9 de septiembre de 2010 - 12:56 PM

Iglesia defiende al hombre porque valora su dignidad de hijo de Dios, explica Arzobispo

Redacción ACI Prensa

Beato Salvador Huerta / Mons. José Gómez
Beato Salvador Huerta / Mons. José Gómez

Al presidir una Misa por el Día del Trabajo, el Arzobispo Coadjutor de Los Ángeles, Mons. José Gómez, recordó que la Iglesia defiende a los más indefensos porque reconoce la gran dignidad de todas las personas como hijos de Dios.

El Prelado de origen mexicano elevó especiales oraciones por los desempleados, por quienes padecen problemas laborales y por quienes viven en condiciones que no respetan su dignidad.

 “Nuestras vidas están abiertas al cielo. A pesar de ser humanos, estamos llamados a compartir la naturaleza divina, a ser trabajadores en el plan de salvación de Dios. Somos hijos queridisimos de Dios”, explicó en su homilía.

Mons. Gomez señaló que “esta es la gran dignidad y destino de la persona humana revelada por la Palabra de Dios. Ésta es la buena noticia que Cristo confía a su Iglesia para proclamarla a todas las naciones. Somos los hijos de Dios”.

Agregó que por esta “gran dignidad” es que los católicos “luchamos por el derecho de cada niño a nacer: Es el fundamento de cualquier otro derecho y libertad”.

“Por eso pedimos justicia para el trabajador y el inmigrante, para el preso, el hambriento y el indigente”, explicó.

El Arzobispo señaló que por eso “trabajamos para preservar el misterio de la institución del matrimonio y por eso luchamos por los derechos de los ancianos y enfermos de ser cuidados con amor y compasión hasta su muerte natural”.

“Hermanos y hermanas, estamos llamados a vivir nuestra fe y compartirla en nuestra vida diaria, en nuestros hogares, en los lugares de trabajo, en nuestra relación con las personas que nos rodean y en la vida pública”, afirmó y pidió servir a Cristo no solo “cuando venimos a la Iglesia o trabajando para la Iglesia. Estamos llamados a servirlo en nuestra vida diaria”.

Mecánico mártir

El Arzobispo reflexionó sobre uno de sus santos favoritos: el mártir Salvador Huerta Gutiérrez. “Debe ser el único mecánico de automóviles que la Iglesia ha reconocido en la comunión de los santos”, sostuvo.

El beato Salvador nació en Magdalena, Jalisco, y luego tuvo en taller de reparación de vehículos en Guadalajara. “Nunca tuvo que hacer publicidad. Tenía el mejor taller de la ciudad. Todos lo llamaban ‘el Mago de los Coches’”.

“Sus clientes y empleados también lo conocían como un devoto católico, un buen esposo y padre de doce hijos. Vivió su fe con el poder del ejemplo”, señaló.

Salvador fue apresado en 1927 durante la persecución religiosa en México y “fue llamado a morir por la fe por la que vivió”.

El mecánico fue torturado por horas, antes antes de ser ejecutado durante la noche por un pelotón de fusilamiento. “Antes de morir, Salvador pidió a Dios que perdonara a sus asesinos. Luego tomó una vela y la acercó a su pecho diciendo: ‘Pongo esta luz en mi pecho para que no fallen el tiro a mi corazón. Estoy listo para morir por Cristo’”.

“No todos estamos llamados al martirio, pero estamos llamados a dar nuestras vidas a Cristo. (…) Cada uno ha nacido por una razón. Cada uno es fruto del amor de Dios y hemos nacido porque Él quiere que hagamos algo por su Reino”, concluyó.

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