El título de Príncipe de la Paz, anunciado por el profeta Isaías, se refiere a la misión mesiánica de Jesús en un mundo marcado por la división, la violencia y el pecado.
10. Luz del mundo
“Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12).
Al llamarse a sí mismo Luz del mundo, Jesús se revela como la presencia de Dios que ilumina la historia humana marcada por el pecado y la muerte. En la Biblia, la luz es signo de vida, verdad y salvación, y es un atributo propio de Dios: “El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal 27,1). La luz de Cristo no elimina mágicamente el sufrimiento ni las tinieblas del mundo, pero ofrece una guía segura en medio de ellas.
11. Rey de reyes
“¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: ‘Sí, tú lo dices’” (Mt 27,11).
Que Cristo es Rey lo confirman muchos pasajes de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, esta doctrina sobre Cristo Rey se halla presente desde el momento de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen, por el cual ella fue advertida que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David, y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin.
12. Redentor del hombre
“El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia” (Redemptor Hominis, San Juan Pablo II).
Este título, central en el magisterio de San Juan Pablo II, subraya que todo hombre, sin excepción, es destinatario de la obra redentora de Cristo.
13. Señor de la historia
“Cristo es el fin de la historia humana” (Gaudium et Spes, 10).
Al proclamar a Jesús como Señor de la historia, la Iglesia afirma que el devenir del mundo no es un proceso al azar. En Cristo, Dios entra definitivamente en el tiempo y lo guía hacia su plenitud.
14. Médico de las almas
“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (cf. Mc 2,17; tradición patrística citada en el Magisterio).
La Iglesia, a través de los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía, hace presente esta medicina del alma, recordando que Cristo no abandona ni deja de ofrecer su amor sanador a todos los que se acercan con fe.
15. Esposo de la Iglesia
“Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (cf. Ef 5,25; Lumen Gentium, 7).
Jesús se presenta como Esposo de la Iglesia para expresar la relación de amor total y fiel que mantiene con su pueblo.
16. Nuestro refugio
“El Señor es mi refugio y mi baluarte, mi libertador, en quien me refugio” (Sal 144,2).
Llamar a Jesús “Nuestro refugio” es reconocer que la verdadera seguridad no proviene de riquezas, poder o control, sino de la confianza plena en Dios hecho hombre.
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