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Nuestros hijos y las nuevas tecnologías
Ignasi de Bofarull En los
últimos años del siglo XX y el los primeros
del siglo XXI estamos asistiendo a unos avances tecnológicos
sin precedentes en el marco de los que podríamos denominar
la Revolución Digital. Muchos de nuestros hijos se
han convertido, o podrían convertirse, en secreenagers. A) La
televisión ha cambiado: de los dos canales de inicios
de los años ochenta hemos pasado a las televisiones
públicas autonómicas; luego, en los noventa,
a las privadas, y, entre estas últimas hay que distinguir
las que emiten en abierto y las digitales (con decodificador).
Luego existe la televisión por cable y más tarde
hay antenas parabólicas que nos ponen en contacto con
innumerables canales de todo el mundo. Las posibilidades son
casi inagotables. Los contenidos inabarcables. Además
nos hemos de olvidar de la televisión que se consume
sólo en el hogar. Existen televisiones en todas partes:
las de los bares, de las boleras, de las tiendas, de las discos.
La oferta crece en cantidad, en los lugares de visionado y
en tiempo. Los chicos ven de todo: fútbol, video clips,
reportajes, publicidad... Y si no llegan tienen amigos que
les graban vídeos. Y algunos no precisamente muy edificantes
como las películas del Canal+. Y si no también
pueden captar la televisión de pago con procedimientos
piratas desde el ordenador. B) Videojuegos: Es un tema que crece día a día. Las grandes corporaciones se debaten en una lucha sin cuartel para dominar el sector ofreciendo consolas y juegos. Hay que saber entonces qué tipos de consolas hay, su precio, sus prestaciones; lógicamente también los juegos, su origen (pirata o compra), su calificación (para mayores, para adolescentes, o para niños), su género (plataforma, estrategia, simulación, arcade o educativos). Con los videojuegos pasa algo parecido a lo que sucede con la televisión: las consolas están en todas partes: en algunos videoclubes, en el colegio, en casa de un amigo, en el cuarto de nuestro hijo. Hay que tomar la iniciativa: invitar al uso compartido en casa con hermanos, amigos, con los propios padres. Entonces, en común, explicar los contenidos, señalar que la consola portátil es un mal sustituto del juego escolar, deportivo, en el barrio. Explicar qué juegos son oportunos y hasta educativos y qué juegos son crueles y, por ello, rechazables. Y recordar los horarios: tener presente que la consola, como la televisión, como Internet, consumidos en exceso, entran en conflicto con el estudio, con la compañía de amigos y familiares, o con el mismo sueño. Y es que hemos de jugar más con ellos: montar algún campeonato en casa de PC-fútbol. Con sus amigos, con sus primos. Que no se aíslen, de nuevo, que hablen, que nos cuenten cosas. C) Ordenador
e Internet. Hay que distinguir de entrada. Con el ordenador
también se puede jugar a infinitos juegos. Por tanto
hay que aplicar de nuevo las consideraciones del apartado
anterior. Pero el ordenador se conecta a Internet. El capítulo
de Internet exige que repitamos algo parecido a los anteriores
apartados: es omnipresente: está en los cibercafés,
en las bibliotecas, en la escuela, en casa de los amigos.
Ellos saben que pueden acceder a los contenidos inacabables
de la Red desde muchos lugares. Hay que hacerles saber qué
supone este mundo. En casa podemos tener un filtro para evitar
en el hogar lo peor de Internet. Pero en la calle eso no sucede.
Debemos acercarnos a ellos y saber qué les gusta: si
les interesa bajar música en MP3, o chatear. D) Móvil. Lo primero que hay que pensar es hasta qué punto es imprescindible el móvil o si es una moda. El móvil es muy útil si queremos tener localizados a los hijos en casos excepcionales cuando hacen una salida a un lugar más o menos apartado. Pero cada día llevarlo al colegio es un exceso. El móvil se ha convertido en un juguete: hace fotos y las envía, graba voces o tonadillas y las convierte en timbre de llamada, admite cambios en la pantallas en forma de nuevos logos, también tiene juegos de pantallas muy básicos, sirve para escuchar música y enviar los famosos mensajes de texto, SMS. Esos mensajes son una pasión: se los envían a todas horas y suponen un lenguaje críptico y un tanto alejado de la ortografía. Estos mensajes lo son todo menos la comunicación de temas serios. Hay que decir que el móvil mal usado puede llevar a conductas adictivas. Hay que usarlo cuando es preciso y retenerlo en casa para mejor ocasión si no es imprescindible. A los adolescentes les sirve para marcar su adscripción al grupo, sus símbolos de estatus. Habrá que ir con cuidado y lograr que desde pequeños nuestros hijos vivan la sobriedad y entiendan que para ser aceptados por tres o cuatro compañeros no vale la pena gastarse los 300 euros que valen estos artilugios que no paran de ofrecer nuevas prestaciones. E) Walkman. Hoy impera el discman que lee CDs . Los adolescentes corren el riesgo de aislarse de un modo total con los cascos del walkman, del discman. La música puede provenir de la compra o del pirateo. Si es del pirateo eso supone muchas horas de copiar CDs o de bajar música, canciones, albumes, en MP3 de la Red. Se dice que escuchar música con cascos supone un autismo social que nos sólo carga el cerebro de decibelios sino que exige pasar muchas horas ante las pantallas mencionadas con anterioridad. Viendo video-clips (a menudo de la MTV), y sobre todo en el ordenador, en Internet. Y uno de los riesgos ante esta música prácticamente gratis es lo que se conoce como el acopio compulsivo de información. Es decir: el adolescente, ciertamente codicioso, que acumula más música de la que puede o tiene tiempo de escuchar. Conclusión.
La conclusión es que hemos de empezar a relacionarnos
con nuestros hijos para que nos sean unos aburridos consumidores
de todo lo que cae en sus manos. La solución es lograr
que sean austeros y eso pasa por que tengan aficiones, intereses,
y un tiempo libre muy motivador y pautado sin espectaculares
vacíos (a partir de los 16 años pueden trabajar
en diciembre, enero o julio): los juegos de siempre, deporte,
aficiones, lectura, salidas, naturaleza, cultura. Y por supuesto
los valores precisos para contar con las habilidades sociales
que les ayuden a mejorar en esas actividades. PUBLICIDAD |
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