El Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), Mons. Miguel Cabrejos, afirmó que el mayor tesoro de un país es su "recurso humano y su desarrollo espiritual" y en ese sentido pidió reflexionar "acerca del tipo de ‘progreso’ y ‘desarrollo’" que se desea para el Perú.

"Es sabido que el mayor tesoro que tiene un país es su recurso humano y su desarrollo espiritual ‘porque una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores’", afirmó el Presidente de la CEP, e indicó que ello es lo que se debe "privilegiar en todo esquema de desarrollo".

En su mensaje por el 186º aniversario de la independencia nacional, el Prelado recordó que promover proyectos de desarrollo en educación, salud y nutrición no tiene que ser visto como gasto sino como inversión. "La mejor inversión que podemos hacer está en atender a las madres gestantes, al niño por nacer, a la infancia y a la juventud; fortalecer la familia, ‘patrimonio de la humanidad’, porque la familia es decisiva para las dimensiones básicas de la vida y para el desarrollo integral de los recursos humanos de un país", afirmó.

El Arzobispo de Trujillo también se refirió a los últimos acontecimientos acaecidos en país, desde las protestas ocurridas en algunas regiones, hasta las campañas de solidaridad realizadas para combatir la ola de intenso frío que sufre la población alto andina.

Mons. Cabrejos destacó el avance económico registrado en los últimos años, sin embargo, recordó que el progreso macroeconómico todavía no ha llegado a los sectores más desfavorecidos. "Una economía despersonalizada no llega a la población, por eso la economía debe tener un rostro humano", expresó.

El Presidente del Episcopado exhortó a "construir aquello que les permita (a los niños y jóvenes) vivir con esperanza e ilusión". Indicó que para ello se debe desarrollar "una conciencia crítica y actitudes éticas auténticas, pues la ética es el único mecanismo que puede dar dirección a un proceso de desarrollo con rostro humano".

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Finalmente, el Prelado advirtió que "si no pensamos, actuamos y crecemos como discípulos de Jesús para los creyentes y personas de buena voluntad, todos juntos y equitativamente, jamás creceremos como país y menos aún como nación. Debemos tener real voluntad de crecer y generar verdaderas oportunidades para los demás, especialmente para los más desfavorecidos".

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