Formación
de los religiosos
Congregación
para los Institutos de vida consagrada
La Castidad
13. «El
consejo evangélico de castidad, asumido por el
Reino de los cielos, que es signo del mundo futuro y
fuente de una fecundidad más abundante en un
corazón no dividido, lleva consigo la obligación
de observar perfecta continencia en el celibato».
Su práctica supone que la persona consagrada
por 1os votos de religión coloca en el centro
de su vida afectiva una relación « más
inmediata » (ET 13) con Dios por Jesucristo en
el Espíritu.
« Como
la observancia de la continencia perfecta afecta íntimamente
inclinaciones particularmente profundas de la naturaleza
humana, los candidatos a la profesión de la castidad
no deben abrazarla ni deben ser admitidos sino después
de una probación verdaderamente suficiente y
sí tienen la debida madurez psicológica
y afectiva. No habrá que contentarse con prevenirles
solamente de los peligros que acechan a la castidad,
sino que han de ser formados de manera que asuman el
celibato consagrado a Dios incluso para bien de toda
la persona.
Una tendencia
instintiva de la persona humana la lleva a absolutizar
el amor humano. Tendencia caracterizada por el egoísmo
afectivo que se afirma por la dominación de la
persona amada, como si de esta posesión pudiera
brotar la felicidad. Por otra parte, al hombre le cuesta
mucho comprender y sobretodo hacer realidad, que el
amor puede ser vivido en la donación total de
sí mismo, sin exigir necesariamente la expresión
sexual. La educación de la castidad se orientara
pues a ayudar a cada una y cada uno a controlar y dominar
sus impulsos sexuales, aunque prestando atención
al mismo tiempo a no caer en un egoísmo afectivo
orgullosamente satisfecho de su fidelidad en la pureza.
No es casual el que los antiguos Padres dieran a la
humildad prioridad sobre la castidad, por la posibilidad
que existe, como lo prueba la experiencia, de que se
den juntas la castidad y la dureza de corazón.
La castidad
libera de una manera especial el corazón del
hombre (1 Cor 7, 32-35) para que arda de amor de Dios
y de todos los hombres. Una de las mayores contribuciones
qué el religioso puede aportar a los hombres
de hoy, es ciertamente la de manifestarles más
por su vida que por sus palabras, la posibilidad de
una verdadera dedicación y apertura a los otros,
compartiendo sus alegrías, y siendo fiel v constante
en el amor, sin actitudes de dominio ni de exclusivismo.
En consecuencia,
la pedagogía de la castidad consagrada procurará:
- conservar
la alegría y la acción de gracias por
el amor personal con el que cada uno ha sido mirado
y elegido por Cristo;
- fomentar
la frecuente recepción del sacramento de la reconciliación,
el recurso a una dirección espiritual regular
y el compartir un verdadero amor fraterno en comunidad,
concretizado en relaciones francas y cordiales;
- hacer conocer
el valor del cuerpo y su significación, educar
para una elemental higiene corporal (sueño, deporte,
esparcimientos, alimentación, etc.);
- ofrecer
las nociones fundamentales sobre la sexualidad masculina
y femenina, con sus connotaciones físicas, psicológicas
y espirituales;
- ayudar a
controlarse en el plano sexual y afectivo, y también
en lo que se refiere a otras necesidades instintivas
o adquiridas (golosinas, tabaco, alcohol);
- ayudar a
cada uno a asumir sus experiencias pasadas, sean positivas
para agradecerlas, sean negativas para descubrir los
puntos débiles, humillarse serenamente delante
de Dios y permanecer vigilante en el futuro;
- destacar
la fecundidad de la castidad, la maternidad espiritual
(Gal 4, 19) que es generadora de vida para la Iglesia;
- crear un
clima de confianza entre los religiosos y sus educadores
que deben estar prontos a comprender todo y a escuchar
con afecto a fin de poder clarificar y sostener;
- comportarse
con la prudencia necesaria en el uso de los medios de
comunicación social y en las relaciones personales
que pudieran impedir una práctica coherente del
consejo de castidad (cf. cc. 277, 2 y 666). Es una obligación
no solamente de los religiosos, sino también
de sus superiores, el ejercitar esta prudencia.
CONGREGACIÓN
PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA. Formación
de los religiosos. Lima; ed. Paulinas - ed. Salesiana
1990, 1era edición. Capítulo I, n. 13
("La castidad", pp. 13-14).
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