El 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, una fiesta primordial en el calendario litúrgico de la Iglesia y que toca indirectamente un punto de la doctrina eclesial importante pero frecuentemente mal entendido.
La solemnidad es la fiesta patronal de Estados Unidos y marca el reconocimiento de la ausencia de pecado original en la Madre de Dios, gracia que —enseña la Iglesia— le fue concedida desde el momento de su concepción.
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que María fue “redimida desde su concepción” (n. 491) para “poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación” (n. 490).
El dogma fue discutido y cuestionado por protestantes a lo largo de los siglos, lo que llevó al papa Pío IX a reafirmarlo en su constitución apostólica de 1854 Ineffabilis Deus, donde afirma sin ambigüedades que María “fue adornada con la gracia del Espíritu Santo y preservada del pecado original” desde su concepción.
Ineffabilis Deus se cuenta entre las declaraciones papales que los teólogos han considerado desde hace tiempo como “infalibles”. Pero ¿qué significa la infalibilidad papal en el contexto y la historia de la Iglesia?