Santa Teresa de Jesús, Virgen, Doctora de la Iglesia (Memoria)
15 de octubre de 2021

Color: Blanco

Santos:

Lecturas del día:

    Primera opción

  • Primera lectura

    Romanos 4:1-8
    1 ¿Qué diremos, pues, de Abraham, nuestro padre según la carne?
    2 Si Abraham obtuvo la justicia por las obras, tiene de qué gloriarse, mas no delante de Dios.
    3 En efecto, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia.
    4 Al que trabaja no se le cuenta el salario como favor sino como deuda;
    5 en cambio, al que, sin trabajar, cree en aquel que justifica al impío, su fe se le reputa como justicia.
    6 Como también David proclama bienaventurado al hombre a quien Dios imputa la justicia independientemente de las obras:
    7 Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas, y cubiertos sus pecados.
    8 Dichoso el hombre a quien el Señor no imputa culpa alguna.

  • Salmo responsorial

    Salmo 32:1-2, 5, 11
    1 De David. Poema. ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!
    2 Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.
    5 Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.
    11 ¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

  • Evangelio

    Lucas 12:1-7
    1 En esto, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
    2 Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse.
    3 Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados.
    4 «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
    5 Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.
    6 «¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios.
    7 Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.

  • Segunda opción

  • Primera lectura

    Romanos 8:22-27
    22 Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
    23 Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.
    24 Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?
    25 Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia.
    26 Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,
    27 y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.

  • Salmo responsorial

    Salmo 19:8-11
    8 La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo.
    9 Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.
    10 El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,
    11 apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

  • Evangelio

    Juan 15:1-8
    1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.
    2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.
    3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
    4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
    5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
    6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.
    7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
    8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

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