvación de todos los hombres
por medio de tu Hijo muerto en la cruz,
concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra
este misterio de amor,
dar testimonio de él, con palabras y obras,
ante cuantos, en tu bondad, se cruzan en nuestro camino cada día.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

PRIMERA ESTACIÓN

Jesús es condenado a muerte
Intimidad, traición, condena

Adoramus…

Del Evangelio según san Lucas

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros... Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros».

Del Evangelio según san Marcos

«Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: “¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?”. Ellos gritaron de nuevo: “¡Crucifícalo!”... Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Acabo de celebrar la Pascua con mis discípulos. Era algo que había deseado ardientemente: la última Pascua, antes de la pasión, antes de volver a ti. Pero, de pronto, se ha visto alterada. El diablo había metido en la cabeza de un discípulo mío que me traicionara. En el huerto de Getsemaní ha venido hacia mí. Con un gesto que es expresión de amor, me ha saludado diciéndome: «Salve, Maestro». Y me ha besado. ¡Qué amargura en aquel momento!

Durante la cena, te he suplicado, Padre, que guardes a mis discípulos en tu nombre, para que sean uno, como nosotros.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, nosotros somos todavía más frágiles en la fe que los primeros discípulos. También nosotros corremos el riesgo de traicionarte, cuando tu amor debería alentarnos a amarte cada vez más.

Nos hace falta oración, vigilancia, sinceridad y verdad. Así, la fe crecerá. Y será fuerte y gozosa.

Oremos

Protegidos por la Eucaristía
«El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, nos guarden para la vida eterna». Que este milagro se cumpla en los sacerdotes que presiden la Eucaristía y en todos nosotros, los fieles, que nos acercamos al altar para recibirte a ti, Pan vivo bajado del cielo.

Todos: Pater noster... Stabat Mater…

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas
«Contado entre los pecadores»

Adoramus…

Del Evangelio según San Marcos

«Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me rodean los soldados del gobernador. Para ellos, ya no soy una persona, sino un objeto. Quieren divertirse conmigo, burlarse de mí. Por eso me visten de rey. Han preparado incluso una corona, pero de espinas. Me golpean en la cabeza con una caña. Me escupen. Me sacan afuera.

Resuenan en mí las dramáticas palabras del profeta Isaías sobre el Siervo del Señor. Dicen de él que no tiene aspecto atrayente; que es despreciado, varón de dolores, como un cordero llevado al matadero; que es arrancado de la tierra de los vivos, maltratado hasta la muerte. Ese Siervo soy yo, para desvelar la grandeza del amor de Dios por el hombre.

Nuestra resonancia

Tú, Jesús, has sido «contado entre los pecadores». En la primera generación cristiana, precisamente por hablar públicamente de ti, Pedro y Juan, Pablo y Silas, entraron en prisión. Así ha ocurrido muchas veces a lo largo de los siglos.

También en nuestros días hay hombres y mujeres que son encarcelados, condenados e incluso asesinados simplemente por ser creyentes o por su compromiso en favor de la justicia y la paz. Ellos no se avergüenzan de tu cruz. Son ejemplos admirables para que los imitemos.

Oremos con las palabras de un mártir
Shahbaz Bhatti

En la mañana del 2 de marzo de 2011, el paquistaní Shahbaz Bhatti, Ministro de las Minorías, fue asesinado por un grupo de hombres armados. En su testamento espiritual escribe:

«Recuerdo que un viernes de Pascua, cuando sólo tenía trece años, escuché un sermón sobre el sacrificio de Jesús por nuestra redención y por la salvación del mundo. Y pensé corresponder a su amor dando amor a nuestros hermanos y hermanas, poniéndome al servicio de los cristianos, especialmente de los pobres, los necesitados y los perseguidos que viven en este país islámico.

Quiero que mi vida, mi carácter, mis actos, hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Este deseo es tan fuerte en mí, que me sentiría privilegiado si Jesús aceptara el sacrificio de mi vida».

A la luz de este testimonio, oremos: Señor Jesús, conforta interiormente a los perseguidos. Que se extienda por todo el mundo el derecho fundamental a la libertad religiosa. Te damos gracias por todos aquellos que, como «ángeles», ofrecen maravillosos signos de la venida de tu Reino.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae bajo el peso de la cruz
«Este es el Cordero de Dios»

Adoramus…

Del Libro del profeta Isaías

«Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me tambaleo al dar los primeros pasos hacia el Calvario. He perdido ya mucha sangre. Me resulta difícil sostener el peso del madero que he de llevar. Y caigo a tierra.

Alguien me levanta. A mi alrededor veo mucha gente. Entre ellos, hay quien me quiere bien. Otros son sólo curiosos. Pienso en Juan Bautista que, al comienzo de mi vida pública, dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Ahora se revela la verdad de esas palabras.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, en este día no podemos parecernos al fariseo que se ensalza a sí mismo, sino al publicano que no se atreve siquiera a levantar la cabeza. Como él, te pedimos con confianza, a ti que eres el Cordero de Dios, perdón por nuestros pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Meditando sobre el peso de tu cruz, no nos avergonzaremos de hacer sobre nuestro cuerpo la señal de la cruz: «Es una ayuda eficaz: gratuita para los pobres y, para quien es débil, no exige ningún esfuerzo. Se trata, ciertamente, de una gracia de Dios».

Oremos

Tu Hijo ha compartido nuestra vida humana

Te alabamos, Padre santo, porque muchas veces, a través de los profetas nos has enseñado a esperar tu salvación. Te alabamos porque tanto amaste al mundo, que nos enviaste a tu Hijo único. Para cumplir tus designios, él compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y la alegría a los afligidos.

Gracias, Padre.

Todos: Pater noster…, Stabat Mater…

CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con su Madre
Una espada traspasa su alma

Adoramus…

Del Evangelio según san Lucas

«Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: “Mira, este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”… Su madre conservaba todo esto en su corazón».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Mi Madre está entre la gente. Mi corazón late con fuerza. No consigo verla bien. La sangre me cubre la cara.

Cuando tenía cuarenta días, me llevaron al Templo para presentar la ofrenda, según la Ley de Moisés. A mis padres les habló un profeta. Se llamaba Simeón. Me tomó en brazos. Dijo que yo sería «una bandera discutida» y que a mi madre «una espada le traspasaría el alma». Palabras que en este momento se han hecho amarga realidad para ambos. Hoy se realiza plenamente la ofrenda de aquel día.

Resonancia de María

«¡Ay de mí! ¿Qué veo? Hijo mío, de estirpe divina. ¡Te arrastran las manos de esos criminales y lo soportas! Te conducen a las cadenas y por tu propia voluntad te diriges hacia ellas, tú que eres quien libra de sus cadenas al linaje de los encadenados… ¡Yo me muero! Dime, dime una sola palabra, tú, Palabra de Dios Padre; no, no pases en silencio ante la esclava convertida en madre».

Señor Jesús, el drama que afrontas junto a tu Madre por una callejuela de Jerusalén nos hace pensar en tantas tragedias familiares de nuestro mundo. Hay para todos: madres, padres, hijos, abuelos y abuelas. Es fácil juzgar a los demás, pero lo más importante es saber ponerse en su lugar y ayudarles en la medida de lo posible. Lo intentaremos.

Oremos

«Haced lo que él os diga»

María Santísima, madre de Jesús, esposa de José, te pedimos que acompañes el Sínodo de los Obispos dedicado a la familia. Intercede por el Papa, por los Obispos y por cuantos están directamente involucrados en él. Que sean dóciles al Espíritu Santo y logren discernir con acierto. Que tengan siempre presente lo que dice el salmo: «La misericordia y la verdad se encontrarán». En Caná, tú, María, dijiste a los siervos: «Haced lo que él os diga». Acude en ayuda de los esposos y a los padres cristianos, llamados a dar testimonio de la belleza de una familia inspirada y guiada por las enseñanzas de Jesús.

Todos: Pater noster…, Stabat Mater…

QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Regresando del campo

Adoramus…

Del Evangelio según San Lucas

«Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Oigo gritos a mi alrededor. Toman a la fuerza a un campesino que pasaba por allí, seguramente por casualidad. Sin muchas explicaciones, lo obligan a llevar mi peso. Me siento aliviado. Le mandan que vaya detrás de mí. Iremos juntos hasta el lugar de mi suplicio.

Más de una vez, predicando el Reino de Dios, dije: «Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío». Sin embargo, ahora este hombre carga incluso con la mía. Quizás ni siquiera sabe quién soy, pero igualmente me ayuda y me sigue.

Nuestra resonancia en alabanza de Simón

«Dichoso tú, Simón, que durante la vida llevaste la cruz detrás de nuestro Rey. Los que llevan las insignias de los reyes se sienten orgullosos, pero los reyes y sus insignias pasarán. Dichosas tus manos que levantaron y llevaron en procesión la cruz de Jesús que nos dio la vida».

Señor, quizás también para algunos de nosotros el encuentro contigo sucedió de modo fortuito. Pero luego se ha hecho más profundo.

Consideramos un gran don de tu gracia que no falten entre nosotros cirineos, que lleven la cruz de los otros. Lo hacen con perseverancia. Los motiva el amor. Su presencia es fuente de esperanza. Ponen en práctica la invitación de san Pablo: «Llevad los unos las cargas de los otros». Y así cuidan de sus hermanos.

Oremos

¿Quién no tiene necesidad de un cirineo?

Señor Jesús, tú has dicho que «hay más dicha en dar que en recibir». Haznos disponibles para que también nosotros llevemos a cabo la tarea del «cirineo». Que quien vea nuestra forma de vida se sienta animado al vernos cultivar lo bello, lo justo, lo verdadero, lo esencial. Que quien sea frágil nos vea humildes porque, en muchos aspectos, también nosotros somos frágiles. Que quien reciba de nosotros signos de gratuidad perciba que nosotros mismos tenemos mil motivos para decir «gracias». Que quien no pueda correr se sienta tranquilo, porque le queremos. Estamos dispuestos a ir más despacio: no queremos dejarlo atrás.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Discípulas

Adoramus…

Del Evangelio según San Lucas

«En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Entre la multitud hay muchas mujeres. Su delicadeza impulsa a una de ellas a acercarse para secarme el rostro. Este gesto me hace recordar otros encuentros. Uno de ellos, hace una semana. Fui a cenar, por amistad, a Betania, en casa de Marta, María y Lázaro. María me ungió los pies con óleo perfumado de nardo auténtico. Se sorprendió cuando le dije que lo conservara para mi sepultura.

Me veo también sentado junto al pozo de Sicar. Estaba cansado y sediento. Llega en aquel momento una mujer samaritana con un cántaro. Le pido agua. Le hablo de un agua que salta hasta la vida eterna. Parece que esperaba este don para abrir su corazón. Quería contarme todo sobre ella. La vi maravillada profundizando en su propia conciencia. Volvió a su pueblo hablando de mí y diciendo: «¿Será este el Mesías?».

Nuestra resonancia

Señor Jesús, esta tarde, entre nosotros, la presencia femenina es significativa. En los Evangelios, las mujeres tienen un lugar destacado. Os ayudaron a ti y a los apóstoles. Algunas de ellas estuvieron presentes en tu pasión. Y fueron las primeras en anunciar tu resurrección.

El genio femenino nos lleva a vivir la fe con afecto hacia ti. Nos lo enseñan todos los santos. Queremos seguir sus huellas.

Oremos

El don de la maternidad espiritual

Señor Jesús, las mujeres sostienen en gran medida el anuncio de la fe en el mundo y el camino de las comunidades cristianas. Haz que sigan siendo testigos de esa felicidad que brota del encuentro contigo y que constituye el secreto profundo de sus vidas. Cuídalas como signo luminoso de maternidad junto a los últimos que, en sus corazones, son los primeros.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez
«No te quedes lejos de mí»

Adoramus…

Del Evangelio según san Mateo

«Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, a orar. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo: “Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”».

Del Evangelio según san Lucas

«Se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

No es sólo cansancio físico. Es algo más profundo lo que me pasa. Ayer tarde estuve un buen rato postrado en oración al Padre. Mi sudor era como gotas de sangre. Estaba ya en agonía. Estoy viviendo la experiencia extrema y difícil de todo ser humano que se acerca a la muerte. Gracias, Padre, por haberme enviado en ese momento un ángel del cielo a consolarme.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, ¡qué abismo de tristeza en tantas almas heridas por la soledad, el abandono, la indiferencia, la enfermedad, la muerte de un ser querido!

Inconmensurable, el dolor de cuantos sufren la crueldad de la violencia, el odio de palabras falaces o se encuentran con corazones de piedra que hacen llorar y llevan a la desesperación.

El corazón del hombre –el corazón de cada uno de nosotros– espera otra cosa: el cuidado del amor. Tú, Jesús, nos lo enseñas a todos los hombres de buena voluntad: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Oremos

Que mi corazón cuide y consuele

Que las puertas de mi corazón estén abiertas. Que sea grande como el corazón de Dios. Que esté dispuesto a llevar esperanza, a ocuparse de los demás, a escuchar, a poner bálsamo en las heridas, a iluminar a quien se encuentra en tinieblas. Que cuide y consuele hoy, mañana y siempre.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
«Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo»

Adoramus…

Del Evangelio según san Lucas

«Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Hace pocos días que llegué a Jerusalén. Una comitiva de discípulos me acogió haciendo fiesta con regocijo. Incluso me aclamaban diciendo: «Bendito el que viene en el nombre del Señor». En medio de su sencillez, ese momento fue solemne. Sin embargo, no fue del agrado de los fariseos. La fiesta no impidió que llorase al ver la ciudad. Ahora que voy exhausto al Gólgota, oigo voces de mujeres que se lloran por mí y se dan golpes de pecho.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, también hoy, viendo nuestras ciudades, tendrías motivos para llorar. Quizás también nosotros estamos ciegos y no comprendemos el camino de paz que tú nos indicas.

Pero ahora sentimos como una llamada tuya lo que dijiste en el Sermón de la Montaña: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». Y también cuando dijiste a tus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo… Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo».

Oremos

A la luz de la Jerusalén del cielo

Señor y Dios nuestro, nos has llamado a la Jerusalén del cielo, que es la tienda de Dios con los hombres. Nos has prometido que allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, que no habrá ya muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Tú serás nuestro Dios y nosotros seremos tu pueblo. Preserva en nosotros la esperanza de que, después de sembrar con lágrimas, llegará el momento gozoso de recoger las gavillas.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
El “viaje” de Jesús

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Mi camino terreno llega a su fin. Cuando nací, mi madre me puso en un pesebre. He pasado casi toda mi vida en Nazaret. He formado parte de la historia del pueblo elegido.

Como enviado itinerante del Padre, he anunciado la amplitud de su amor, en el que todos caben; la extensión de su amor, que se mantiene fiel a lo largo todas las generaciones; la altitud de su amor, esperanza que vence incluso a la muerte; y la profundidad de su amor, que no me ha enviado para los justos, sino para los pecadores.

Muchos escucharon mi palabra y me siguieron, convirtiéndose en discípulos míos; otros no me comprendieron. Algunos me rechazaron y, al final, me condenaron. Pero, en este momento, más que nunca, me siento llamado a revelar el amor de Dios por los hombres.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, ante tu amor y el amor del Padre, nos preguntamos si no nos estaremos dejando contagiar por el mundo, que considera tu pasión y muerte «necedad y escándalo», siendo así que es «fuerza y sabiduría de Dios». ¿No estaremos siendo cristianos tibios, cuando tu amor es un misterio de fuego?

¿Nos damos cuenta de que antes de que Dios viniese a nosotros, ni siquiera sabíamos quién era Dios? Cuando tú, Hijo Unigénito, llegaste, Dios, que nos hizo a su imagen, nos permitió levantar los ojos a él y nos prometió el Reino de los cielos. ¿Cómo no amar a Aquel que nos ha amado primero»?

Oremos

«Abba, Padre»

Señor y Dios nuestro, nos atrevemos a llamarte «Padre nuestro». Sentirnos hijos tuyos es un don maravilloso del que te estaremos eternamente agradecidos. Sabemos, Padre, que no somos una mota de polvo en el universo. Nos has dado una gran dignidad, nos has llamado a ser libres. Líbranos de toda forma de esclavitud. No dejes que nos perdamos lejos de ti. Padre, cuida de cada uno de nosotros. Cuida de todos los hombres sobre la faz de tierra.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
La túnica

Adoramus…

Del Libro de los Salmos

«Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me quedo en silencio. Me siento humillado por un gesto aparentemente banal. Hace horas que me quitaron la ropa. Pienso en mi Madre, aquí presente. Mi humillación es también la suya. También de esta manera una espada traspasó su alma. A ella le debía la túnica que me arrebataron. Era un símbolo de su amor por mí.

Nuestra resonancia

Tu túnica, Señor, nos lleva a meditar en un momento de gracia y también en todas las veces que se viola la dignidad del hombre.

La gracia es la del Bautismo. Al niño que acaba de convertirse en cristiano, se le dice: «Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Esta es la verdad más profunda de la existencia humana.

Al mismo tiempo, el amor con que cuidas a todas las criaturas nos lleva también a pensar en situaciones terribles: el tráfico de seres humanos, los niños soldados, el trabajo esclavo, los niños y adolescentes a los que han robado su inocencia, heridos en su intimidad, profanados sin piedad.

Tú nos haces pedir humildemente perdón a cuantos sufren estos ultrajes y rezar para que finalmente se despierte la conciencia de los que oscurecen el cielo en la vida de los demás. Ante ti, Señor Jesús, renovamos nuestro propósito de «vencer el mal con el bien».

Oremos

Las dos vías

«Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
La suprema cátedra del amor de Dios

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Entonces se lo entregó para que lo crucificaran… Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: Jesús el Nazareno, el rey de los judíos».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me están taladrando los pies y las manos. Los brazos estirados. Los clavos atraviesan mi carne con dolor. Tengo el cuerpo inmovilizado, pero libre el corazón, y con esa libertad fui hacia mi pasión. Libre, porque está lleno de amor, de un amor que quiere incluir a todos.

Miro a los que me crucifican. Pienso en los que se lo han mandado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Junto a mí hay otros dos condenados a morir en cruz. Uno de ellos me pide que me acuerde de él cuando esté en mi reino. Sí –le digo–, «hoy estarás conmigo en el paraíso».

Nuestra resonancia

Te vemos, Señor Jesús, clavado en la cruz. Y nos asaltan preguntas apremiantes: ¿Cuándo quedará abolida la pena de muerte, vigente aún hoy en numerosos Estados? ¿Cuándo desaparecerá todo tipo de tortura y la muerte violenta de personas inocentes? Tu Evangelio es la mejor defensa para el hombre, para todos los hombres.

Oremos

«Ten piedad de nosotros»

Señor Jesús, tú aceptaste la cruz para enseñarnos a dar nuestra vida por amor;
en la hora de la muerte, escuchaste al ladrón arrepentido.
Salvador inocente, fuiste contado entre los malhechores
y te sometiste al juicio de los pecadores.
Ten piedad de nosotros.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
Señor, te necesitamos» (Beato Pablo VI)

Adoramus…

Palabras de Jesús en la cruz

Jesús dijo a voz en grito: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Después, dirigiéndose a su Madre, dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; y al discípulo Juan: «Ahí tienes a tu madre». Añadió: «Tengo sed»; dijo: «Está cumplido»; y, finalmente: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

Nuestra resonancia

En la cruz, Jesús, rezaste. Así viviste el momento culminante de tu vocación y misión.

Te dirigiste a tu Madre y al discípulo Juan. A través de ellos, nos hablabas también a nosotros. Nos confiaste a tu Madre. Nos pediste que la acogiéramos en nuestra vida, para que nos cuidase a nosotros igual que cuidó de ti.

Nos impresiona mucho que, en tu larga agonía de horas, te hayas dirigido a voz en grito a Dios con las palabras del salmo 21, que expresan los sufrimientos, pero también las esperanzas del justo.

El evangelista Lucas recuerda que, poco antes de morir, dijiste: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». La respuesta que el Padre dará será tu resurrección.

Oremos

«Omnia nobis est Christus» (San Ambrosio)

- «Te necesitamos, Señor, para saber quién somos y adónde vamos.

- Te necesitamos para reencontrar las verdaderas razones de la fraternidad entre los hombres, el fundamento de la justicia, los tesoros de la caridad, el sumo bien de la paz.

- Te necesitamos, gran Paciente de nuestros dolores, para conocer el sentido del sufrimiento.

- Te necesitamos, Vencedor de la muerte, para librarnos de la desesperación y del vacío.

- Te necesitamos, Señor, para aprender el amor verdadero y para proseguir, con la alegría y la fuerza de tu caridad, nuestro arduo camino hasta el encuentro final contigo, amado, esperado, bendito por los siglos».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz
La vía regia para la Iglesia

Adoramus…

Del Evangelio según san Mateo

«El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús… dijeron aterrorizados: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”. Había allí muchas mujeres… Entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo».

Jesús ha pasado de este mundo al Padre. Su pasión nos da la gracia de descubrir, dentro de la historia, la pasión de Dios por el hombre. Los santos han correspondido convirtiéndose en discípulos y apóstoles. A esto mismo estamos llamados también nosotros.

Nuestra resonancia

- «En ti, Jesús –Palabra hecha carne–, estamos llamados a ser la Iglesia de la misericordia.

- En ti –pobre por elección–, la Iglesia está llamada a ser pobre y amiga de los pobres.

- Contemplando tu rostro, el nuestro no podrá ser distinto del tuyo.

- Nuestra debilidad será fuerza y victoria si manifiesta la humildad y de la mansedumbre de nuestro Dios».

Oremos

«Extiende, Padre, a toda la familia humana el reino de justicia y de paz que has preparado por medio de tu Hijo Unigénito, nuestro rey y salvador, de modo que los hombres tengan paz dulce y verdadera, los pobres encuentren justicia, los afligidos sean consolados y todas las tribus de la tierra sean bendecidas en él, nuestro Dios y Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro
Protegidos para siempre

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Después de esto, José de Arimatea… pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato le autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo… y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos».

Sentimientos de dos amigos de Jesús

El cuerpo de los condenados a la crucifixión no era considerado digno ni siquiera de recibir sepultura. Sin embargo, dos hombres importantes, José de Arimatea y Nicodemo, cuidaron con esmero del cuerpo de Jesús.

«¡Qué fortuna, para mí y para vosotros –nos dice José de Arimatea–, que nos hayamos convertido en discípulos de Jesús! Yo antes me escondía. Ahora, en cambio, siento dentro de mí una fuerte determinación. Me he presentado incluso ante Pilato para obtener el cuerpo de Jesús. Más que la determinación, me han movido el amor y la alegría. Estoy contento de haber podido ofrecer una tumba nueva, escavada en la roca. A vosotros os digo: Amad a nuestro Salvador».

Nicodemo podría añadir: «Mi primer encuentro con Jesús fue en horas nocturnas. Me invitó a nacer de nuevo, a nacer de lo alto. Solamente poco a poco he comprendido aquellas palabras suyas. Ahora estoy aquí para honrar su cuerpo. Por eso, he comprado una mixtura de mirra y áloe. Pero, la verdad es que él ha hecho mucho más por mí: ha perfumado mi vida».

María habla a nuestro corazón

«Juan ha permanecido junto a mí. Al pie de la cruz, mi fe ha sufrido una dura prueba. Como en Belén y después en Nazaret, también ahora medito todas estas cosas en silencio. Confío en Dios. No he perdido mi esperanza de madre. Confiad también vosotros. Para todos vosotros pido la gracia de una fe fuerte. Para aquellos que atraviesan días de oscuridad, el consuelo».

Oremos

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

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