30 de abril de 2009 6:09 am

Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos explica qué es la santidad

Redacción ACI Prensa

Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos
Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos

En su intervención en la jornada de estudio por los 800 años de los franciscanos que se realizó en la Pontificia Universidad Antonianum, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Angelo Amato, explicó en qué consiste la santidad y qué significa la heroicidad de virtudes.

"Se puede afirmar –precisa el Prelado vaticano al principio– con el Concilio Vaticano II que todos los fieles están llamados a la santidad. La santidad es la vocación de todo bautizado. Como consecuencia hoy la santidad hace parte de la identidad de la Iglesia, Una Sancta, y del bautizado".

Según informa L'Osservatore Romano, tras recordar luego que "la fuente originaria de la santidad de la Iglesia y en la Iglesia es Dios Trinidad", Mons. Amato se refiere luego a la heroicidad de virtudes, que es también uno de los pasos más importantes que todo Siervo de Dios debe seguir en su proceso de canonización.

El Prelado recuerda que Santo Tomás de Aquino considera "la virtud heroica como la extraordinaria perfección de la parte razonable del alma". Santo Tomás, prosigue Mons. Amato, "explica luego la relación entre los dones del Espíritu Santo y la virtud. Los dones son indispensables para que el bautizado alcance su dimensión sobrenatural. En este contexto él habla de hábito heroico o divino, lo que indica una disposición hacia el bien más alta que la del común. La virtud heroica es el ejercicio en grado eminente de la virtud".

Seguidamente el Prefecto precisa que "en la virtud heroica el nivel moral que está presente en ella se eleva por encima del nivel moral de casi todos los hombres. Eso suscita admiración, lo que constituye también un elemento de la definición de la virtud heroica".

A la pregunta, asegura luego, sobre cómo se reconocen las virtudes heroicas, "se responde que el grado heroico es reconocible, en primer lugar por la frecuencia, por la prontitud y el carácter jubiloso de la actividad virtuosa; en segundo lugar por el hecho de que ante obstáculos complicados, formados por circunstancias externas o internas, estas se superan de modo tal que el héroe virtuoso puede ser considerado capaz de grandes sacrificios por el Evangelio en la total abnegación de sí mismo".

"En la virtud heroica, Cristo se hace de nuevo visible en medio de nosotros y el santo se convierte en el espejo de Cristo. Los santos, además, son los verdaderos operadores de la inculturación del Evangelio, no mediante teorías elaboradas en una mesa, sino viviendo y manifestado la sequela Christi (seguimiento de Cristo) en la propia cultura".

Los santos, continúa el Arzobispo, "muestran la verdad evangélica con su existencia. En ellos se realiza la metamorfosis cristiana de una cultura, desde el momento en que revelan como las bienaventuranzas evangélicas tocan y convierten al bien los corazones y las mentes de las personas de toda cultura".

"En los santos la inculturación no sucede principalmente ab externo, en el estilo de las iglesias, en las vestimentas del cuerpo, en las maneras lingüísticas; sino sobre todo ab interno, es decir en su persona. Son ellos mismos en persona Evangelio viviente para la cultura. Como en los inicios de la Iglesia fueron los santos pastores, los santos teólogos y los santos mártires los que evangelizaron la cultura, así hoy la Iglesia necesita santos para el éxito de toda inculturación. El Evangelio de hecho no está reservado para una cultura determinada sino que está para todas las culturas".

Mons. Amato resalta también que la existencia de los santos "es la obra más eficaz de convencimiento de la bondad de la Palabra de Dios, de su verdad por la existencia jubilosa de la humanidad. Solo así se explican las conversiones al Evangelio operadas por los santos misioneros comenzando por los apóstoles, que se difundieron en todo el mundo anunciando la buena noticia de la salvación en Cristo, convirtiendo y bautizando".

Finalmente el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos subrayó que "los santos son signos concretos de esperanza para un futuro de fraternidad, de alegría y de paz. A veces escucho lamentos por el gran número de santos que son canonizados. Pero la Iglesia santa no puede menos que generar hijos santos. Criticar así sería casi lo mismo que lamentarse por la gran cantidad, variedad y belleza de las flores… en primavera".

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