En todo caso, el misionero matiza que, desde la perspectiva católica, el camino es la esperanza y la paciencia. “Tengamos fe en el Espíritu que acompañará esta peregrinación y nos ayudará a discernir lo posible en cada etapa”, señala.
“Quizás surjan oportunidades para colaborar en la enseñanza, en la pastoral o incluso en la participación común en ciertos sacramentos. Eso ya constituiría un testimonio común fuerte”, añade.
Además, asegura que, dado que el destino final de esta peregrinación es Jerusalén, “es importante establecer contacto con los patriarcas y jefes de las Iglesias allí, sin demora”. En este sentido, asegura que dado que el Patriarca ortodoxo griego de Jerusalén es generalmente reconocido como el primero entre sus hermanos, “debe estar involucrado desde el principio”.
El P. Bouwen sitúa la relevancia del Jubileo no sólo en la efeméride —los dos mil años de la Redención— sino en el contexto en el que fue anunciado: las celebraciones ecuménicas del 1700º aniversario del Concilio de Nicea (325), celebradas primero en Iznik y después en Estambul.
Las Mejores Noticias Católicas - directo a su bandeja de entrada
Regístrese para recibir nuestro boletín gratuito de ACI Prensa.
Click aquí
“Mientras celebramos en el Símbolo de la Fe de Nicea los fundamentos de la fe cristiana comunes a todas las Iglesias, la llamada a una peregrinación común hacia 2033 vuelve nuestra mirada hacia los acontecimientos salvíficos que están en el corazón de esta fe: la encarnación, la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo”, afirma.
Desde esta perspectiva, Jerusalén emerge como destino natural de ese camino compartido. “Jerusalén es el lugar donde estos acontecimientos tuvieron lugar”, recuerda el misionero, que insiste en que el Jubileo solo podrá dar frutos si se vive como un auténtico proceso ecuménico.
El P. Bouwen también vincula este horizonte con un precedente histórico clave: la peregrinación de San Pablo VI a Jerusalén en enero de 1964. “Su ardiente deseo era enraizar sólidamente el Concilio Vaticano II, y la Iglesia misma, en los misterios que están en el origen de su fundación y misión”, explica.
En aquel viaje tuvo lugar el histórico encuentro con el Patriarca ecuménico Atenágoras, sellado con un beso de paz que, en palabras de este sacerdote “se convirtió en un icono y una promesa del redescubrimiento común y del caminar conjunto de nuestras Iglesias hacia la plena comunión”.
Dona a ACI Prensa
Si decides ayudarnos, ten la certeza que te lo agradeceremos de corazón.
Donar