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Corregir políticamente el nexo entre el aborto y el cáncer de seno

“La primera víctima en tiempo de guerra es la verdad”

Así lo dijo el senador Hiram Johnson hace un siglo y sus palabras siguen siendo ciertas hoy en la guerra declarada contra la Civilización Cristiana. La batalla central en esta guerra es la del aborto, ya que esta práctica atenta contra la santidad de la vida humana: la maternidad, la paternidad, la familia y la esencia misma de quienes somos, de la esencia de la imagen a quienes hemos sido hechos.

Tan desesperados están los defensores del aborto para presentarlo como un bien absoluto, que la información clara y consistente que relaciona el aborto y el cáncer de seno se ha negado, incluso por parte de los mismos autores que la han descubierto, al presentar el documento sobre las políticas del National Cancer Institute que niega la existencia de 50 años de información que relaciona claramente el aborto con el cáncer de seno.

La biología detrás de este asunto es relativamente sencilla. En la pubertad, las muchachas producen entre 15 a 20 lóbulos en el seno, que producirán leche luego del nacimiento de sus bebés. Cada lóbulo se asemeja a una rama principal de un árbol. Estos lóbulos se ramifican en otros lóbulos. Bajo la influencia de las hormonas de la menstruación, el estrógeno y la progesterona, se forman los lóbulos Tipo-1 y Tipo-2 que son inmaduros y propensos al cáncer.

En un embarazo normal los ovarios segregan elevados niveles de estrógeno y progesterona, que pueden incrementar el número de lóbulos Tipo-1 y Tipo-2. Al llegar al segundo trimestre el tamaño de los senos se ha duplicado y maduran rápidamente bajo la influencia del lactógeno humano de la placenta. Al llegar a las 40 semanas de embarazo, el 85 por ciento de las células lobulares serán resistentes al cáncer, las células Tipo-4.

Cuando una mujer termina de lactar, muchas de las células Tipo-4 se convertirán en células Tipo-3 con clara evidencia de que los cambios genéticos en estas células las hacen resistentes al cáncer.

El mecanismo por el cual el aborto, los anticonceptivos orales y las terapias de reemplazo de hormonas hacen que la mujer sea susceptible al cáncer de seno; y la evidencia biológica hace que el riesgo en los tres casos sea el mismo: al terminar un embarazo antes de que llegue a término, los senos han incrementado drásticamente las células Tipo-1 y Tipo-2 (dejando en los senos más lugares para que el cáncer se inicie), pero se ha negado la maduración y los beneficios protectores del último trimestre. Las píldoras anticonceptivas imitan este proceso mensualmente.

El aborto natural es una excepción, ya que la mayoría de mujeres que lo sufren nunca llegan a producir niveles elevados de estrógeno en estos embarazos.

Decenas de estudios desde la década del 50’s han establecido nexos entre el aborto y el cáncer de seno, variando entre el doble de riesgos en adolescentes hasta un riego incalculablemente alto de cáncer de seno en mujeres que se han sometido a un aborto antes de los 18 años. Muchos de estos estudios son retrospectivos. Es decir, se toma a las pacientes de cáncer de seno y a un grupo de mujeres que no lo padecen; y se les pregunta luego sobre su historia ginecológica y reproductiva, incluyendo algunas preguntas sobre abortos previos.

Increíblemente, la Dra. Louise Brinton de la División de Epidemiología del Cáncer y Genética del National Cancer Institute (NCI), en un panel en 2003 desechó los resultados de estas investigaciones (incluyendo la suya), alegando que las mujeres estudiadas no “recordaban bien” las cosas, como si las mujeres que abortan tendiesen a olvidarse de ello.

Los científicos han investigado esta “buena memoria” en muchas ocasiones, en distintos países, pero ninguno alega haber encontrado evidencia confiable en ella. Sin embargo, el taller de Brinton produjo una “Hoja de hechos” que desechaba todos los datos creíbles que relacionaban el aborto con el cáncer de seno.

El taller del NCI solo revisó algunos estudios, basados en datos médicos antes de que una paciente desarrollase cáncer de seno. Luego se demostraría en diversas publicaciones médicas que tenían problemas metodológicos. La extensión de las fallas metodológicas exceden los límites de este artículo, pero pueden encontrarse en la Coalition on Abortion/Breast Cancer (ABC). ABC enlaza excelentes artículos de Joel Brind, Ph.D., del Baruch College, City University of New York, que critican las fallas del taller del NCI y los estudios usados en él.

Brinton fue parte del equipo de investigación dirigido por respetados científicos del cáncer como Janet R. Daling y Jessica M. Dolle del famoso centro Fred Hutchinson Cancer Research Center, que publicó un informe el año pasado: Factores de Riesgo del Cáncer de Seno Triple-Negativo en mujeres debajo de 45 años, en el Journal Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention.

Este informe de 2009, reconoce algunos factores de riesgo, da a conocer estadísticamente un 40 por ciento de riesgo adicional del cáncer de seno. Esta es una sorprendente admisión de la coautora Brinton, comparada con su negación en el NCI, como se indica en una cita de este documento:
“En los análisis de los 897 casos de cáncer de seno, las múltiples relaciones para los factores de riesgo examinados fueron consistentes con los efectos observados en estudios previos en mujeres más jóvenes. Específicamente mayor edad, historia familiar de cáncer de seno, inicio de menstruación a más temprana edad, aborto inducido, y el uso de la anticoncepción oral estaban asociados a un incremento en el riesgo de sufrir cáncer de seno”.
Los “estudios previos” que el estudio de Brinton menciona incluyen estudios realizados en 1994 y 1996 por el mismo equipo de investigadores. Brinton sirvió como co-autor en el estudio de 1996. Pese a que Brinton y el NCI habían dicho que los estudios que se basaban en las historias de aborto de las mujeres eran defectuosos, el equipo de Dolle (que incluía a Brinton) confiaba en los reportes de las mujeres mismas sobre sus abortos.
Este documento de 2009 fue recogido por la blogósfera pro-vida en enero de este año y creó una tormenta. Una anotación se le agregó luego a la “Hoja de hechos” que indica “Revisado 12/01/2010”. Sin embargo, no se hizo ningún cambio en la política o en el sitio web.
Entonces, existe una clara incongruencia entre el NCI y la negación de uno de sus jefes sobre el nexo entre el aborto y el cáncer de seno, por un lado, y lo que este jefe ha dado a conocer antes y desde entonces.
Las mujeres están muriendo y siguen sufriendo cáncer de seno en cantidades alarmantes. Sin embargo los defensores del aborto se han comprometido en serias inconductas en los niveles más altos: informan la verdad en algunas publicaciones, luego desechan públicamente esos datos en un vano intento de acomodarlos a su agenda política, comprometiendo, como resultado, la vida de millones de mujeres.

Por Gerard M. Nadal, Ph.D.
(El Dr. Nadal tiene un PhD (doctorado) en microbiología molecular. Además de haber enseñado durante 16 años, ha pasado siete años trabajando con adolescentes indigentes en el Covenant House en Times Square, Nueva York)

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