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Trigésimo día
Esperanza de San José En medio de las pruebas y de las vicisitudes que Dios le había destinado, san José fue un admirable modelo de esperanza; podía decir con su padre David: ¡me estableciste de una manera singular en la esperanza! Había recogido la herencia de sus padres, que eran hombres de deseos y esperanza; veía realizar bajo sus ojos, todas las promesas de las profecías: Dios Salvador había nacido, y esperaba, con la fe más firme, el cumplimiento de esta obra admirable de la redención. Aunque no estuvo obligado a ver manar la sangre de la víctima reparadora, aunque no escuchó escuchar, sobre el Gólgota: Todo esta consumado; su esperanza permanece inquebrantable, la realización de esos divinos oráculos que prometían al mundo un liberador no fue nunca dudosa para su espíritu, y de la misma manera que creía en el Dios Niño, que reposaba bajo su techo, esperaba al Dios redentor, cuya muerte debía poner el sello a la liberación de las almas. Oración O divina bondad, me encomiendo a ti para todas las necesidades de la vida presente por medio de san José; concédeme el pan de cada día; ilumíname en mis trabajos y mis empresas; que la avaricia, que es una idolatría, no se apodere nunca de mi corazón; que tu providencia sea mi tesoro, y que amase sobre todo para la vida eterna. San José, lleno del Espíritu Santo, ruega por nosotros. Ejemplo Devoción de la madre Teresa a san José Más de una comunidad de la madre Teresa ha sentido los efectos de esta protección paternal; he aquí un ejemplo: “hasta 1858, la falta de agua en la granja de San José doblaba los trabajos de aquellas que cuidaban el ganado porque hacía falta ir lejos para procurársela. Era muy deseable que se descubriera una fuente, y se la pedía con insistencia al huésped celeste, a quien se había dado asilo por más de veinte años. San José, verdadera fuente de bondad, hizo descubrir, por un peón complaciente, agua abundante en las fosas de la propiedad, y eso precisamente en el momento en que comenzaban a dirigirle oraciones más fervientes con esta intención. El enemigo de toda paz, trató de turbar esta felicidad; pero san José se hizo abogado de esta causa, y se probó que la comunidad tenía sobre la fuente todo derecho de posesión.
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