src=g;m.parentNode.insertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); nuestros corazones y nuestra fe.

7. Es con gran esperanza que me dirijo a todos vosotros, que os encontráis dentro de esta majestuosa Basílica, o que participaron del Santo Rosario desde fuera, para invitarlos a volverse profundamente misioneros y para llevar la Buena Nueva del Evangelio por todos los puntos cardenales de América Latina y del mundo.

Vamos a pedir a la Madre de Dios, Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, que cuide la vida de todos los cristianos. Ella, que es la Estrella de la Evangelización, guíe nuestros pasos en el camino al Reino celestial:

“¡Madre nuestra, protege la familia brasileña y latinoamericana!
Ampara, bajo tu manto protector a los hijos de esta Patria querida que nos acoge,
Tú que eres la Abogada junto a tu Hijo Jesús, dale al Pueblo brasileño paz constante y
prosperidad completa, Concede a nuestros hermanos de toda la geografía latinoamericana un verdadero fervor misionero irradiador de fe y de esperanza,
Haz que tu clamor de Fátima por la conversión de los pecadores, sea realidad, y transforme la vida de nuestra sociedad,
Y tú, que desde el Santuario de Guadalupe, intercedes por el pueblo del Continente de la
esperanza, bendice sus tierras y sus hogares,
Amén”.

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