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El sabio filósofo tomista Etienne Gilson gustaba relatar esta sabrosa anécdota: Dos personajes históricos apasionaron el genial escritor inglés Gilbert Keith Chesterton: San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino.

El "poverello", por que apelaba a su conciencia social, y el santo dominico por que para G.K. ambos compartían en su origen la misma raíz normanda. Un día decidió escribir un libro sobre el Doctor "Angélico". Para ello, el prolífico autor, acudió a su técnica usual cuando se trataba de redactar artículos sobre los temas más dispares: recabar de su extraordinaria memoria los conocimientos necesarios, y el resto dejárselo a su viva inspiración. Fue así como Chesterton dictó la mitad de la anunciada obra.

Cuando unos alarmados amigos le advirtieron que concienzudos eruditos habían consumido sus vidas a través de los siglos estudiando a Santo Tomás de Aquino, Chesterton hizo un paréntesis en su ímpetu creativo y pidió a su secretaria que buscara algunos libros especializados.

- ¿Que clase de libros?, interrogó a su colaboradora.
Chesterton le respondió despreocupado:
- Los que usted quiera.

Con la ayuda de un sacerdote conocido la responsable secretaria se entregó a la búsqueda de tratados y estudios sobre el Aquinate. Al presentarle a Chesterton el fruto de sus pesquisas, G.K. inclinó su jovial rostro, coronado de una leonina melena blanca, para permitir que sus ojillos miopes los recorran a toda prisa, defendiéndose en algunas páginas. Al darse por satisfecho tras breve examen, los puso a un lado y terminó con el dictado.

Más tarde uno de los ejemplares de "Santo Tomás de Aquino" llegó a manos del reputado tomista.

- "Chesterton es desesperante" exclamó Gilson. "He estudiado a Santo Tomás toda mi vida, y nunca podría haber escrito un libro como el suyo. Sólo un genio es capaz de esta hazaña".

"G.K" Chesterton - como a él le gustaba firmar sus escritos- fue uno de los más extraordinarios personajes que han surgido entre los católicos de habla inglesa en este siglo. Y sin lugar a dudas, uno de los menos convencionales. Polemista impetuoso e incansable, ensayista, periodista, poeta, dramaturgo, autor galardonado y propagandista, pasaba del artículo fugas y humorístico, al ensayo grave y erudito. De su pluma salieron miles de artículos y más de noventa libros. Su memoria para retener los datos que leía se torno legendaria. Un amigo relataba que podía absorber los libros "como una aspiradora".

"Soy sobre todo un periodista" escribió en su autobiografía. A este "periodista" se deben otras obras de extraordinaria prosa como "Ortodoxia"; "Heréticos"; "El hombre sempiterno"; "Magia"; "El juicio del doctor Johnson"; "La pequeña historia de Inglaterra"; "El hombre que fue jueves"; la serie de aventuras y de misterios en la que el principal protagonista es un sacerdote católico, el padre Brown; "El Napoleón de Nottin-hill" que se adelanta a las denuncias de Aldous huxley y George Orwell sobre una sociedad dominada por un "superestado". Quizás fue el Papa Pío XI quien mejor lo catalogó; llamándolo "defensor de la fe" el primer inglés es recibir tal título desde los oscuros días de la reforma.

Chesterton no podía vivir sin un constante fluir de ideas en su cabeza. Inconforme y crítico de cuanto veía negativo, sus escritos intentaban dar alternativas y soluciones. El caso de su inspiración para escribir "El Napoleón de Nottin-hill" es característico. Un día se encontraba paseando por las calles de un distingiodo barrio londinense, relatándose mentalmente historietas de asaltos y asedios feudales, a la manera de Walter Scott, y tratarlos de apliarlos vagamente al "desierto de ladrillos y concreto" que lo rodeaban. Su Londres natal se había transformado en una urbe despersonalizada, llena de gente anónima.

Frente a sus ojos se alzaba un centro comercial vivamente iluminado que rompía la monotonía. Una pequeña isla que seguro el imaginario enemigo debía conquistar. Unos juegos de agua cercanos debían ser el blanco de ataque. "Se me ocurrió de repente -recordará Chesterton más tarde- que la captura de esos juegos de agua pudieron significar, en verdad, e golpe militar de inundar el valle, y , con aquellos torrentes y cataratas de aguas imaginarias, invadió mi mente la primera idea de un cuento llamado "El Napoleón de Nottin-hill".

Sus relatos expresan sus ideales, sus posturas políticas. "Nunca he tomado en serio mis libros; pero tomo muy enserio mis opiniones", sentenció en una oportunidad.

G.K. Chesterton fue desde muy joven un hombre público. Su pluma impetuosa, su gusto por la polémica y su incomparable figura -pesaba ciento veinte kilos y medía 1.83 metros de altura- lo convirtieron en uno de los personajes más popular de la Inglaterra.

Un testigo presencial de sus debates con George Bernard Shaw, amigo íntimo pero con quien no estaba de acuerdo en nada, lo describe vivamente: "era un señor gordo y bracicorto, rebosante y fruncido, que juntaba las manos sobre la barriga, retorciéndolas a medida de que iba expresándose, y que, entre labios, burbujeaba algo que si no llegaba perceptiblemente a los demás, le producía a él sobrada hilaridad al emitirlo para no poder siguiera llevar a feliz término las fases".

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