19 de abril de 2006 - 6:31 PM

Vittorio Messori analiza estilo de Benedicto XVI en aniversario de pontificado

Redacción ACI Prensa

Vittorio Messori analiza estilo de Benedicto XVI en aniversario de pontificado

Al cumplirse el primer año de pontificado de Benedicto XVI, el periodista católico italiano Vittorio Messori describió en una entrevista concedida al diario Corriere della Sera lo que, a su juicio, ha sido hasta el momento el estilo, pensamiento y “modo de proceder” del actual Pontífice.

El balance esbozado por Messori, artífice de “Cruzando el umbral de la esperanza”, conversaciones con Juan Pablo II, y “Diálogo sobre la fe”, conversaciones con el Cardenal Ratzinger, incluye algunas comparaciones entre el estilo del actual Pontífice y su predecesor.

Dos estilos

El periodista confesó en la entrevista, que difunde en español el diario La Razón, que “para ser sinceros, hace unos meses también yo me descubrí pensando ‘Santidad, por Dios, muévase un poco’”. “Me parecía que estaba haciendo poco, pero no es cierto. Benedicto XVI es un hombre al que no le gustan los baños de multitudes. Ha reducido drásticamente sus apariciones públicas y los viajes serán tres o cuatro al año, pero hace lo que Juan Pablo II descuidaba un poco: estudia los dossieres. Es pura escuela alemana. Se toma tiempo para el diagnóstico. Todo lo que dice lo escribe él, sentado a su mesita. En la ‘Deus caritas est’ resulta evidente, se reconoce su estilo”, señala Messori.

Al dar su opinión sobre si Benedicto XVI es un Papa “más inaccesible”, el apologeta católico asevera que “sólo en cierto sentido” porque “si nos fijamos en las imágenes de Juan Pablo II, se ve cómo estrechaba miles de manos, a la carrera, pero mirando poco a la cara a sus interlocutores. Ratzinger mira a los ojos, siempre. Se para a hablar con cada uno, quiere saber a quién tiene delante. Cuestión de carácter, supongo. Pero no sólo eso. Wojtyla era un hombre de cristiandad: quería que el Evangelio fuera anunciado a todos los pueblos. Para él las multitudes eran su hábitat. Benedicto XVI es un hombre de interioridades, un intelectual posmoderno. Un hombre que, si pudiera, hablaría siempre de tú a tú”.

Sin embargo, Messori matiza afirmando que “con esto no quiero decir que Benedicto XVI no atraiga a las masas. Navarro-Valls me decía ayer que las audiencias se han triplicado y hasta cuadruplicado. Esto se explica por dos motivos: uno, el efecto imán de Juan Pablo II, que devolvió a Cristo al centro del debate mundial. En el 78, antes de su elección, la crisis de la Iglesia era tremenda: en San Pedro sólo había turistas. El año pasado, en su funeral, ya hemos visto lo que ocurrió. El otro motivo lo explicaba muy bien un periódico alemán: ‘Ratzinger, el académico al que se le entiende’. Benedicto XVI es un profesor, pero con un gran respeto por su interlocutor. Habla con densidad y seriedad, pero esforzándose por hacerse entender. Y esto la gente lo percibe”, señala.

Simplificación de la Curia

Respecto a la visión de Benedicto XVI sobre el modelo que debe tener la Curia Romana, el periodista señala que “este Papa quiere simplificar las cosas”. “A Ratzinger no le gusta el barroquismo curial y la hipertrofia burocrática. Busca simplificar, aligerar las cosas”, afirma Messori aventurándose a decir, sin embargo, que una reforma vía documento pontificio sería para el actual Papa algo que “humanamente le costará mucho esfuerzo” y que será “doloroso”.

Sobre el pensamiento del actual Pontífice, Messori afirma que “Ratzinger ha sido siempre un pensador eurocentrista”: “Es un intelectual, un teólogo occidental que en sus discursos tiene siempre como interlocutor al hombre occidental. No tiene ilusiones tercermundistas. Sabe que el futuro de la Iglesia se juega aquí, a pesar de todo”, agrega.

Al explicar las razones de ello, el periodista opina que hay unas de orden teológico: “Ya en los Hechos de los Apóstoles parece existir una advertencia misteriosa sobre la prevalencia de Occidente en el desarrollo de la fe.

“Pero existen también motivos históricos –continúa–: de las nuevas Iglesias, en el fondo, todavía no ha llegado nada verdaderamente relevante, nada comparable a la vitalidad del catolicismo europeo. La teología de la liberación, vendida como fenómeno sudamericano, desde el punto de vista teórico es toda obra de alemanes y franceses. La misma Iglesia de Estados Unidos, a pesar de los dólares y los 70 millones de fieles, no ha aportado nunca novedades reales: una orden importante, un movimiento, un gran teólogo... nada. Por no hablar de África y de Asia. Benedicto XVI tiene las ideas claras: para él cuenta más mantenerse firme en una parroquia de las Marcas o devolver la vida a las iglesias de Inglaterra que conquistar a los fieles en una diócesis africana”, sostiene. “Quizá por esto está buscando devolver a la Iglesia a los lefebvrianos y lanza señales cada vez más fuertes a los ortodoxos”, sentencia.

Ecumenismo y diálogo interreligioso

Al analizar el pensamiento y modo de proceder de Benedicto XVI sobre el ecumenismo, señala que “algunos obispos se han empeñado durante años en el diálogo con las iglesias protestantes, pero son un fantasma que se han quedado sin pueblo: tienen profesores, pero no tienen fieles. Gastar energías con ellos sirve de poco”.

Respecto al Islam, Messori cree que el Papa “está haciendo el diagnóstico antes de empezar con la terapia”. “Seguro que sabe que los musulmanes no son un monolito: eso quizá lo piensa sólo Bush, que se ilusiona y los combate con bombas. De hecho, si sigue así, creo que se llegará a un choque entre los Estados Unidos y el Vaticano”, opina Messori para quien “la verdadera dificultad en este ámbito está en encontrar a los interlocutores adecuados. El Papa lo sabe, y los está buscando”.

La liturgia no es un show

Es obvio el especial interés de Benedicto XVI por la liturgia. Según Messori, para el Santo Padre esta “es una de las mayores traiciones al Concilio”. Para el periodista, “el verdadero error es pensar en la liturgia como si fuera un show, con el sacerdote que cierra la función diciendo buenas tardes a todos y hasta la próxima, como ocurre en muchas iglesias”.

“Para Benedicto XVI –prosigue– la fuerza de la Misa está, precisamente, en la repetición, en decir las mismas cosas todos los días del mismo modo, alternando gestos y silencios. El sacerdote es sólo un instrumento al servicio del pueblo. Hasta el Papa lo es. Y, de hecho, las celebraciones papales se han vuelto mucho más sobrias. Me dicen que los realizadores de la RAI están descolocados, porque este Papa ha reintroducido la adoración eucarística dentro de la Misa: silencio y oración ante el sacramento, que es lo más antitelevisivo que puede haber. Porque, ¿qué haces en esos momentos, encuadras la hostia y esperas?”, comenta.

Iglesia menos papacéntrica

Por último, Vittorio Messori señala una diferencia de fondo entre los dos pontífices. Sin atisbo de crítica a Juan Pablo II, a quien se sintió especialmente cercano, opina que “Ratzinger quiere hacer a la Iglesia menos papacéntrica. El carisma de Wojtyla, de alguna manera, hizo que la Iglesia se identificase con un hombre, pero Ratzinger busca ser lo menos invasor posible. No quiere que la Iglesia se convierta exclusivamente en el hombre que la guía”.

Sin embargo, opina, “quizá la mayor diferencia entre ambos está en la misma idea de la fe: Juan Pablo II era de un temperamento místico, y el místico no necesita razonar la fe. Ve. Toca. Constata. Para él la fe era una evidencia. No dejaba lugar a dudas o preguntas. Para Benedicto XVI la fe es un redescubrimiento diario, que es necesario explicar, buscarle las razones. Se interroga sobre la fe y conoce la posibilidad de la duda. No es que él mismo dude, pero se da cuenta de que gran parte de los hombres occidentales lo hacen. Y quiere responderles también a ellos”, concluye.

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