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En sintonía con Dios

Gaudi fue un hombre de Dios con quien mantuvo una hermosa sintonía reflejada en su intensa vida espiritual. Oía la Santa Misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesucristo sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad. "Dios lo quiere así - decía - ; su Divina Providencia sabe lo que hace."

Era devotísimo de la Sagrada Familia, y especialmente de San José. Si alguien le preguntaba cómo sería posible concluir el todavía hoy inacabado templo de la Sagrada Familia, el gran sueño de siempre en su vida ("Tengo sesenta y cuatro años - dijo un día - , y la mitad de ellos los he empleado en este templo, y ahora soy ya su portero…"), en seguida le contestaban: "No se apure: San José es un santo que tiene muchos recursos." Veneraba al Romano Pontífice. No tenía dinero. Una vez pudo ir a Roma, pero prefirió donar lo que el viaje le hubiera costado - y Dios sabe la ilusión con que habría visitado la tumba de pedro - para que le fuese donado al Santo Padre.

De fe firme y confiada acabó por imponerse a su difícil temperamento y también a todas las ideas demoledoras de su época de juventud; profundización constante, a través de la Liturgia, en el conocimiento de la historia de la Salvación; ejemplar seguimiento del Evangelio; esperanza incesante; amor a Dios y amor sacrificado y generoso a su prójimo; piedad y deseo permanente de perfección en las virtudes cristianas: éstas fueron las páginas magistrales del libro de la vida de este arquitecto genial cuya vida, sin embargo, humanamente, a primera vista, pudo parecer a muchos un fracaso. Lo fue, pues muchas de las obras que proyectó ni llegaron siquiera a iniciarse - por ejemplo, la restauración del monasterio de Poblet -, y algunas quedaron inacabadas; pero no ocurrió así, desde luego, con la propia obra de su interior construcción espiritual.

El llamado a la Casa del Padre

El día de su muerte lo había pasado como todos, en su templo: vivía en el taller de la obra, a la que dedicó cuarenta y tres años de su vida; a pie de obra, dirigiendo personalmente hasta el mas mínimo detalle. Salió, como de costumbre, a las cinco de la tarde, hacia el Oratorio de San Felipe Neri. Al cruzar la Gran Vía barcelonesa, a la altura de Bailén, le atropelló el tranvía. Iba calzado con zapatillas de felpa, y con los tobillos envueltos en vendas de lana. Se alimentaba frugalísimamente, pan y fruta las más de las veces. Su lectura habitual era la Biblia y El año litúrgico, del benedictino Dom Deranguer. Había estudiado un curso de gregoriano, porque se decía convencido de que el ritmo y la espiritualidad del canto gregoriano le servían de orientación plástica para sus obras. "No vengo aquí a estudiar gregoriano, decía, sino arquitectura."

Días antes en que fue atropellado le dice a un sacerdote íntimamente amigo suyo: "Yo soy batallador por temperamento; he luchado siempre, y siempre me he salido con la mía, menos en una cosa: en la lucha contra mi genio. Con éste no logro acabar".

Como suele ocurrir a menudo en la Iglesia - y es algo que, afortunadamente, Juan Pablo II está cambiando también - , al morir una persona con fama de santidad evidente entre el pueblo de Dios, si no tiene detrás de sí una organización religiosa, una Congregación, es raro que se abra el proceso de canonización. Es lo que ocurrió con Gaudí también; pero apenas surgió en Cataluña la idea de fundar la Asociación para promover la beatificación de Antonio Gaudí, el pueblo cristiano se sumó a la iniciativa de manera realmente entusiasta.

150 años

Este año, la ciudad de Barcelona conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Gaudí; y por lo tanto, ha denominado este año como el "Año Internacional de Gaudí!. A través de una serie de actividades en honor a este genial arquitecto, Barcelona pretende dar a conocer su obra y mostrará como ésta rompió con la tradición para proponer una nueva forma de entender la arquitectura, respecto a la aplicación de la geometría, la concepción del espacio como al uso de materiales para dotar de expresividad, formas y colores a sus obras.

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