El recorrido que el Papa Francisco realizó hoy desde que aterrizó en el aeropuerto de Sarajevo para llegar al Palacio presidencial, donde tuvo el primer discurso de una larga jornada, fue testigo de la violencia de la guerra en Sarajevo a inicios de la década de 1990.

Tras la disolución de la ex Yugoslavia, Bosnia-Herzegovina se vio envuelta en una dramática guerra basada en odios étnicos, que acabó con más de 97 mil vidas y dejó cerca de dos millones de desplazados.

La ruta que tomó el Papa, que hoy se llama Zmaja od Bosne, entonces era la Avenida de los Francotiradores. Quien pasaba por allí llegaba herido por los francotiradores apostados en la montaña, o en el interior de algunos edificios.

En un cierto punto, poco antes del Palacio Presidencial, el Papa encontró a su izquierda la Iglesia Católica de San José, monumento nacional de Bosnia-Herzegovina que por un periodo de tiempo se pensó que fuera la catedral de la ciudad.

Dirigiendo la mirada a la derecha, pudo ver el puente de Vrbanja. Allí murió mucha gente por los disparos de los francotiradores. Allí murieron también el “Romeo” y la “Julieta” de Sarajevo.

El puente de Vrbanja une el barrio bosnio con el serbio, pasando por el torrente Miljacka. Era obviamente un objetivo privilegiado de los francotiradores.

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Los primeros dos muertos civiles de la guerra murieron allí: eran dos estudiantes, Suada Dilibegovi y Olga Sucic, una estudiante bosnia y un pacifista croata. Un año después, Gabriel Moreno Locatelli, italiano, miembro de la asociación “Beatos los constructores de paz”, fue al puente con cinco compañeros para recordar a los muertos y, simbólicamente, distribuir la comida a los militares de ambos bandos. Todos habían sido informados de la ceremonia, pero los francotiradores dispararon sin importarles nada.

Bosko Brkic y Admira Ismic sabían todo esto. Él era serbio y ella bosnia. Él era cristiano ortodoxo y ella musulmana. Se habían enamorado viéndose en un bar, y habían comenzado una historia de amor imposible en un país golpeado por el odio étnico.

Fueron a vivir donde los padres de Admira, y al poco tiempo Bosko arregló todos los papeles para partir, puesto que habían decidido dejar Sarajevo.

La idea era ir donde los padres de Bosko, en el barrio serbio, estar un poco allí y después, finalmente, abandonar la ciudad. Pero, ¿cómo se podría pasar el puente Vrbaja? Los dos quisieron intentarlo.

El 19 de mayo de 1993 decidieron atravesar el puente. Nunca llegaron a la otra parte.

Un disparo a la cabeza acabó al instante con la vida de Bosko. También Admira recibió disparos, pero no murió en el momento. Con las últimas fuerzas que le quedaban, se arrastró hasta el cuerpo de su enamorado y le abrazó.

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Murieron así, abrazados, y permanecieron abrazados ocho días sobre el puente porque los dos bandos no se ponían de acuerdo para un cese del fuego que permitiese recoger los cadáveres.

Tres años después, los jóvenes enamorados fueron enterrados en el Cementerio de los Leones, uno junto al otro. El recinto del cementerio está próximo al bar donde Bosko y Admira se encontraron, se enamoraron y planificaron una fuga que nunca fue posible.