Sexualidad
Humana: Verdad y Significado
Pontificio Consejo para la familia
Capítulo
III "En el horizonte vocacional"
2. "La
vocación a la virginidad y al celibato"
34.
La Revelación cristiana presenta dos vocaciones
al amor: el matrimonio y la virginidad. No raramente,
en algunas sociedades actuales están en crisis
no sólo el matrimonio y la familia, sino también
las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.
Las dos situaciones son inseparables: « cuando
no se estima el matrimonio, no puede existir tampoco
la virginidad consagrada; cuando la sexualidad humana
no se considera un valor donado por el Creador, pierde
significado la renuncia por el Reino de los cielos »
. A la disgregación de la familia sigue la falta
de vocaciones; por el contrario, donde los padres son
generosos en acoger la vida, es más fácil
que lo sean también los hijos cuando se trata
de ofrecerla a Dios: « Es necesario que las familias
vuelvan a expresar el generoso amor por la vida y se
pongan a su servicio, sobre todo acogiendo, con sentido
de responsabilidad unido a una serena confianza, los
hijos que el Señor quiera donar »; y lleven
a feliz cumplimiento esta acogida no sólo «
con una continua acción educativa, sino también
con el debido compromiso de ayudar, sobre todo, a los
adolescentes y a los jóvenes, a descubrir la
dimensión vocacional de cada existencia, dentro
del plan de Dios... La vida humana adquiere plenitud
cuando se hace don de sí: un don que puede expresarse
en el matrimonio, en la virginidad consagrada, en la
dedicación al prójimo por un ideal, en
la elección del sacerdocio ministerial. Los padres
servirán verdaderamente la vida de sus hijos
si los ayudan a hacer de su propia existencia un don,
respetando sus opciones maduras y promoviendo con alegría
cada vocación, también la religiosa y
sacerdotal ».
Por esta razón,
el Papa Juan Pablo II, cuando trata el tema de la educación
sexual en la Familiaris consortio, afirma: « los
padres cristianos reserven una atención y cuidado
especial -discerniendo los signos de la llamada de Dios-
a la educación para la virginidad como forma
suprema del don de uno mismo que constituye el sentido
mismo de la sexualidad humana ».
Los
padres y las vocaciones sacerdotales y religiosas
35. Los
padres por ello deben alegrarse si ven en alguno de
sus hijos los signos de la llamada de Dios a la más
alta vocación de la virginidad o del celibato
por amor del Reino de los cielos. Deberán entonces
adaptar la formación al amor casto a las necesidades
de estos hijos, animándolos en su propio canino
hasta el momento del ingreso en el seminario o en la
casa de formación, o también hasta la
maduración de esta vocación específica
al don de sí con un corazón indiviso.
Ellos deberán respetar y valorar la libertad
de cada uno de sus hijos, animando su vocación
personal y sin pretender imponerles ninguna determinada
vocación.
El Concilio
Vaticano II recuerda con claridad esta peculiar y honrosa
tarea de los padres, apoyados en su obra por los maestros
y por los sacerdotes: « Los padres, por la cristiana
educación de sus hijos, deben cultivar y proteger
en sus corazones la vocación religiosa »
.
« El
deber de formar las vocaciones afecta a toda la comunidad
cristiana ... La mayor ayuda en este sentido la prestan,
por un lado, aquellas familias que, animadas del espíritu
de fe, caridad y piedad, son como un primer seminario,
y, por otro, las parroquias, de cuya fecundidad de vida
participan los propios adolescentes ». «
Los padres y maestros y todos aquellos a quienes de
cualquier modo incumbe la educación de niños
y jóvenes, instrúyanlos de forma que,
conociendo la solicitud del Señor por su grey
y considerando las necesidades de la Iglesia, estén
prontos a responder generosamente al llamamiento del
Señor, diciendo con el profeta: Aquí estoy
yo, envíame (Is 6, 8)» .
Este contexto
familiar necesario para la maduración de las
vocaciones religiosas y sacerdotales, recuerda la grave
situación de muchas familias, especialmente en
ciertos países, que son pobres en el valor de
la vida, porque carecen deliberadamente de hijos, o
tienen un único hijo, donde es muy difícil
que surjan vocaciones y también se lleve a cabo
una plena educación social.
36.
Además, la familia verdaderamente cristiana será
capaz de ayudar a entender el valor del celibato cristiano
y de la castidad a aquellos hijos no casados, inhábiles
para el matrimonio por razones ajenas a su propia voluntad.
Si desde niños y en la juventud han recibido
una buena formación, se encontraran en condiciones
de afrontar la propia situación más fácilmente.
Más aun, podrán rectamente descubrir la
voluntad de Dios en dicha situación y encontrar
así un sentido de vocación y de paz en
la propia vida. A estas personas, es mente si están
afectadas por alguna inhabilidad física, es necesario
desvelarles grandes posibilidades de realización
de sí y de fecundidad espiritual abiertas a quien,
sostenido por la fe y por el Amor de Dios, se empeña
en ayudar los hermanos más pobres y más
necesitados.
PONTIFICIO
CONSEJO PARA LA FAMILIA. Sexualidad Humana: verdad y
significado. Orientaciones educativas en familia. Lima;
ed. Salesiana 1996, 1era edición. Capítulo
III, n. 2 ("La vocación a la virginidad
y al celibato", p. 21).
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