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San José

Octavo día

Adoración de los magos

Todo obedece a Dios; Él es el monarca de los ángeles, y los astros obedecn su voz; Él habla, dice la sagrada Escritura en términos sublimes, y las estrellas se precipitan, felices a obedecer al Dios que las creó. Un ángel avisó a los pastores; una estrella guía a los magos y los conduce, desde lo profundo del Oriente, al pesebre de Jesucristo. Llegan llenos de fe y de ardor; representan a la gentilidad entera, y derraman a los pies de Jesús el oro simbólico que le presentan como a su Rey; el incienso que representa la oración que se ofrece sólo a Dios, y la mirra, ese perfume de los muertos, que recuerda a María que ese a Jesús que tiene en su brazos, lo verá en el sudario cubierto con los perfumes reservados a la sepultura. José y María s eunen a la sadoraciones que recibe el divino Niño; eran consolados de la pobreza del establo por esos honores que recibía Jesús; se regocijaban viendo que Dios hacía conocer a algunas almas elegidas la dignidad suprema de ese pequeño niño. Podemos participar en el oficio de los santos reyes: vemos a Jesús en pobres tabernáculos, olvidado por los hombres, como lo fue en Belén; podemos adorarlo, rezarle, agradecerle, verter a sus plantas un poco de amor, ¡que preferiría a todos esos tesoros que los magos le ofrecieron! Vayamos a visitarlo en unión con María y José.

Oración

Oh Dios cuya bondad y sabiduría son infinitas, y que, elevando al justo José a la dignidad de esposo de María, le has dado los derechos de un padre sobre tu Hijo único, haz que imitando el respeto, la sumisión y la ternura que Jesús y María tuvieron por ese gran santo, lo honremos con amor del todo filial, para obtener, por su intercesión poderosa, la gracias de amarte y de servirte aquí en la tierra y glorificarte eternamente en el cielo. Amén. San José, hombre justo, simple, recto y según el corazón de Dios, intercede por nosotros.

Ejemplo

Devoción de San Juan Berchmans a san José

Berchmans no separaba, en su corazón, a María de su Esposo, aunque la devoción a San José no estaba tan extendida como en nuestros días.pero el corazón de este santo le decía en voz muy alta que el hombre no debe separar nunca lo que Dios ha unido. “Un día que nos paseábamos, dice P. Van Schurk, me habló de las prerrogativas de Jesús. A su pedido convine con él en buscar, cuanto fuese posible, inflamar a los otros para el culto de ese gran santo. Nos comprometimos, particularmente, a hablar de sus grandezas cada vez que la ocasión se presentara, y a nunca terminar, si era posible, las letanías de la santísima Virgen, sin agregar la oración de san José”. Esos dos buenos novicios no dudaban que un día, la Compañía entera adoptaría su piadosa práctica, y que a dos siglos de distancia, millares de jesuitas, diseminados por el mundo entero, repetirían cada día, después de las letanías de la Virgen y de los santos, la oración consagrada por la Iglesia al glorioso Esposo d ela inmaculada Madre de Dios.


Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

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