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Eliminar la pobreza, eliminando a los pobres

Publicado en La Voz del Interior 05/04/04

NOTIVIDA

A partir de 1985, Estados Unidos y los países desarrollados de Europa decidieron que el inicio de un nuevo ser humano se determinaba en el momento en que el embrión humano se fijaba en la pared superior del útero de su madre (endometrio), alrededor de siete días después de la concepción. La concepción es entendida como el proceso que culmina con la fusión del óvulo y el espermatozoide en una nueva célula. Es decir que en los países desarrollados del planeta, el embrión humano está desprovisto de la protección inherente al ser humano hasta la anidación en el útero de su madre.

El resultado de este cambio ha sido la destrucción de embriones humanos sobrantes en forma habitual en las técnicas de fecundación “in vitro”; la destrucción de embriones que se gestaron al sólo efecto de que sus células puedan ser usadas como repuesto biológico para otros seres humanos ya nacidos, al punto que gestan seres humanos que destruyen de inmediato para usar sus células germinales en terapia de personas ancianas. Por haber corrido en forma antojadiza el comienzo de la vida humana, ahora mismo vemos que carecen de argumentos contundentes para oponerse a la clonación de seres humanos porque el embrión clonado y no implantado en el endometrio no es, para ellos un ser humano protegible.

Más aún, al no protegerse la vida de un ser humano desde la concepción sino desde la anidación del embrión en el endometrio, la industria de los laboratorios comenzó a producir anticonceptivos que no impedían siempre la concepción, pero que sí alteran químicamente el endometrio haciéndolo no receptivo para que el embrión se implante.

Banco Mundial, ¿usted también aquí?

En 1995, en el Foro de Belaggio (Italia), el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, ambas al servicio de las estrategias de los países desarrollados que los solventan, reúnen y exigen a los países subdesarrollados de América latina que autoricen las “píldoras del día después”. Se trata de la continuidad de la permanente obsesión de los países ricos de detener en la forma que sea el crecimiento poblacional de los países en vías de desarrollo, por el riesgo que temen de que cambie el eje del poder en el mundo.

No podemos olvidar que para la filosofía que domina las estrategias del Banco Mundial, la forma más eficaz y económica de eliminar la pobreza, es eliminar a los pobres. Si no, basta recordar las palabras del presidente Lyndon Johnson en la Asamblea de las Naciones Unidas, cuando afirmó que no podían olvidarse que “cinco dólares por cada pobre en anticonceptivos, representaban 100 dólares por cada pobre en proyectos de desarrollo”. Todo esto está descripto en el informe Kissinger de 1974, memorándum reservado del entonces secretario de Estado de los Estados Unidos (http://www.mov-rgentinaviva.com.ar/archivos/Kissinger.htm)

A partir de 1995, el Banco Mundial exigió para conceder créditos la autorización de la píldora del día después”, lo que explica que en 1996, Argentina la autorizara. También explica que, entre 1996 y 1999, nuestro país haya recibido del Banco Mundial casi 20 mil millones de dólares. Esa cifra lo convierte en el país que más fondos recibió, después de China. Además, esos fondos correspondían a las 44 naciones más pobres y hambrientas del planeta y se desviaron a la Argentina, uno de los principales productores mundiales de alimentos. Sólo el 60 por ciento de ese dinero se invirtió en los destinos que se prefijaron, habiéndose diluido el restante 40 por ciento vaya a saber dónde.

Era evidente que Estados Unidos, a través del Banco Mundial, necesitaba penetrar con créditos las políticas internas de la Argentina, para que de esta forma se pudiera controlar más fácilmente a otros países de América latina más pequeños. A esto no lo dice el que escribe, lo dice con toda claridad la Auditoría del Senado de estadounidense, conocido como informe Meltzer del año 2000 que se difunde en Internet. (Informe Meltzer 17 de noviembre del 2000 (teclear el logo de la carta al lado de la fecha) http://www.heritage.org/Research/InternationalOrganizations/EFP00-04.cfm

El engaño a toda una nación

Se preguntará el lector cómo han hecho los laboratorios para vender en la Argentina la “píldora del día después” y decenas de anticonceptivos orales que se consumen durante 21 días, así como dius que tienen el efecto confesado por sus fabricantes en Europa y los Estados Unidos de destruir el embrión humano, alterando el endometrio y evitando así que el niño concebido anide en el útero de su madre.

Ha sido tan burda la maniobra que cualquier familia puede, por Internet, ingresar a cualquier laboratorio extranjero y ver una composición de drogas como las que contiene el seudo anticonceptivo que toma en la Argentina.

Podrá observar con sorpresa e indignación que, allí, los laboratorios venden los fármacos, con el mismo nombre comercial y las mismas composiciones hormonales. Cuando describen los mecanismo de acción, les dicen a los consumidores claramente que una de las acciones del fármaco es impedir que el embrión anide en el endometrio.

Pero cuando esos mismos laboratorios les venden los mismos fármacos a nuestra gente aquí en Argentina, desaparece toda referencia en la descripción de los mecanismos de acción respecto al efecto abortivo al destruirse el embrión por alteración del endometrio.

Buscando en Internet, encontramos 27 fármacos de los llamados anticonceptivos orales combinados o minipíldoras y dius brutalmente adulterados en cuanto a la información esencial de sus mecanismos de acción. Usted puede también intentarlo y lo verá con sus propios ojos. Estos pequeños seres humanos silenciosamente destruidos han tenido en algún momento una existencia tan real como la que alguna vez tuvieron los hijos que hoy podemos ver, amar y disfrutar. Pero aquellos fueron destruidos contra nuestra voluntad y sin que nosotros pudiéramos defenderlos de forma alguna.

Pobres e igualdad de oportunidades

Hoy también reciben estos fármacos y dius, adulterados en su información esencial, los sectores más humildes en los dispensarios y hospitales, fármacos que son enviados por el Gobierno nacional que sabe de su adulteración. Y, como no podía ser de otra manera, el Banco Mundial, que también sabe de la adulteración de la información esencial, provee el dinero para su adquisición. Aparentemente, habría llegado a las familias más humildes de nuestra patria la tan apreciada igualdad de oportunidades de poder planificar una familia como lo hacen los sectores medios y altos de nuestra sociedad que tienen acceso a las píldoras y a los dius.

Lamentablemente, no se trata de la igualdad de oportunidades que todos merecemos para planificar una familia, cual es el trabajo y vivienda dignas, educación suficiente para obtener los beneficios de una cultura común, salud integral, etcétera.

La igualdad de oportunidades que se quiere mostrar es más aparente que real porque los humildes sólo han alcanzado a las familias de clase media y alta en la posibilidad cierta y frecuente de poder matar a sus propios hijos sin saberlo, triste privilegio que hasta ahora sólo tenían en nuestra patria las familias de mejores ingresos que podían comprarse los anticonceptivos adulterados en su información esencial.

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