Mons. Rodrigo Aguilar, Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) hizo un llamado a las autoridades a aprobar leyes que defiendan los derechos de las mujeres.

Durante la presentación de la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la Colaboración del Hombre y  la Mujer en la Iglesia y el Mundo, Mons. Aguilar, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar (CEPF), rechazó el feminismo y la competencia que se ha suscitado entre los géneros, e hizo un llamado a armonizar las leyes y la organización del trabajo con las exigencias de la mujer dentro de la familia.

El Prelado destacó que el problema de la dignidad de la mujer en el país no sólo es jurídico, económico o administrativo sino de mentalidad y de respeto.

“La Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer”, dijo el Obispo.

Respecto al feminismo radical señaló que “toda perspectiva que pretenda proponerse como lucha de sexos sólo puede ser una ilusión y un peligro, peligro de antagonismo, de no llegar a una complementación sino a una competencia”.

Mons. Aguilar señaló que entre los sexos “debe haber igualdad de oportunidades y el llamado es a legislar esta participación en la vida pública, incluyendo la política y empresarial y social, para lograr el equilibrio e incluso la complementariedad de los sexos”.

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Revalorizar trabajo en el hogar

Por su parte, la Licenciada Martha Tarasco, integrante del Departamento de la Vida de la CEPF, señaló que la Iglesia propone evitar estigmatizar a quienes deseen dedicarse al trabajo doméstico.

“Las mujeres que libremente lo deseen podrán dedicar la totalidad de su tiempo al trabajo doméstico sin ser estigmatizadas socialmente y penalizadas económicamente”, señaló Tarasco.

La licenciada afirmó que “por otra parte, las que deseen desarrollar también otros trabajos podrán hacerlo con horarios adecuados, sin verse obligadas a elegir entre la alternativa de perjudicar su vida familiar o de padecer una situación habitual de tensión, que no facilita ni el equilibrio personal ni la armonía familiar”.

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