21 de noviembre de 2003 - 2:09 PM

Obispo argentino recuerda que Santo Padre “nos salvó del horror” de la guerra

Redacción ACI Prensa

Obispo argentino recuerda que Santo Padre “nos salvó del horror” de la guerra

Mons. Carmelo Giaquinta, Arzobispo de Resistencia, recordó que el Papa Juan Pablo II “nos salvó del horror” de la guerra que estuvieron al borde de enfrentar Argentina y Chile en 1978. El Prelado afirmó que ese fue el “primer gesto profético” del Santo Padre, que demostró, apenas asumida la Cátedra de Pedro, que estaba dispuesto a “voltear muros entre los pueblos, no con armas mortíferas, sino con voluntad de paz”.

El Arzobispo explicó que “a 25 años de aquella situación, ésta es para muchos sólo una extraña anécdota de algo que nunca ocurrió. Pero los que entonces fuimos protagonistas y sobrevivimos a la suma de tantos errores y horrores, tenemos la obligación moral de manifestar nuestra gratitud a Juan Pablo II en voz bien alta, para que los jóvenes sepan que él nos salvó de la guerra con un país hermano”.

“Y que gracias a él esa locura no grabó en nuestro espíritu las secuelas que estaba a punto de esculpir. De este modo, Juan Pablo II ha obtenido un lugar preeminente en la historia del pueblo argentino. Y es necesario que todos, cualquiera sea su religión, lo recuerden”, añadió.

Asimismo, Mons. Giaquinta valoró que el Papa “haya decidido intervenir una vez más, no ya mediando, pues la suerte de la guerra estaba echada, pero sí fortaleciendo la voluntad de paz de ambos pueblos”.

“A tal efecto –continuó–, dio una serie de pasos. Primero, apuró una audiencia a las delegaciones de Argentina y Chile que trabajaban en la obra de la mediación papal en el diferendo sobre la zona austral, para que ambos pueblos reafirmasen su voluntad de paz. Imposible ir a Gran Bretaña a hablar de paz con la Argentina, sin dar una vuelta de tuerca a su gestión mediadora en curso: ‘La estipulación de ese Tratado de Paz y amistad perennes deberá ser el coronamiento de sus conversaciones, constituirá la conclusión irreformable de una divergencia enojosa, excluyendo también la hipótesis de reivindicaciones futuras, y sellará el comienzo de una colaboración de veras más estrecha entre dos pueblos hermanos’”.

También, el Prelado recordó que “el 21 y 22 de mayo reunió en Roma a los cardenales de la Argentina y Gran Bretaña, celebró con ellos la Santa Misa en la basílica de San Pedro y pronunció una homilía memorable, en tres partes: la paz es un deber; la paz es posible; la obra pacificadora de Cristo y de su Iglesia. Y puso sendos telegramas casi con un mismo texto al general Galtieri y a Margaret Thatcher, ‘para que interpongan su válida acción a fin de que pueda obtenerse un cese inmediato de las hostilidades que abra caminos a soluciones pacíficas de la contienda’”.

“No satisfecho, el 25 de mayo nos envió un mensaje a los argentinos en el que nos explicaba las razones pastorales de su viaje a Gran Bretaña, las dificultades que acarrearía postergarlo, casi nos pedía disculpas por hacerlo y nos prometía visitarnos apenas pudiese: ‘En vista de las dolorosas circunstancias actuales, debo daros esta aclaración... Desearía dirigirme incluso directamente desde Inglaterra a la Argentina y allí, entre vosotros y con vosotros, queridos hermanos y hermanas, elevar la misma plegaria por la victoria de la justa paz sobre la guerra’. Documento memorable que merecería ser incluido en los libros de texto de nuestras escuelas”, agregó.

Más adelante, el Arzobispo recordó que “el 11 de junio el Papa aterrizó en Buenos Aires, con un mensaje muy claro sobre la paz: ‘En este momento la humanidad ha de interrogarse, una vez más, sobre el absurdo y siempre injusto fenómeno de la guerra, en cuyo escenario de muerte y dolor sólo queda en pie la mesa de la negociación que podía y debía evitarla.... el mundo aprenda a poner por encima de todo, siempre y en toda circunstancia, el respeto a la sacralidad de la vida; a relegar al olvido el recurso de la guerra, al terrorismo o métodos de violencia; y a seguir decididamente senderos de entendimiento, de concordia y de paz’”.

“La guerra con Chile que no fue, y la guerra del Atlántico Sur que fue: dos mojones de la historia argentina en los que Juan Pablo II escribió renglones decisivos. Los argentinos no lo hemos de olvidar”, concluyó.

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