ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con nuestros seres queridos… ellos eran eso que ya nunca serán…
Porque ellos no son sólo los 45 del tren,
ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta.
Ellos no son sólo los 45 del tren…
pero son los 45 del tren…
Y nosotros…
nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 7:45 de aquella fatídica tarde.
Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico, donde el paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al llanto cuando empezamos a comprender, en el lento avance de las horas, que volveríamos sin ellos.
Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos.
Somos las 45 familias que cambiarían todo el oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj tan sólo 20 segundos.
Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad, porque sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará.
Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que…
En los brazos de la Virgen
ahora duermen
y el regazo de una Madre que los quiere
es quien los mece.
Virgencita de la Cinta,
Patrona de este gran pueblo,
dales paz, serenidad,
descanso eterno.
Virgen bella, Virgen guapa,
no los sueltes de tu vera,
que no sientan el dolor,
que no sientan la miseria.
Que el amor y la verdad
los cobije para siempre
y en el abrazo de Dios
la vida venza a la muerte.
Madre de la Almudena,
Virgen que guía el camino,
llévales el beso mudo,
ese adiós que no les dimos.
Remedios, Madre querida,
Reina del aljaraqueño,
bríndales tus firmes manos,
que ya nunca tengan miedo.
Madre del Amor Hermoso,
Reina de la Victoria,
Dolores del negro luto,
concédeles Tú la gloria.
Y guía también nuestras vidas,
humilde Virgen del Sol,
y que la misericordia
lata en nuestro corazón.
Haz que cese este dolor,
Virgen morena del Carmen,
llévate esta cruel espada
con la espuma de los mares.
Y Tú, Virgen del Rocío,
la que alumbra mis desvelos,
la que siempre me acompaña
cuando me rompo por dentro,
abraza sus corazones
y llévales un suspiro
con una canción de amor
por los años compartidos.
Diles que tenemos paz
y que seremos valientes,
que el odio no nacerá
en la rabia que nos crece.
Que volverán las sonrisas
y seguiremos viviendo,
y este amor no morirá,
vivirá de sus recuerdos.
Diles Tú, Blanca Paloma,
Pastora de la Rocina,
que siempre los sentiremos
con el sol o con la brisa.
Y que con fe esperaremos
a que llegue ese momento
en el que Dios nos abrace
y así volvamos a vernos.
Descansen en paz…
Dona a ACI Prensa
Si decides ayudarnos, ten la certeza que te lo agradeceremos de corazón.
Donar