18 de febrero de 2019 3:30 pm | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 18 de febrero de 2019 3:40 pm

Las negligencias que llevaron a sacerdote abusador al liderazgo en arquidiócesis mexicana

POR DAVID RAMOS | ACI Prensa

Eduardo Córdova Bautista. Foto: Interpol.
Eduardo Córdova Bautista. Foto: Interpol.

Mientras el Papa Francisco se prepara para reunirse con los presidentes de las conferencias episcopales del mundo del 21 al 24 de febrero en la Santa Sede para discutir medidas de prevención del abuso de menores, una historia de horror que involucra a un sacerdote y una arquidiócesis mexicana pone en evidencia las negligencias que deberán ser enfrentadas en la cumbre vaticana.

ADVERTENCIA: Algunos testimonios contenidos en este informe podrían herir la sensibilidad del lector.

El P. Eduardo Córdova Bautista, hoy prófugo de la justicia y buscado por la Interpol en 194 países, llegó hasta lo más alto de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, en México, a pesar de décadas de denuncias de abuso sexual a menores, seminaristas y diáconos y bajo el gobierno pastoral de tres arzobispos diferentes. ¿Cómo lo logró?

De acuerdo a la ficha roja de la Interpol, al sacerdote se le busca por las acusaciones de “privación ilegal de la libertad, abuso sexual calificado, corrupción de personas menores de dieciocho años de edad o de personas que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho o de personas que no tienen la capacidad de resistirlo y violación equiparada”.

En 2014, cuando finalmente fue hallado culpable por la Iglesia, suspendido en su ministerio y reportado ante las autoridades mexicanas, el P. Córdova Bautista llevaba siete meses de confirmado en el cargo de Representante Legal de la Arquidiócesis de San Luis Potosí “y de todas sus divisiones y entidades internas” por el actual Arzobispo, Mons. Jesús Carlos Cabrero Romero.

Esa era una nueva ratificación del cargo de apoderado legal para el que fue designado por primera vez en 1994 por el fallecido Mons. Arturo Antonio Szymanski Ramírez, Arzobispo de San Luis Potosí entre 1987 y 1999.

Córdova Bautista nació el 5 de julio de 1959 en San Luis Potosí y fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1988 por Mons. Szymanski Ramírez, tras poco menos de cuatro años de seminarista.


Primera página de la hoja de vida de Eduardo Córdova Bautista.

Previamente había estudiado Derecho en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

En 1992, Mons. Szymanski Ramírez lo nombró Vicario Judicial Adjunto, Asesor Fiscal y Asesor Canónico.

En lo que se veía como una carrera prometedora, el 13 de julio de 1993, el entonces Arzobispo de San Luis Potosí lo nombró Vicerrector del Seminario Mayor. Sin embargo, en ese cargo no llegaría a cumplir cinco meses.


Nombramiento de Eduardo Córdova Bautista como Vicerrector del Seminario de San Luis Potosí.

El 3 de diciembre de 1993, sin explicación que conste en los registros de la Arquidiócesis, Córdova Bautista fue removido del cargo de Vicerrector del Seminario Mayor y nombrado Capellán de coro y segundo ceremoniero de la Iglesia Catedral, un puesto de mucho menor perfil.

Al año siguiente, sin embargo, retomó la carrera ascendente y fue designado como uno de los apoderados legales de la Arquidiócesis de San Luis Potosí. Así permanecería, junto a otros encargos de capellanías y parroquias hasta el final del gobierno pastoral de Mons. Szymanski Ramírez.

La primera denuncia que figura en el archivo de la Arquidiócesis de San Luis Potosí data del 28 de junio de 1998. En ella el diácono Miguel C. denunció ante el entonces rector del Seminario Mayor, P. Gilberto Amaya Martínez, que al servir en una parroquia atendida por Córdova Bautista “yo me sentía enfermo de gripa y el P. Eduardo Córdova me dio un supuesto medicamento que me privó y desperté hasta otro día. Yo estaba desnudo, y me sentía físicamente sin fuerza y muy mal”.


Testimonio de Miguel C. sobre los abusos de Eduardo Córdova Bautista en 1998.

“En otra ocasión quiso acariciarme, cosa que yo no permití. Y le pedí hablar con él de esto. Sin que él me diera una respuesta, yo le dije todo lo que tenía que decirle, no me contestó nada”, escribió el entonces diácono.

El 4 de enero de 1999 el seminarista Honorio G. dirigió una carta a Mons. Szymanski Ramírez, informándole de los abusos que sufrió a manos de Córdova Bautista.

Recuerdo que el Padre Eduardo planeó todo lo que pensaba hacer conmigo” escribió el joven. “El último día de la Pastoral Vocacional yo le acompañé a unas comunidades. Iba el chofer y yo en medio de los dos y el Padre en el trayecto me comenzó a agarrar las piernas y yo no me sentía bien pero no le dije nada por miedo”.

Esa noche, escribió, Córdova Bautista le dio una bebida de una coloración extraña, que supuestamente le ayudaría a mitigar el cansancio del día. “Después que me tomé la bebida yo no me di cuenta de nada”, dijo.

“Yo en la noche sentía que me movían pero no pude despertar, sino que hasta el siguiente día desperté y el Padre Eduardo estaba en calzones y yo estaba desnudo en la misma cama. Él me dijo que me levantara y me pusiera los calzones y que me metiera a bañar. Cuando me estaba bañando me di cuenta que me dolía el pene y todavía estaba un poco mareado”.

Una tercera carta dirigida a Mons. Szymanski Ramírez figura en el archivo arquidiocesano, fechada el 15 de enero de 1999. En ella, el seminarista Alfredo C. narra los abusos que sufrió de parte del desaparecido sacerdote durante un viaje a Ciudad de México.

La noche del viaje, escribió, tomó algunas bebidas, incluida una cerveza junto a Córdova Bautista. “Luego de un rato, pasamos a la habitación para descansar, me pidió que me desvistiera, incluso que me quitara la trusa. Estando acostados, ah, porque él también se desvistió, empieza a acariciarme en mi cuerpo y a la vez platicábamos”.

“Después de un rato así me pedía que lo montara y con la mano se ponía mi pene en su ano y se movía, pero yo nunca intenté introducirlo, luego él también me subía, pero tampoco pasó nada. Luego aparentemente yo me quedé dormido y fue cuando él, tomando mi pene, empezó a masturbarme, luego sentí que se durmió y fue cuando me fui al baño a limpiarme y lavarme, posteriormente me acomodé en mi cama y me dormí”.

Estos testimonios y el del seminarista Asunción Ch. fueron remitidos en grado de confidencialidad por el P. Amaya Martínez a Mons. Szymanski Ramírez, “declarando que son fieles ya que fueron emitidos bajo promesa y juramento de decir verdad, ante un servidor”.

En los documentos del archivo de la Arquidiócesis de San Luis Potosí a los que tuvo acceso ACI Prensa, no se encontró documento alguno sobre investigación o sanción impuesta contra Córdova Bautista tras estas acusaciones.

El 27 de enero de 2000, a un año de asumir el gobierno pastoral de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, Mons. Luis Morales Reyes nombró a Córdova Bautista como Vicario Judicial Adjunto. En los años siguientes, el Prelado confiaría al sacerdote abusador diversas responsabilidades eclesiales de cara a las autoridades civiles, como Vocal del Consejo Consultivo del Centro Histórico de San Luis Potosí.

En abril de 2004 aparecería una nueva acusación contra Eduardo Córdova Bautista. A través de una carta remitida a Mons. Morales Reyes, Claudia R., que trabajó un tiempo en una parroquia atendida por el sacerdote prófugo, aseguró que “al padre Eduardo Córdova le gusta tocar a los niños” y que este “había lastimado a mi hermano”.

“En ese tiempo fui a hablar con una religiosa para que me diera algún consejo. Pensé que no me creería pero apenas le comencé a contar lo sucedido ella me dijo que eso ya lo sabía por los problemas que el padre había tenido anteriormente por causas similares. Eso me desanimó aún más. ¿Cómo es posible que si esto ya había ocurrido no se hizo nada?”, escribió Claudia R.

"Poco a poco me fui enterando de más cosas, la forma en como el padre envolvía a los niños para lograr su fin, los encerraba en su oficina con el pretexto de confesarlos, les empezaba a hablar de la masturbación y les decía que los tenía que tocar para ver si no se masturbaban. Por eso era común que los niños huyeran cuando el padre comenzaba a confesar, pero aun así los mandaba llamar”.

“Esto ocurría, según sé, los días que les pagaba, porque la mayoría de ellos trabajaban ahí por lo general barriendo o haciendo el aseo. Hubo un tiempo en que los muchachos y los niños se quedaban a dormir y llegué a oír comentarios de que el padre en la noche los molestaba, pero nunca me imaginé de qué forma”, escribió Claudia R. en su carta para el hoy Arzobispo Emérito de San Luis Potosí.

“La situación actual de las personas en general es un estado de enojo”, añadió. “Sé que no es la primera vez que tiene problemas por estas causas y me da mucho dolor que no se le haya puesto la atención debida”.

Claudia R. adjuntó a su carta una lista de 15 varones, de entre 12 y 20 años, que habrían sido víctimas de Córdova Bautista.

La madre de Claudia y Darío, Victoria, también escribió en abril de 2004 a Mons. Morales Reyes, “de la manera más dolorosa que una madre puede sentir” por “todas las vejaciones” que sufrió su hijo a manos del sacerdote.

“Mi hijo fue violado en su persona, violado en su vida, violado en su respeto, violado en su integridad, su libertad y sobre todo en su fe”, escribió.

Victoria expresó al Arzobispo su pedido de que “sea ayudado y atendido el padre Córdova en su situación mental”, pues “no nos podemos permitir que siga dañando a seres inocentes y pedimos ayuda psicológica para nuestros hijos y todos aquellos niños y jóvenes afectados”.

También le escribieron a Mons. Morales Reyes, Armando M. y María M., padres de Arturo, víctima de tocamientos de Córdova Bautista.

“Nos sentimos burlados y humillados, decepcionados de la persona pero no de la Iglesia, deseamos que esto no prosiga, que no se lastime a más jóvenes y niños y creemos que usted, que es el pastor de la diócesis, encontrará la mejor solución”, expresaron.

Flor T., madre de Isaac, aseguró en una carta también de abril de 2004 que Córdova Bautista “abusó de mi hijo físicamente, moralmente y espiritualmente”, y solicitó al Arzobispo “apoyo psicológico y le ruego (de) la manera más humilde que el padre Córdova no tenga otra parroquia para que no se repita este penoso asunto”.

Tras recibir las denuncias, entre mayo y junio de 2004 la Arquidiócesis de San Luis Potosí remitió consultas al Vaticano sobre cómo proceder en el caso de Córdova Bautista. La respuesta no llegaría hasta noviembre del año siguiente, pidiendo al Arzobispo de San Luis Potosí que “dé inicio al proceso penal correspondiente” e imponga al sacerdote “las medidas cautelares apropiadas”.

En el periodo intermedio, Victoria C. escribió a Mons. Morales Reyes para hacerlo responsable “de cualquier cosa que suceda a mi familia”, debido al “temperamento, la manera de proceder e influencias del Pbro. Eduardo Córdova”.

En febrero de 2006, la Arquidiócesis de San Luis Potosí finalmente instituyó el tribunal que habría de juzgar a Córdova Bautista.

Un informe psicológico de marzo de 2006, realizado a Darío, Isaac y otro joven más, concluyó que “fueron víctimas de abuso sexual por parte del presbítero Eduardo Córdova Bautista”.

Durante el proceso, Córdova Bautista admitió que “con Darío y con Isaac sí hubo tocamientos”.  Estos dos jóvenes serían los que finalmente formalizarían su testimonio durante el proceso contra el sacerdote.

Sin embargo, en octubre de 2008 el tribunal encontraría que si bien “se dio intimidad entre las personas citadas”, el sacerdote era inocente pues los jóvenes “tenían ya los dieciocho años cumplidos” cuando se produjeron los abusos.

El 18 de julio de 2011, Mons. Morales Reyes reiteró el nombramiento de Córdova Bautista como Representante Legal de la Arquidiócesis. El 11 de marzo de ese año ya lo había designado como Responsable de la dimensión de bienes culturales de la Iglesia.

Al año siguiente, en junio de 2012, aparecerían nuevas denuncias de abuso sexual contra el sacerdote, que llevarían al P. Gilberto Amaya Martínez, para entonces Promotor de Justicia de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, a solicitar al nuevo Arzobispo, Mons. Jesús Carlos Cabrero Romero, que “se abra proceso ante la Santa Sede”.

En el nuevo proceso, Marisol L. y su esposo, Antonio F. denunciaron que Córdova Bautista abusó de su sobrino, Juan, durante un viaje a Ciudad de México, tras beber cerveza.

El joven, que tenía 15 años cuando se produjo el abuso, le aseguró a sus familiares que en una noche Córdova Bautista “no me dejó dormir, se metió (en) mi cama. Anoche me violaron, y al final te juro que no soy gay”.

Esa misma noche estaba con ellos Luis C., menor de 16 años. En su testimonio para el tribunal, este menor aseguró que Córdova Bautista lo obligó a él y a Juan a acompañarlo desnudos en un sauna.


Testimonio de Luis C. contra Eduardo Córdova Bautista.

Ahí dentro, aseguró, el sacerdote “me acariciaba el pecho, me hablaba sobre que Jesús permitía ese tipo de caricias que no estaba mal”, para luego empezar “a tocar mis genitales”.

Al momento de acostarse, el joven sintió que “no podía mover mis brazos, solo abrir los ojos. Sentí cómo estaba sobre mí manoséandome y no podía retirarlo de mí, muy cerca de mi cara me daba besos”.

Al día siguiente, y tras llevarlos a una Misa que celebró en una de las capillas de la Basílica de Guadalupe, Córdova Bautista, con mirada amenazante, le dijo a Luis que “era tan fuerte y conocía artes marciales que con un golpe podía dañarme”.

Con las denuncias ya recibidas, el 12 de julio de 2013 Mons. Cabrero Romero nombró a Eduardo Córdova Bautista “Representante Legal de la Arquidiócesis y de todas sus divisiones y entidades internas”.


Nombramiento de Eduardo Córdova Bautista como Representante Legal de la Arquidiócesis de San Luis Potosí en 2013.

En un correo electrónico dirigido a la madre de Juan, Marisol, en agosto de 2013, el P. Gilberto Amaya Martínez le advierte que para Córdova Bautista “sería muy sencillo el intimidar, coaccionar y presionar a las personas a su favor”, pues “él es muy intuitivo y controla todos los medios de comunicación del Arzobispado”.

En octubre de ese año, Marisol escribió al P. Amaya Martínez, manifestando su “impotencia y temor de que esto no avance”, pues vieron a Córdova Bautista en un evento organizado por el Gobernador de San Luis Potosí “como representante de la Iglesia”.

Esto, dijo la mujer, “hace dudar que en verdad algo suceda, ya es fin de octubre y las cosas siguen igual”.

Finalmente, en enero de 2014, el P. Amaya Martínez concluyó que en el caso de Luis C. “sí consta el delito de abuso sexual” y solicitó al Vaticano que se reabra el caso contra Córdova Bautista. Además, señaló que en el juicio en el que se absolvió al sacerdote en 2008 “no fueron tomados en cuenta” los estudios psicológicos realizados a las víctimas.

“El Padre Córdova tiene muchos años en las relaciones Iglesia-Estado y tiene mucho poder con las instituciones, esto lo hace ser intocable, tener seguridad, confianza y fuero”, señaló el P. Amaya Martínez en su misiva.

En una carta remitida también a fines de enero a Mons. Luis Ladaria, entonces Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, Mons. Cabrero Romero señaló que “el Padre Córdova se desenvuelve como Representante Legal de la Arquidiócesis desde hace más de 20 años”, por lo que “tiene mucha relación con los medios impresos y con las instituciones y de manera particular las de justicia”.

Para fines de febrero de 2014, la Congregación para la Doctrina de la Fe contestó al Arzobispo de San Luis Potosí ordenando que, como medidas cautelares, de forma inmediata Córdova Bautista sea “removido de la parroquia en la que actualmente desarrolla su ministerio y de cualquier otro oficio eclesiástico, además de retirarle las facultades de confesar, de predicar y de administrar sacramentos y sacramentales”.

Recién en mayo de 2014, entre cartas de presión de los familiares de las víctimas y el escándalo mediático, el caso fue presentado ante las autoridades civiles mexicanas.

El paradero de Eduardo Córdova Bautista permanece desconocido.

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