10 de marzo de 2009 5:32 am

Obispos no deben temer dejar su labor cuando es preciso hacerlo, dice Cardenal Arinze

Redacción ACI Prensa

Cardenal Francis Arinze, Prefecto Emértio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Cardenal Francis Arinze, Prefecto Emértio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

En la meditación final de los ejercicios espirituales que dirigiera para el Papa Benedicto XVI y la curia vaticana, el Cardenal Francis Arinze resaltó la necesidad de que los sacerdotes y obispos se retiren en el caso de una enfermedad larga que los alejara de su ministerio y usar el tiempo cercano a la muerte para meditar intensamente en lo que debe ser su santo tránsito a la Casa del Padre.

En su reflexión recogida por L'Osservatore Romano, el Purpurado cuestionó: "¿No llega tal vez el momento en el que quien ha servido durante largo tiempo a Dios y la Iglesia, y ahora no está bien, debe pedir ser reemplazado de sus grandes responsabilidades para permitir que quien goza de mayor salud tome el timón? ¿No es tal vez un modo para permitirle al enfermo prepararse mejor para el encuentro con el Señor?"

Sin duda, áfirmó el Prefecto Emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, "las personas cercanas al obispo diocesano o al párroco, cuando están enfermos, dudarán al pronunciar la palabra dimisión para no aparecer ingratos, ¿pero no debería tal vez el enfermo mismo afrontar la cuestión? De este modo, sería todo más simple, teniendo en cuenta el Código de Derecho Canónico pide y amonesta tener siempre en mente que la salvación de las almas debe ser la ley suprema de la Iglesia".

De aquí la invitación a reflexionar, antes de que llegue la enfermedad, sobre cómo comportarse en calidad de sacerdote u obispo en el caso de una enfermedad suficientemente larga. "¿Qué cosa sería mejor que hiciese por el bien de la parroquia o de la diócesis?", cuestionó el Purpurado.

Seguidamente el Cardenal animó a los presentes a prepararse para el tiempo cercano a la muerte y a reflexionar sobre la manera en que ésta debe afrontarse.

Tras recordar todo el bien y el testimonio dejado por Juan Pablo II en sus últimos años, anciano y enfermo, el Cardenal Arinze resaltó que "no es superfluo recordar al sacerdote o al obispo lo que ya saben, es decir el sentido cristiano de la muerte. Tal consideración los ayudará a vivir con más serenidad los momentos finales de sus vidas en este valle de lágrimas".

La muerte del cristiano "tiene gran valor cuando es vivida en unión con Cristo. Además, la muerte enseña a todos de modo perentorio la necesidad de dejar todo, de seguir a Jesús", concluyó.

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