1 de noviembre de 2005 - 8:39 PM

Card. Rouco considera imposible analizar realidad española prescindiendo de la Iglesia

Redacción ACI Prensa

Card. Rouco considera imposible analizar realidad española prescindiendo de la Iglesia

El Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, impartió una conferencia en el Club Siglo XXI, titulada “España y su futuro. La Iglesia Católica”, en la que afirmó que “es imposible prescindir de la Iglesia Católica para cualquier análisis de su realidad actual (de España) y mucho más de su horizonte futuro”.

“La pregunta por el futuro de España presupone la realidad histórica de España, su consistencia actual y su capacidad y posibilidades de desarrollo futuro sin renunciar a su identidad y mucho menos a su existencia histórica” indicó el Purpurado, por lo que es imposible “prescindir de la Iglesia Católica para cualquier análisis de su realidad actual y mucho más de su horizonte futuro”, precisó.

Historia y ordenamiento jurídico

El Arzobispo de Madrid afirmó que la fe católica en España inspira unos “principios antropológicos, éticos y jurídicos de una política que abre auténticos caminos para la valoración incondicional de la dignidad personal de todo hombre por su igual vocación de hijo de Dios, sea cual sea su raza, condición social y religión”.

“La realidad histórica cristiana de España aparece marcada por el signo de ’lo católico’”, y “la fe católica, la forma cristiana de la existencia y la presencia de la Iglesia Católica continúen siendo esenciales en la configuración histórica de la realidad de España durante los siglos XIX y XX”, explicó. “Los numerosos textos constitucionales españoles presentados en ese período histórico” de los siglos XIX y XX “reconocieron positivamente el valor singular de la Iglesia Católica en la ordenación del Estado y de la sociedad, incluso con la fórmula de Religión oficial”, agregó.

El Cardenal Rouco remarcó que “la Iglesia y los católicos españoles, en su inmensa mayoría, aportaron a su país luz sobre la verdad del hombre y vidas entregadas al servicio de los más pobres y necesitados”.

Presente y futuro

“Si no se olvida lo importante –continuó el Purpurado– que es para la pervivencia y el desarrollo fructífero de una sociedad el superar una concepción puramente utilitarista del sentido y del valor de sí misma, la tarea y la responsabilidad de la Iglesia Católica en el futuro de España es evidente” porque “una sociedad que no se funda en una comunidad de ideales de vida y de valores morales fundamentales compartidos, de convicciones básicas sobre el sentido de la existencia y sobre sus expresiones espirituales y/o religiosas, difícilmente podrá conseguir que la cooperación solidaria y la conciencia de la responsabilidad ciudadana se despierten y se mantengan vivas al servicio del bien común”.

“El primer servicio que la Iglesia Católica debe prestar al pueblo y a la sociedad española hoy y de cara a su futuro, es el de ser activamente fiel a su misión de anunciar, celebrar y servir al Evangelio, privada y públicamente; es decir, el de ser ella misma en el contexto de un diálogo respetuoso y abierto con toda la sociedad y de un compromiso permanente con el principio de solidaridad entendido y aplicado al problema de la unidad de España con toda la hondura de las exigencias de la caridad cristiana”, subrayó el Arzobispo.

Derechos fundamentales

Para el Cardenal, del Evangelio “brota un convencimiento íntimo sobre la verdad del ser humano en su relación con Dios”, que le permiten defender “los derechos fundamentales de la persona humana en toda su integridad, comenzando por el derecho a la vida desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, el de la libertad religiosa, el de formar una familia sobre el fundamento del verdadero matrimonio, y siguiendo por el derecho de los padres a elegir la educación moral y religiosa de sus hijos, hasta el derecho al trabajo y los otros derechos sociales, económicos y culturales, reconocidos por los Tratados Internacionales vigentes”

Por ello, el Arzobispo manifestó el deseo de la Iglesia de “estar presente en el futuro de la realidad histórica de la España contemporánea con la misma dedicación, el mismo amor y con la misma pasión por el Evangelio con que lo ha estado en los mejores momentos de su historia bimilenaria”, y se comprometió a nunca dejar de “orar por España, para que conserve viva la herencia de la fe y la herencia de la cultura florecida en el tronco de la tradición cristiana, y mantenga viva la unidad solidaria de todos los españoles”.

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