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Testimonio de una religiosa desde la Diócesis de Saitama, Japón
Viernes 25 de marzo de 2011

Relato enviado a ACI Prensa el 25 de marzo de 2011
Por: Hermana María Matilde Núñez, Congregación de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento.

Sagrado Corazón de Jesús ¡En Ti confío!

Aprovechando mi día de descanso les hago una reseña de la situación en Japón.

Sabemos que los medios de comunicación están proporcionando información continuamente, aunque a mi modo de ver algunas noticias han sido muy alarmistas, provocando un éxodo de extranjeros sin precedentes.

Muchos países enviaron aviones especiales para repatriar a sus connacionales y si quedaba lugar aceptaban a otros de países cercanos. Por una parte agradecemos a los medios de información su interés en transmitir las noticias. Pero al mismo tiempo cuánto agradeceríamos que no abulten los hechos, que no digan solo lo negativo, que no se inventen las cosas sembrando pesimismo y alarma entre todos.

Los medios pasan por alto otras muchas cosas que son verdadera noticia y ejemplo para todos. Esto ha provocado que del extranjero se sienta una presión tremenda sobre los inmigrantes para que se alejaran de Japón arguyendo que los jinetes apocalípticos ya habían comenzando a descargar sus azotes mortales. ¡Oh, Dios! cuántas patrañas y cuentos.

En esta última semana resultaba casi imposible encontrar un lugar en los aviones y para las familias con niños ha sido muy difícil conseguir lugares juntos. Ahora parece que todo se está tranquilizando. En Tokio, al menos, todo parece haber vuelto a la normalidad. Incluso cuando hay temblores, que son muy frecuentes, la gente no se alarma y está atenta a las indicaciones.
Respecto al problema de la central nuclear, esperemos que pronto se tenga bajo control,  al menos lo que sea posible en ese terreno. La Embajada de México casi diariamente nos está informando con bastante objetividad sobre la situación, nos transmite las notas informativas de la OIEA y de los técnicos japoneses y sobre lo que están haciendo día a día. Así nos enteramos de la situación real en que nos encontramos y a la cual estamos haciendo frente.
Por otra parte la emergencia y la crisis continúan, ya que quedan los miles y miles de evacuados que aún están en situaciones precarias y lamentables. Sobre esto es que yo quisiera compartirles hoy. Porque son éstas las cosas graves y dolorosas que deben compartirse y difundirse pero que no hacen noticia clamorosa.

Por ejemplo, son más de 2 000 los refugios improvisados para las personas que perdieron todo con el terremoto o que sus casas fueron arrasadas por el tsunami.  En algunos de estos albergues se encuentran cientos y hasta miles de personas, con carencia de luz, agua, alimentos, soportando el frío invernal. Ya el gobierno se ha movilizado para hacer puentes aéreos y hacer llegar a estas personas alimentos, ropa, etc. mientras se logra su movilización a otros lugares.

Todo el país se ha volcado prácticamente en ayudarlos. La Compañía Lowson inmediatamente después de la tragedia convocó a todos sus representantes en el país para ayudar enviando comida gratuita para los refugiados. Enseguida, suspendieron el envío a las tiendas ordinarias y llamaron a diversas compañías de transporte para hacerles llegar los alimentos (esto fue lo que produjo la escasez inicial y desconcertó a muchos porque faltaban las bolitas de arroz y el pan en los estanquillos donde se venden diariamente).

Al mismo tiempo se empezó a producir miles y miles de bolitas de arroz onigiris), pan y agua o leche para enviar a los damnificados. Pero se encontraron con el problema de las grandes distancias entre las fábricas de producción y los lugares de refugio. Además con las carreteras deshechas y muchos derrumbes que interrumpían el paso de los camiones de transporte. El mismo problema se presentaba para proveerlos del combustible.

Después de largas horas de transporte los alimentos no llegarían en buen estado a la zona de los refugios. Entonces contactaron directamente con el gobierno que puso a disposición helicópteros de carga que han estado transportando cientos de cajas de alimentos cada día. De ahí en transportes más pequeños que podían circular por carreteras de montaña o un tanto resquebrajadas se les empezó a enviar, al menos una bolita de arroz, un pedazo de pan y algo de leche para los niños. Pero son tantos los evacuados que no alcanza más que para una ración diaria y muy limitada al número de personas.

Grupos de personas civiles se han organizado en el norte, cerca de Hokkaido y llevan a los damnificados verduras y carne para que reciban algo más nutritivo. Las mismas personas refugiadas se ofrecen a trabajar para cocinar y darles a los ancianos y niños.

De otras partes cercanas les llevan grandes botes de leche recién ordeñada y la hierven con maderas de los escombros para distribuirla especialmente a los niños y ancianos. Todo esto sin que nadie se los pidiera. Muchos, muchísimos han estado actuando por propia iniciativa, sin escatimar gastos, ni trabajo, ni sufrimientos.

Naturalmente, no se puede llegar a todos lados. Hay lugares en donde todavía no llega ni alimento, ni luz, ni agua. Y ellos mismos se han movilizado para subsistir. Han buscado entre los escombros utensilios o algo de las despensas, recogen el arroz sucio y mezclado con el lodo para lavarlo y cocinarlo en improvisados peroles. Con el agua de la nieve se asean y cocinan. Hacen grandes fogatas para calentarse todos alrededor. Así han subsistido hasta que les va llegando la ayuda de parte de los equipos de rescate. 

Los niños de las escuelas donde se instalaron provisionalmente los refugios, como no tienen clases, se han ofrecido para dar masajes a los viejitos, lavarles los pies con agua caliente, o llevarles un poco de alegría y esperanza. Otras personas les lavan la cabeza o les llevan toallitas calientes para que se limpien el cuerpo ya que no pueden bañarse.

Los médicos y enfermeras que lograron salvarse se han seguido ofreciendo voluntariamente para atender a las personas que lo necesiten. Miles de personas huyeron y lograron salvar la vida pero sin nada… sus medicinas y todas sus pertenencias desaparecieron engullidas por el mar. 

Algunas compañías farmacéuticas han ofrecido la medicina gratuita, solo que venga respaldada por la receta de un médico. Varios los hospitales fueron alcanzados por el tsunami. Se veían flotar las camas con personas y luego desaparecían bajo las olas. Ls escenas son impresionantes y nunca las olvidaremos.

Varias prefecturas han ofrecido dar hospedaje a los desplazados mientras se les construyen viviendas o lugares de refugio mejor acondicionados.
Se han instalado centros de recolección de ropa y alimentos no perecederos. Ahí también se ofrecen voluntarios para seleccionarla y empacarla antes de ser enviada.

Ahora están haciendo un llamado por más voluntarios para atender a las personas porque el cansancio y el stress psicológico se está manifestando cada día más.  Hay personas que también se han ofrecido a recibir una familia o dos o tres personas en su casa. Realmente la generosidad y la solidaridad son ejemplares.

Por otra parte los equipos de rescate continúan trabajando entre los escombros para buscar a más personas desaparecidas, removiendo siempre con cuidado antes de transportarlos a otros sitios.  En otros lugares ya se están construyendo las viviendas prefabricadas para las casi mil familias que lo han solicitado. Se continúan inscribiendo muchas más, pero todos quieren volver a reconstruir sus ciudades ahí mismo. Uno que era fabricante de barcos, otro que tenía una empacadora de pescado con más de 100 obreros, otro que tenía otra pequeña industria de alimentos típicos. En fin, en cuanto pasó el susto y vieron que aún estaban vivos ya se han reunido para darse aliento mutuamente y empezar de cero.

En una ciudad afectada desaparecieron completamente las oficinas del ayuntamiento, así que no quedó ningún registro de sus habitantes. Nunca se podrá saber cuántos faltan realmente. Hay un equipo que va preguntando a cada uno su nombre y anota dónde vivía, cuántos eran, para poder publicar las listas por internet o por televisión ya que muchas personas no saben todavía si los otros miembros de su familia viven o no.

De los cientos de cadáveres que fueron rescatados hay muchos que no han sido identificados y otros que por el tiempo que ha pasado no son ya reconocibles. Han pensado cremarlos pero antes tomarán algunas fotografías. O bien enterrarlos y tomar muestras de ADN por si alguien los requiere.
Se calcula que entre 600 y 800 extranjeros que trabajaban o estaban en plan de aprendizaje en las industrias de pesca y enlatados no pudieron salvarse. Quien podrá saber el nombre y procedencia de estos extranjeros? Muchos eran orientales, pero también de América Latina.

Por último no quiero dejar de mencionar que muchos países han ofrecido ayuda a Japón y todos lo agradecemos profundamente. Yo he recibido varios emails de personas japonesas que conozco dándome las gracias por el equipo de rescate que llegó de México inmediatamente y por otras señales de solidaridad que han recibido.

Japón necesita ayuda, MUCHA AYUDA. Ahora lo que urge es construir viviendas, centros de acogida para más largo tiempo, reparación de carreteras, reinstalación de la luz, agua, gas, etc. Falta mucho por hacer hay que poner manos a la obra y todos estamos dispuestos.

También está el problema de la central nuclear. Pero ahí solo son pocas personas las que pueden intervenir directamente, nosotros los apoyamos con nuestras oraciones y nuestra confianza en Dios, tratando de sembrar alegría y esperanza en todos.

La primavera está a puertas. Los botones de la sakura se abultan cada día más y estamos seguros de que este frío invernal y los cambios tan bruscos, en todo sentido, pronto van a pasar y que la alegría de las flores, los cantos de los pájaros también alegrarán nuestros corazones.

Les comparto dos casos milagrosos, solo como ejemplo. Habían ya transcurrido nueve  días del terremoto y tsunami cuando los rescatistas que caminaban entre los escombros escucharon unos débiles gritos y viendo hacia allá, descubrieron a un chico sobre el tejado de una casa que hacía señas con una toalla.  Se acercaron inmediatamente y el chico solo decía: dentro hay una anciana de 80 años y no puede salir por sí misma. Era su abuelita. 

Cuando ocurrió el terremoto los dos estaban en la cocina del segundo piso. Enseguida llegó el tsunami y llenó todo el primer piso arrastrándolo.  Esto ocasionó que el segundo se desplomara y el techo cayera sobre la cocina. Los dos quedaron aprisionados.  Poco a poco lograron moverse y crear un espacio pequeño. Pero la abuela estaba atrapada por los pies. Escuchaban las voces de los equipos de rescate pero no había manera de comunicarse con ellos. Fueron tomando del refrigerador yogur, leche, jugos y algunas galletas, racionándolos para sobrevivir. Los temblores continuaban y se temían que el techo cayera definitivamente sobre ellos. Cuando, por gracia de Dios, un temblor fuerte reacomodó los escombros y dejó abierta una hendidura por donde el chico pudo escabullirse y subir al techo de la casa.

De nuevo se escuchaban voces de rescatistas que ya habían perdido la esperanza de encontrar sobrevivientes.  El chico empezó a gritar cuanto podía pero apenas se oían sus gritos como un susurro. Estaba aterido de frío, sin fuerzas. Lo vieron y corrieron para auxiliarlo. Después rescataron a la abuelita y a los dos los transportaron en helicópteros porque todo está aún anegado por las aguas del mar que no encontraron salida de regreso.

Los transportaron al hospital donde recibieron atención inmediata y ahora se han recuperado casi completamente. 

Otro es el caso de Hiroko Sato una mujer embarazada  que se encontraba en una casa a la orilla del mar, con su hermano menor. Fue arrastrada por el tsunami a bordo del automóvil de su hermano junto a su cuñada y sus dos sobrinos. Salieron de auto y se aferraron a un tatami (tabla gruesa de paja que sirve de suelo en las casas japonesas) mientras eran arrastrados por la corriente.

Remando como podía se refugiaron en lo que quedaba de la parte alta de un edificio que sobresalía del agua, donde fueron rescatados por un bote varias horas después.

. Cuanto habremos estado ahí?.  No lo sé.  Yo me desvanecí poco después dentro de las ruinas todas mojadas.  Después de muchas horas llegó el bote de rescate.

Casos como estos son incontables... 

Por ahora voy a suspender aquí. Lo que se pudiera decir es interminable. Pero todo queda escrito en el Corazón del Padre. Confiando mucho en sus oraciones. 

Hna. María Matilde Núñez  MC

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