Caritas in veritate
Desarrollo humano no puede desligarse de defensa de la vida, dice el Papa en encíclica social
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En la encíclica Caritas in veritate (Caridad en la verdad), el Papa Benedicto XVI explica también que las encíclicas Humanae Vitae y Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, son sumamente importantes para “delinear el sentido plenamente humano del desarrollo propuesto por la Iglesia”, ya que este tema no puede ir desligado de la defensa de la vida y el anuncio de Evangelio.

El Santo Padre explica al tratar este tema que “la encíclica Humanae vitae subraya el sentido unitivo y procreador a la vez de la sexualidad, poniendo así como fundamento de la sociedad la pareja de los esposos, hombre y mujer, que se acogen recíprocamente en la distinción y en la complementariedad; una pareja, pues, abierta a la vida. No se trata de una moral meramente individual: la Humanae vitae señala los fuertes vínculos entre ética de la vida y ética social, inaugurando una temática del magisterio que ha ido tomando cuerpo poco a poco en varios documentos y, por último, en la Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II”.

Seguidamente destaca que “la Iglesia propone con fuerza esta relación entre ética de la vida y ética social, consciente de que no puede tener bases sólidas, una sociedad que –mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz– se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada”.

Benedicto XVI se refiere entonces al tema del respeto a la vida, que “en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Es un aspecto que últimamente está asumiendo cada vez mayor relieve, obligándonos a ampliar el concepto de pobreza y de subdesarrollo a los problemas vinculados con la acogida de la vida, sobre todo donde ésta se ve impedida de diversas formas”.

“En varias partes del mundo persisten prácticas de control demográfico por parte de los gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepción y llegan incluso a imponer también el aborto. En los países económicamente más desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso cultural”, advierte el Pontífice.

Algunas organizaciones no gubernamentales, prosigue el Papa, “difunden el aborto, promoviendo a veces en los países pobres la adopción de la práctica de la esterilización, incluso en mujeres a quienes no se pide su consentimiento. Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al desarrollo se condicionan a determinadas políticas sanitarias que implican de hecho la imposición de un fuerte control de la natalidad. Preocupan también tanto las legislaciones que aceptan la eutanasia como las presiones de grupos nacionales e internacionales que reivindican su reconocimiento jurídico”.

Ante esta preocupante situación, plantea el Pontífice “la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social”.

“La acogida de la vida forja las energías morales y capacita para la ayuda recíproca. Fomentando la apertura a la vida, los pueblos ricos pueden comprender mejor las necesidades de los que son pobres, evitar el empleo de ingentes recursos económicos e intelectuales para satisfacer deseos egoístas entre los propios ciudadanos y promover, por el contrario, buenas actuaciones en la perspectiva de una producción moralmente sana y solidaria, en el respeto del derecho fundamental de cada pueblo y cada persona a la vida”.

El Papa resalta luego el papel de la encíclica Evangelii nuntiandi que “guarda una relación muy estrecha con el desarrollo”. Pablo VI, explica, “aclaró la relación entre el anuncio de Cristo y la promoción de la persona en la sociedad. El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización, porque a Jesucristo, que nos ama, le interesa todo el hombre”.

Por eso, precisa el Pontífice, “la verdad del desarrollo consiste en su totalidad: si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es el verdadero desarrollo. Éste es el mensaje central de la Populorum progressio, válido hoy y siempre. El desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocación de Dios creador, requiere su autentificación en ‘un humanismo trascendental, que da [al hombre] su mayor plenitud; ésta es la finalidad suprema del desarrollo personal’. Por tanto, la vocación cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; éste es el motivo por el que, ‘cuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el ‘bien’, empieza a disiparse’”.

Aumento de población no causa subdesarrollo

Al hablar después de la falacia de la superpoblación, Benedicto XVI indica que “no es correcto considerar el aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso desde el punto de vista económico: baste pensar, por un lado, en la notable disminución de la mortalidad infantil y al aumento de la edad media que se produce en los países económicamente desarrollados y, por otra, en los signos de crisis que se perciben en la sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la natalidad”.

Obviamente, continúa, “se ha de seguir prestando la debida atención a una procreación responsable que, por lo demás, es una contribución efectiva al desarrollo humano integral. La Iglesia, que se interesa por el verdadero desarrollo del hombre, exhorta a éste a que respete los valores humanos también en el ejercicio de la sexualidad: ésta no puede quedar reducida a un mero hecho hedonista y lúdico, del mismo modo que la educación sexual no se puede limitar a una instrucción técnica, con la única preocupación de proteger a los interesados de eventuales contagios o del ‘riesgo’ de procrear”.

Esta perspectiva, dice el Papa, “equivaldría a empobrecer y descuidar el significado profundo de la sexualidad, que debe ser en cambio reconocido y asumido con responsabilidad por la persona y la comunidad. En efecto, la responsabilidad evita tanto que se considere la sexualidad como una simple fuente de placer, como que se regule con políticas de planificación forzada de la natalidad”.

“En ambos casos se trata de concepciones y políticas materialistas, en las que las personas acaban padeciendo diversas formas de violencia. Frente a todo esto, se debe resaltar la competencia primordial que en este campo tienen las familias respecto del Estado y sus políticas restrictivas, así como una adecuada educación de los padres”, alerta.

Acoger la vida

La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica. Grandes naciones han podido salir de la miseria gracias también al gran número y a la capacidad de sus habitantes. Al contrario, naciones en un tiempo florecientes pasan ahora por una fase de incertidumbre, y en algún caso de decadencia, precisamente a causa del bajo índice de natalidad, un problema crucial para las sociedades de mayor bienestar”.

Cuando la tasa de natalidad de alguna nación disminuye, aparecen algunos peligros, explica el Papa, como el hecho que “las familias pequeñas, o muy pequeñas a veces, corren el riesgo de empobrecer las relaciones sociales y de no asegurar formas eficaces de solidaridad”.

Por ello, el Santo Padre precisa que “se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional”.

Bioética

El Papa Benedicto XVI explica también en la Caritas in veritate que “en la actualidad, la bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios”.

“Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón encerrada en la inmanencia. (…) La racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor”, añade.

Por ello, precisa “la cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia. Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas”.

Para leer la encíclica completa, ingrese a: http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=251  

Publicado por: Every Amador Cerquín Zacarías
Perú 08/07/2009 11:46 PM EST
Las palabras del Papa son inspiradas por Dios; sus enseñanzas son muestras del amor de Dios que nos conducen por la verdad y hacia la verdad.Leamos y reflexionemos, que esta encíclica mueva nuestra conciencia, corazón y voluntad para empezar a cambiar nuestro entorno, muchos podemos hacer algo, especialmente los miembros de los movimientos eclesiales. Defender la vida implica promover el desarrollo , esto debe ser asumido con mucha fuerza y claridad en latinoamérica y especialmente en el Perú, donde hay mucha resistencia por las propuestas y aplicaciones de reformas a un nivel económico y social por parte de muchos católicos de sectores medios, que rezan y se forman leyendo, pero que no entienden y aceptan que las jornadas largas y los salarios bajos son inhumanos, que los otros son nuestros hermanos, otros Cristos, y que tienen las mismas aspiraciones y necesidades que nosotros. Debemos responder a la iniciativa y acción del Papa con el estudio y difusión de la doctrina social de la Iglesia, volvamos sin miedo a las fuentes, consideremos sin cinismos los trabajos de Víctor Andrés Belaunde, los escritos del Padre Alberto Hurtado. Que nuestros abogados reflexionen sobre la actual constitución política del Perú que ata al estado, que le impide cumplir sus funciones; o reaccionamos o veremos como se desangrará de peor manera nuestro pueblo, pues la situación es insostenible en el largo plazo.
Publicado por: Antonio Alejandro Moresco
Argentina 07/07/2009 05:23 PM EST
Demos gracias a Dios por la parte de la nueva Encíclica que aquí se ve, que refleja gran parte de la complejidad de la lucha por la defensa de la vida humana no nacida respecto de homicidas que buscan aniquilarla por el aborto, y que presenta argumentos pro-vida que son válidos incluso para quienes tienen el corazón de piedra, la mente oscurecida, la mano fuerte, el bisturí afilado y la cuenta bancaria gruesa. Recemos por Su Santidad Benedicto XVI y por sus colaboradores. Recemos y hagamos lo que esté a nuestro alcance, individual y organizadamente, por los medios lícitos, con la forma de la caridad, por que no se practique, permita ni promueva el aborto en la Tierra, además de porque los abortistas malgastan ingentes medios intelectuales y económicos en satisfacer egoísmo, también porque Dios, todopoderoso, ama al hombre tan intensa y radicalmente que le ha mandado amarse a sí mismo como él ama, y recompensará con un Cielo inefable, hoy morada radiante de los Santos, a quienes hagan eso, también acogiendo así a cada nuevo humano, y con un Infierno tan horrible como eterno, en el que entiendo ya hay muchos hermanos nuestros, a quienes no se arrepientan de incumplir gravemente eso, y así tampoco de realizar la muerte de los inocentes.
Nuestra Señora de Todos Los Pueblos, ruega por nosotros.
Nuestra Señora de Lasalette, ruega por nosotros y protégenos del error.
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros y defiéndenos del enemigo malo.
Atentamente,
Antonio Alejandro Moresco.
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