11 de mayo de 2003 2:12 pm

Mons. Adolfo Rodríguez, primer Arzobispo de Camagüey, convocado a la Casa del Padre

Redacción ACI Prensa

Mons. Adolfo Rodríguez, primer Arzobispo de Camagüey, convocado a la Casa del Padre

Anoche falleció en su residencia el primer Arzobispo de Camagüey y uno de los prelados más queridos de Cuba, Mons. Adolfo Rodríguez Herrera. Tenía 79 años de edad y sufrió un ataque al corazón casi a la medianoche, cuando regresaba de asistir a un enfermo. Mons. Rodríguez fue una de las figuras históricas de la Iglesia Católica en Cuba en las últimas décadas. Según recuerda Pablo Alfonso, de El Nuevo Herald, “era el último de los obispos cubanos que participó en el Concilio Vaticano II y también el último de los que vivieron los años de mayor represión religiosa del régimen castrista”.

Mons. Rodríguez, señala el periodista, “era párroco de Vertientes, en la provincia de Camagüey, cuando se produjo la expulsión masiva de sacerdotes de la isla, y junto a un pequeño grupo de sacerdotes tuvieron a su cargo mantener las actividades litúrgicas en toda la provincia”.

Nacido en 1924 en Minas, diócesis de Camagüey, fue ordenado sacerdote el 18 de julio de 1948. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Camagüey el 27 de mayo de 1963 por Juan XXIII y un año después fue nombrado Obispo de la diócesis.

Recibió al Papa Juan Pablo II cuando visitó su diócesis en enero de 1998 y ese mismo año, en diciembre, el Santo Padre elevó a Camagüey a Arquidiócesis. Mons. Rodríguez –que entonces tenía 74 años-  fue nombrado Primer Arzobispo de Camagüey. Recibió el palio de manos del Papa el 29 de junio de 1999 en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

A los 75 años de edad, fue electo Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, cargo que desempeñó hasta el año 2001.

Se desempeñó como Arzobispo de Camagüey hasta el año 2002, cuando fue sucedido por Mons. Juan García. Al momento de su muerte era Presidente de la Comisión Justicia y Paz del Episcopado Cubano.

Aunque le tocó vivir las épocas más difíciles para la Iglesia en la Isla, en una entrevista concedida a la prensa española cuando aún trabajaba como Arzobispo de Camagüey, Mons. Rodríguez consideró que estas dificultades habían purificado a los cristianos cubanos.

“Las circunstancias de Cuba nos han conducido a un cristianismo más purificado. Hay situaciones en las que Dios nos desnuda de aquellas cosas que nos son genuinamente cristianas y necesarias. En este sentido creo que Cuba fue beneficiada por circunstancias que desde el punto de vista humano a nosotros nos pueden parecer adversas, pero Dios ha purificado a la Iglesia. Por lo tanto, parece que los cristianos de Cuba lo son a base de golpes, de sacrificios, de entrega, de generosidad y autenticidad”, señaló.

Para el Arzobispo, ser cristiano en Cuba es tan difícil como “lo es en cualquier lugar del mundo. El cristianismo, como un ideal de héroes en un mundo como éste, creo que es muy difícil de vivir”.

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