13 de noviembre de 2008 - 9:43 AM

Separar vida pública del valor de las tradiciones conduce a callejón sin salida, advierte el Papa

Redacción ACI Prensa

Separar vida pública del valor de las tradiciones conduce a callejón sin salida, advierte el Papa

Al recibir esta mañana las cartas credenciales del nuevo Embajador de la República de San Marino, Sante Canducci, el Papa Benedicto XVI advirtió que "separar totalmente la vida pública del valor de las tradiciones" que han surgido de la fe cristiana que ha nutrido a "nuestros pueblos", significaría "acabar en un callejón ciego y sin salida".

Por esa razón, dijo el Santo Padre en su discurso, "es necesario volver a definir el sentido de una laicidad que subraye la verdadera diferencia y autonomía entre los diferentes miembros de la sociedad, pero que conserve también las competencias específicas en un contexto de responsabilidad común".

Benedicto XVI explicó que la cristiana ha constituido "el 'alfabeto' espiritual que ha hecho posible a nuestros pueblos escribir a lo largo de los siglos nobles páginas de historia civil y religiosa" por lo que "representa un precioso patrimonio que no se puede desbaratar, un patrimonio que hay que incrementar con la aportación de los descubrimientos modernos de la ciencia, de la técnica y de la comunicación, puestos al servicio del verdadero bien del ser humano".

Asimismo, el Pontífice explicó que "la 'sana' laicidad del Estado conlleva que todas las realidades temporales se rijan según unas normas propias, que sin embargo no deben descuidar las instancias éticas esenciales, cuyo fundamento descansa en la misma naturaleza del ser humano, y que precisamente por eso, llevan en último término al Creador".

El Papa explicó que "la fe cristiana ha llenado la vida y la historia de la gente y de las instituciones de San Marino" y expresó el deseo de que "la actual comunidad civil y religiosa sepa escribir una nueva página de progreso y de civilización, reconociendo el papel indispensable que cada familia debe desarrollar en la formación de las nuevas generaciones como lugar de educación a la paz".

El Santo Padre recordó al finalizar su discurso que "cuando la Iglesia Católica recuerda –por medio de sus pastores legítimos– el valor de algunos principios éticos fundamentales, enraizados en el patrimonio cristiano de Europa, para la vida privada, y todavía más para la vida pública, desea únicamente garantizar y promover la inviolable dignidad de la persona y el bien auténtico de la sociedad".

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