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La educación temprana de la inteligencia y la voluntad La clave o el tono en el que tenemos que educar en estos momentos, creo que está marcado por dos puntos: uno de ellos es la fortaleza. Los chicos deben ser fuertes pero la influencia del ambiente también es muy fuerte, entonces es importante la capacidad de adaptación. Creo que la imagen del junco la explica bien, que los chicos no se quiebren pero que "puedan" doblarse, cambiar de posición. Esto es lógico pero no es fácil, en general se nota que los padres ante los cambios y situaciones imprevistas que se les presentan reaccionan de dos maneras: 1- Con rigidez: es el padre que no puede tolerar la situación y cubre a sus hijos de un autoritarismo lleno de negativas, que desgastan la relación con ellos de modo que lo que no pierden por falta de límites lo pierden por falta de comunicación. 2- Con inocencia: no entienden lo que pasa con sus hijos, no saben qué hacer y no enfrentan la situación. Son los que no ven lo evidente "que ponen las manos en el fuego por Fulano" y terminan quemándose. Las cosas están cambiando mucho y a un ritmo vertiginoso. No podemos educar con un el mismo esquema de hace cinco años. Hablamos de fortaleza y de capacidad de adaptación. ¿cuál es la persona firme? Es la que tiene convicciones propias y no se dobla, se adapta. Son cualidades propias de las personas con voluntad fuerte pero también con mente clara. La diferencia entre debilidad y capacidad de adaptación es que el débil no piensa, claudica, cede, no tiene capacidad de actuar por motivos propios. El que se adapta, razona, pondera motivos, reflexiona. Es evidente que inteligencia y voluntad marchan siempre juntas. No se puede querer el bien de manera estable y fuerte si no hay posibilidad de reflexionar sobre él. La voluntad es el motor, es la causa del obrar, es la principal fuerza que integra el carácter de una persona. La tarea educativa tiende a ayudar a lograr la coherencia interna, las convicciones profundas y la firmeza para actuar. Y en esto interviene el factor intelectual como pieza importantísima: si decimos que la voluntad quiere lo que la inteligencia le muestra como verdadero, deducimos que el hombre elige en proporción a los que sabe. Por eso no podemos educar sin poner constantemente "motivos" para actuar. Hay un abismo entre ordenar porque no hay más remedio a ordenar porque lo veo necesario.Educar la voluntad es lograr que quien ya puede apelar a su razón quiera ser ordenado, responsable, etc., y que entienda que para él eso es bueno. Pero otro problema con el que muchas veces nos encontramos es con la barrera de la "incapacidad"; es el caso del chico que "quiere" pero no "puede". ¿Qué decimos de un chico así? Que "no tiene hábitos". Los padres deben comprender que es cuestión de que el hijo adquiera en su niñez lo que transformará en virtud cuando él libremente lo asuma con su inteligencia. De ahí la importancia de crear en nuestra familia un ambiente lo más estable posible para contrarrestar la falta de estabilidad de afuera. El ambiente de un chico no es sólo su familia y el colegio, es la TV, el club, los amigos, los juegos, la computadora. Antes existían hábitos adquiridos en la primera infancia porque los estímulos eran estables por sí mismos: roles familiares, horarios, diversiones, el tiempo, etc. Tal vez no había motivaciones de fondo pero "ese clima" facilitaba la formación de "cerebros ordenados". Actitudes que facilitan esa estabilidad: Ambientes predecibles: donde las conductas de cada miembro tienen siempre las mismas consecuencias. Ambientes consistentes: donde las reglas de la casa no cambian de un día para otro. Ambientes explícitos: donde lo que se espera de cada uno lo saben todos. Estimular en positivo: reconocer lo logros antes que pretende evitar los errores. Explicar los motivos por los que pedimos o enseñamos algo. Saber cuáles son los motivos que mueven a actuar de una determinada manera. Según sus motivos, razonar los nuestros. Saber preguntar. En el futuro, sobre este marco vendrán "los motivos" de la rebeldía, de la TV, de la presión social, pero por lo menos, les hemos dejado la mejor herencia que se puede dejar a un hijo que es su capacidad de valerse por sí mismo y su seguridad personal.
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